Ir a contenido

La clave

Puigdemont, en un coloquio de la Universidad de Groninga, el pasado febrero.

NJO DE HAAN (AFP)

Puigdemont y su circunstancia

Luis Mauri

Huido de la justicia, sus conmilitones serán absueltos o condenados y en este último caso podrán ser indultados, pero nada de eso servirá para él

La circunstancia es ese fardo ineludible que Ortega y Gasset le endosó al yo. “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. La máxima brota en ‘Meditaciones del Quijote’ (1914), el ensayo iniciático del pensador. Hijo de la alta burguesía madrileña aunque poseído por un indesmayable afán aristocrático, Ortega fue uno de los filósofos españoles más influyentes del siglo XX.

Cien años después, Puigdemont, hijo de la menestralía local gerundense aunque imbuido de una remarcable ansia legendaria, es un hombre profundamente orteguiano. Puigdemont y su circunstancia. Puigdemont atrapado por su funesta circunstancia.

Tan rompedor él, tan iconoclasta, tan osado, tan pretendidamente astuto o torpe como para poner en circulación noticias falsas del calibre de que las elecciones europeas lo inmunizarán frente a las cuentas pendientes que tiene con la justicia. (Noticias falsas, bulos: ‘fake news’ nos ha dado provincianamente a todos por decir ahora). La osadía de Puigdemont puede parecer desproporcional a todo, ajena a la realidad, pero probablemente no sea más que el fruto de su circunstancia. 

Aupado a dedo a la presidencia de la Generalitat sin haber sido candidato electoral al cargo. Heredero fortuito del cetro de la derecha nacionalista catalana. Capitán inopinado de un proceso independentista unilateral construido sobre falacias. Responsable último de la quiebra del marco legal y de la intervención del autogobierno catalán. Huido de la justicia, sus conmilitones serán absueltos o condenados y en este último caso podrán ser indultados, pero nada de eso servirá para él, preso en una cárcel de cristal. Enredado en un pulso viejo pero interminable con Junqueras por la hegemonía nacionalista. Impotente en el empeño de atraer a ERC y a la CUP bajo el manto de su liderazgo. Incapaz de dirigir a su propio partido sin purgar a los suyos. Obligado a gesticular sin desmayo para evitar que la distancia sea el olvido...

¿Y aún se pregunta alguien por qué Puigdemont enarbola la bandera del cuanto-peor-mejor? Ortega: “Si no salvo a mi circunstancia no me salvo yo”.