Política emergente

Annalena Baerbock: Una joven verde al frente de la diplomacia alemana

La excandidata ecologista a la cancillería pelea por forjarse un perfil propio desde el ministerio de Asuntos Exteriores

Annalena Baerbock.

Annalena Baerbock. / EUROPA PRESS / DPA / Michael Kappeler

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Andreu Jerez
Andreu Jerez

Periodista

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“Inflexible”, “valiente”, “tenaz”, “ambiciosa” son sólo algunos de los adjetivos que los medios han usado para describir a la nueva ministra de Exteriores alemana. El objetivo que se había marcado Annalena Baerbock era suceder a Merkel al frente de la cancillería federal, pero Los Verdes se quedaron a medio camino. Después de que los ecoliberales anunciaran el pasado abril que su copresidenta sería también su candidata a la cancillería, el partido ecologista se disparó en las encuestas de intención de voto. Por aquellos días se daba por hecho que Baerbock pelearía con el candidato democristiano, Armin Laschet, por la jefatura de Gobierno alemán.

Para sorpresa de la mayoría, fue finalmente el socialdemócrata Olaf Scholz quien se acabó imponiendo en la carrera por gobernar Alemania en la era post-Merkel. Baerbock se hizo al menos con el control de la diplomacia alemana. Por primera vez en la historia de la República Federal, una mujer dirige la cartera de Asuntos Exteriores. Y encima se trata de alguien que acaba de cumplir los 41 años, una auténtica anomalía en la política alemana, acostumbrada a hombres maduros con largas trayectorias políticas a sus espaldas en los puestos de mayor responsabilidad.

 

Trayectoria meteórica

Pero ¿quién es Annalena Baerbock? Presentada en alguna ocasión como una “Merkel verde", es probablemente la política alemana con mayor proyección en la actualidad tanto por su juventud como por ambición política. Crecida en una granja de un pueblo cercano a Hannover, esta licenciada en Ciencias Políticas, Derecho Público e Internacional por la Universidad de Hamburgo y con un máster en la London School of Economics es la protagonista de una trayectoria meteórica.

Jefa de Los Verdes en el estado de Brandeburgo con 28 años, diputada federal con 32, copresidenta de su partido con 37, candidata a cancillera con 40 y ministra federal de Exteriores con 41, Baerbock asume que su carrera política es actualmente incompatible con la crianza de sus dos hijas como principal actividad vital. Por eso, su marido, Daniel Holefleisch, ha decidido abandonar su carrera en Deutsche Post DHL y dejarle la vía libre a su esposa, como confirmó recientemente en el consorcio logístico a varios medios alemanes.

 Ya antes de las elecciones del pasado septiembre, Baerbock había dicho que “estaba claro” que su marido no podría mantener su carrera profesional. Ambos viven con sus dos hijas en Potsdam, la capital de estado federado de Brandeburgo vecina a Berlín.

 

Agenda propia

La llegada de Baerbock al frente de la diplomacia alemana no está siendo precisamente fácil. Poco después de que la coalición semáforo -tripartido de socialdemócratas, verdes y liberales del FDP- echase a andar, el jefe de la fracción parlamentaria del SPD, Rolf Müttenich, advirtió de que la política exterior del país sería controlada “especialmente en la cancillería”. Las palabras no gustaron entre los ecologistas, el segundo partido más grande dentro de la coalición, que las consideraron un ataque al acuerdo de Gobierno.

Las diferencias entre Baerbock y el canciller Scholz en, por ejemplo, la puesta marcha del gasoducto Nord Stream II – para llevar gas ruso a la UE – son evidentes. Mientras el líder socialdemócrata considera que la infraestructura es una iniciativa privada que no debería abordarse desde un ángulo político, la ministra de Exteriores verdes – con el apoyo de su partido – apuesta por frenarla. Baerbock cree que supondrá aumentar aún más la dependencia de la Rusia de Putin y retardará aún más el cambio de la matriz energética desde un modelo basado en combustibles fósiles a uno únicamente apoyado en fuentes de energías renovables.

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Los intentos del SPD de restar importancia a la diplomacia verde de Baerbock están provocando que ésta lance una agenda propia muy crítica con Rusia y China, que pone en entredicho las exportaciones armamentísticas alemanas a regímenes dictatoriales como Arabia Saudí o Egipto, o que abre la puerta a acoger a más refugiados afganos que huyen de los talibanes.

Una excesiva intransigencia en las posiciones de Baerbock en un terreno tan movedizo como la política internacional podría, sin embargo, situar pronto a la política verde en una situación incómoda. El caso Assange es un ejemplo: recientemente, la ministra verde fue preguntada sobre la luz verde de la justicia británica a extraditar al activista y periodista australiano a EEUU. Baerbock se limitó a responder que todavía no conocía la decisión judicial y prefirió no opinar al respecto. Las voces críticas de la izquierda alemana no se hicieron esperar al considerar que esa indefinición es incompatible con la presunta defensa innegociable de Los Verdes de los Derechos Humanos en la arena internacional.

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