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El futuro de la UE

Sesión en el Parlamento Europeo.

PATRICK SEEGER (EFE)

Eurófobos, euroescépticos y eurocríticos

María Eugenia Rodríguez Palop

Hay otra Europa cuyo futuro ya existe. La de los grandes movimientos sociales, la de las mujeres, los jóvenes, los pensionistas¿

Aviso a navegantes. Hace unos días, la Comisión Europea le dijo a Pedro Sánchez que con sus políticas fiscales no podría articular políticas sociales sin incurrir en un incremento del déficit. Pocos después, nos contaban que la 'República en Marcha' de Macron podría liderar una gran coalición futurista de extremo centro de la que formarían parte los socialdemócratas (complacientes con el TTIP y el CETA, entiendo) y los verdes (capitalistas verdes favorables, supongo, a la privatización de los recursos y a la regulación de su consumo vía mercado). A tal coalición, por la que ya postulan Renzi y Costa, se unirían también Unidas Podemos y Syriza, si bien las diferencias entre una y otra formación son abismales en este momento. Está claro que las élites económicas y mediáticas son perseverantes en su empeño por montar alianzas políticas híbridas siempre que sean favorables a sus intereses.

Tres posibles proyectos para Europa

Nosotras, sin embargo, vemos las cosas de otra manera. Más allá de los posibles pactos poselectorales, pensamos que hay tres posibles proyectos para Europa.

La Europa de la eurofobia, que lidera Salvini, y en la que podría encuadrarse Le Pen, Vox y el mismísimo Orbán (suspendido hoy en el Partido Popular Europeo), cuya pretensión es la de boicotear a la Unión Europea. Esto es, dominar un tercio del Parlamento Europeo con el único fin de retornar a las naciones soberanas. Una Europa xenófoba, aporófoba, machista y homófoba que persigue cualquier diferencia y a la que no le interesa ni la pluralidad ideológica, ni la política, ni la cultural.

Por otro lado, la Europa de los euroescépticos, instalados en el pragmatismo, en el tacticismo y en el “no hay alternativa” a la austeridad y los recortes. La Europa de los mercaderes que quieren poner un precio a la vida y a la salud de las personas, un precio a los recursos naturales de los que dependemos (el agua y la energía), y a la que importa más el origen de las personas que el origen del dinero. Para ellos, la democracia en la UE existe hoy solo como una promesa o como un efecto colateral de la unión fiscal (ya dijo Romano Prodi que si hubiéramos esperado a una unión política, nunca hubiéramos tenido una unión monetaria). Sin embargo, ya sabemos que la vinculación unión fiscal-democracia es totalmente contingente.

Desafección hacia la UE

Los euroescépticos están convencidos de que son los eurócratas, los burócratas y los tecnócratas de Bruselas quienes han de dictar nuestras condiciones de vida, y no parece importarles que el proyecto de integración vaya perdiendo poco a poco la legitimidad y la legitimación que tenía. El 'brexit' y los partidos de extrema derecha son los primeros síntomas de la desafección que genera la Unión Europea, y llegará un momento en que su falta de credibilidad no se podrá compensar con políticas de crecimiento. Los euroescépticos no son una alternativa a la extrema derecha, sino que han sido y son su mejor pista de aterrizaje. Sus políticas neoliberales han fracturado a la población, la han precarizado y empobrecido, y nos han dejado una Europa con un 24% de personas en riesgo de exclusión.

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Ante la crisis que padecemos, esta Europa propone la moderación de la democracia y su subordinación a las posibilidades del sistema. O sea, su impermeabilización frente a las reivindicaciones sociales y su reducción a una mera elección entre las propuestas técnicas elaboradas por las élites políticas y su círculo de lobistas. En fin, parece que 'La República en Marcha' de Macron es la enésima reencarnación de la fracasada tercera vía de Tony Blair, pero me temo que agua pasada no mueve molino.

Una Europa feminista y feminizada

Hay un tercer proyecto para Europa que es el que representamos los eurocríticos: quienes proponemos una Europa más democrática, con un robusto pilar social, en la que los derechos sociales estén blindados. Quienes pensamos que la unión monetaria y la unión bancaria, siendo necesarias, no son suficientes. Que una Europa sostenible es una Europa ecologista y que solo puede combatirse el cambio climático si se renuncia a un sistema productivista que quiere sacar el máximo beneficio en el menor tiempo posible y con el menor coste posible. Esto es: externalizando los costes sociales y ambientales para que sean otros quienes paguen por nuestra manera de vivir. La transición socioecológica pasa por un modelo energético que dependa de las renovables y en el que los estándares de protección ambiental sean siempre respetados. Los eurocríticos estamos construyendo, además, una Europa feminista y feminizada, en la que primen las políticas feministas (educación pública infantil de 0 a 3 años, jornada laboral de 34 horas, permisos de maternidad y paternidad obligatorios, intransferibles y pagados al 100%), pero en la que también se reflejen los aprendizajes de las mujeres y se logre cuidar el espacio de cuidados. Por eso estamos a favor de ratificar el convenio 189 de la OIT y de darle a quienes trabajan en el ámbito doméstico los mismos derechos que al resto de mujeres trabajadoras. Estamos convencidas de que los cuidados son un deber público de civilidad por cuyo cumplimiento ha de velar el Estado.

Para terminar, nuestra Europa eurocrítica quiere derribar muros aplicando la legalidad internacional, respetando la Convención de Ginebra, el Convenio Europeo de Derechos Humanos y su Protocolo 4, así como las directivas que se ha dado a sí misma la Unión Europea. Y eso que la distinción jurídica entre migrantes económicos y refugiados ya nos genera dudas, como también nos genera dudas la exclusión de los migrantes climáticos del Estatuto de los Refugiados o la falta de aplicación integral del Convenio de Estambul. Las devoluciones en caliente, las concertinas, nuestras carísimas deportaciones masivas y la externalización de nuestras fronteras mediante “acuerdos de la vergüenza” con países gendarmes (Turquía, Libia o Marruecos) constituyen una violación manifiesta de nuestro Derecho Internacional.

Las cifras macroeconómicas no pueden esconder salarios indignos, las víctimas de las guerras no pueden ser tratadas como criminales, el crecimiento industrial no puede seguir aniquilando al planeta y las empresas no pueden enriquecerse a costa de la desigualdad. Hay otra Europa cuyo futuro ya existe. La de los grandes movimientos sociales, la del 8-M, el 15-M y el 15 de marzo; la de las mujeres, los jóvenes, los pensionistas, los estudiantes que nos dicen que no tenemos dos planetas… y la de quienes vienen luchando hace décadas para que vivamos mejor de lo que hemos vivido. Esas voces y esas luchas han de llegar a Europa y abrirse un lugar, con paso firme, en todas sus instituciones.

Candidata de Unidas Podemos Cambiar Europa al Parlamento Europeo