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EN CLAVE EUROPEA

Vista del hemiciclo del Parlamento Europeo.

EMMANUEL DUNAND (AFP)

Nuevo panorama político en la UE

Eliseo Oliveras

Las elecciones al Parlamento Europeo han evidenciado la debilidad de muchos gobiernos nacionales

Los Verdes y la ultraderecha capitalizan el descontento social, mientras la izquierda alternativa retrocede

Las elecciones al Parlamento Europeo han evidenciado la debilidad de muchos gobiernos y han generado un nuevo panorama político en la Unión Europea (UE), más plural y más vivo, con mayor participación ciudadana (la más elevada desde 1995). La desastrosa gestión británica de un 'brexit' promovido con mentiras, la búsqueda de protección frente a los excesos gubernamentales y la percepción de que la unidad europea es indispensable frente al mundo globalizado han revalorizado la UE a los ojos de la población.

Los ciudadanos han aprovechado los comicios para expresar su descontento con sus gobiernos, como muestra el mal resultado de los partidos de los primeros ministros del Reino Unido (conservadores), Francia (liberales), Holanda (liberales), Eslovaquia (socialdemócratas), Grecia (izquierda), Rumania (socialdemócratas) y Bélgica (liberales).

La gran coalición alemana ha quedado debilitada por la caída democristiana y socialdemócrata (4 y 4,7 puntos menos que en las legislativas del 2017). El Gobierno italiano está escorado por el hundimiento del alternativo Movimiento 5 Estrellas (17,1%, la mitad que en las legislativas del 2018), fagocitado por su socio ultraderechista, La Liga, que ha duplicado su voto (34,3%). El canciller austriaco, el democristiano Sebastian Kurz, ganó las elecciones (34,6%), pero al día siguiente perdió el Gobierno en un voto de censura, enfrentado a los socialdemócratas y al hasta entonces su socio gubernamental, el ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ). La presidenta del Tribunal Constitucional, Brigitte Bierlein, ha sido nombrada cancillera interina hasta las elecciones anticipadas en septiembre.

Fin a la hegemonía de populares y socialistas

La caída del 17% de populares y socialistas (28,3% y 20,4% de los escaños) marca el fin de su control hegemónico del Parlamento Europeo, ya que dejan de sumar la mayoría absoluta. La mayor fragmentación obligará a ambos a un mayor diálogo con las otras fuerzas, en especial con liberales (14% de los escaños), Verdes (9,2%) e Izquierda Unitaria (5,1%), y a tener en cuenta los diferentes planteamientos y preocupaciones de esta Europa diversa que refleja el voto ciudadano. Pero cualquier mayoría viable requerirá el respaldo conjunto de populares y socialistas.

El profundo descontento ciudadano por el aumento de la desigualdad y el empeoramiento de las condiciones y expectativas socioeconómicas ha marcado las elecciones. Los partidos más castigados por este malestar desatendido son los socialdemócratas, excepto en España, Portugal, Suecia y, en menor media, Holanda. Desde que abrazaron el credo neoliberal, los socialdemócratas no logran ofrecer una respuesta creíble a las preocupaciones de sus antiguos votantes y de gran parte de la población: desigualad, precariedad, sueldos bajos, vivienda inasequible, recortes en educación y sanidad y deterioro de la seguridad. Los socialistas solo obtuvieron el 6,2% del voto en Francia, el 13,7% en el Reino Unido y el 15,8% en Alemania. Aunque llegaron al 22,7% en Italia, es casi la mitad que hace cinco años.

Los Verdes han capitalizado en la izquierda buena parte del descontento, convirtiéndose en la segunda fuerza más votada en Alemania, la tercera en Francia y Bélgica, y la cuarta en el Reino Unido, Holanda, Austria y Suecia. Por el contrario, la izquierda alternativa ha retrocedido en Grecia (Syriza), España (Podemos), Italia (Movimiento 5 Estrellas), Alemania (Die Linke) y Francia (La France Insoumise). Su dependencia de la popularidad del líder y de un electorado urbano volátil y propenso a la abstención les debilita, señala el sociólogo Manuel Cervera-Marzal. Pese al aumento del malestar social, Izquierda Unitaria ha perdido el 27% de sus diputados respecto al hemiciclo saliente.

La extrema derecha

La extrema derecha ha sido la otra gran capitalizadora del malestar, pero menos de lo que esperaban. La Agrupación Nacional de Marine Le Pen (23,3%) batió al partido del presidente francés, Emmanuel Macron (22,4%), y La Liga del viceprimer ministro italiano, Matteo Salvini, se impuso como primera fuerza nacional (33,4%). El partido de Le Pen se han convertido en "el representante de las capas populares" y "capta el 40% del voto obrero", advierte el sociólogo Sylvain Crépon. En Austria, pese al escándalo de corrupción, el Partido de la Libertad (FPÖ) logró el 17,2%. Y en Holanda, las dos formaciones ultras (Fórum por la Democracia y Partido por la Libertad) sumaron el 14,4% de los votos, casi lo mismo que los liberales del primer ministro, Mark Rutte (14,6%). Las divergencias entre los líderes ultraderechistas han debilitado hasta ahora su cohesión y efectividad política en la UE, pero si Salvini consolida su frente común podrían ser el cuarto grupo de la Eurocámara (9,7% de los escaños).