Secretaria del Tesoro de EEUU

Janet Yellen, la 'jefa del Tesoro' estadounidense

  • La secretaria del Tesoro tratará de paliar el golpe brutal y desigual de la pandemia

  • Elude hablar de género en abstracto pero es ya icono y sigue marcando hitos

Janet Yellen durante una reunión.

Janet Yellen durante una reunión. / BRENDAN SMIALOWSKI

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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De las carteras del gobierno de Estados Unidos pocas serán más relevantes para la presidencia de Joe Biden, y para el país, que la del Tesoro. Desde el 1500 de la Avenida Pensilvania habrá que hacer frente a los devastadores efectos económicos de la pandemia del coronavirus, un golpe brutal que amenaza con doble recesión y profundiza las ya lacerantes heridas de la desigualdad en EEUU. Esa Secretaría deberá navegar también la diplomacia financiera en el mundo económico en el que Donald Trump ha dejado la herida abierta de guerras comerciales y la tensión disparada con China; tendrá que equilibrar impuestos y gastos en la política fiscal y manejarse con el Congreso, cuyo control no se decide hasta el 5 de enero. Incluso jugará un papel decisivo en la lucha contra el cambio climático, a cuyos programas el presidente electo demócrata quiere destinar dos billones de dólares.

Para cualquiera el reto sería monumental. Quien lo enfrentará será una figura económica pública masivamente respetada, y admirada, en EEUU: Janet Yellen, una pionera que, a los 74 años, sigue abriendo caminos.

Nunca antes nadie había hecho un triplete que junto a Tesoro incluye la presidencia de la Reserva Federal (entre 2014 y 2018) y el principal asiento en el Consejo de Asesores Económicos de un presidente (con Bill Clinton entre 1997 y 1999). Nunca antes en 231 años de historia del Tesoro una mujer había estado al frente. Y se asienta como icono feminista esta brooklynita educada en Brown y que en 1971 fue la única mujer doctorada en económicas en Yale, por más que ella suela evitar abordar en abstracto la cuestión de género o hablar de sus propios hitos. Una vez Obama le llamó Señor Yellen, y ella ni le corrigió. Y cuando estuvo al frente de la Fed no quería que se le llamara presidenta.

Lidiar con el Congreso

Hay quien ha cuestionado que Yellen tenga la experiencia para navegar por las turbulentas aguas que se anticipan, especialmente intensa si quedan en control del Senado los republicanos que tras cuatro años de mandato de Trump han redescubierto su conservadurismo fiscal. 'The Wall Street Journal' llegó a escribir en un titular que “la política no es su fuerte”. No parece lo más acertado, en cualquier caso, apostar en contra de Yellen.

Aunque se pondrá al frente a una cartera con 87.000 empleados y un presupuesto anual de 20.000 millones de dólares, ante el que palidecen los 2.800 trabajadores de la Fed y sus arcas de 750 millones, allí ya se curtió en política y se ha escrito que fue “persistente y persuasiva” cuando había disenso. Además, los años que pasó como vicepresidenta, entre 2010 y 2014, le hicieron representar al banco central estadounidense en muchos foros internacionales, estableciendo lazos que ha mantenido y que ahora se demostrarán importantes.

Otro de sus fuertes es que  es que es vista como una constructora de consensos. Y posiblemente se ratifique en la confirmación de alguien cuya selección para el cargo ha sido aplaudida desde todo el espectro ideológico: de la progresía de la senadora Elizabeth Warren o el Nobel Joseph Stiglitz a la voz de Gary Cohn, el expresidente de Goldman Sachs que ha hablado al oído a Trump.

Los más afectados

Quienes le deberían esperar con más entusiasmo son los más golpeados por la crisis económica del coronavirus. Porque Yellen, tanto en su vida académica como institucional, nunca ha dejado de tener la desigualdad y el paro en su foco de atención (aunque al final de su etapa en la Fed algunos activistas denunciaran que traicionó a los más pobres permitiendo ligeras subidas de tipos).

Economista laboral formada con devoción a su maestro James Tobin y en la tradición de John Maynard Keynes, su defensa de la necesidad de fuerte intervención del gobierno ante las crisis se ha intensificado en esta pandemia. “La economía de este momento no es complicada”, escribió este verano en un artículo de opinión en 'The New York Times' abogando por más rescate y estímulo. Y cuando también entonces testificó con Ben Bernanke en Capitol Hill, se mostró convencida de que “las preocupaciones sobre el déficit y la deuda no deberían evitar que el Congreso responda robustamente a esta emergencia”. “Las prioridades deben ser proteger a los ciudadanos y buscar una recuperación fuerte y equitativa”, declaró Yellen, una “paloma” más preocupada por mantener crecimiento de empleos y salarios que de la inflación, que suele mostrarse abierta a formas no convencionales para estimular la economía y en esta crisis aboga contundentemente por inyectar ayudas directas a estados y municipios.

“La gente le llama no solo porque es inteligente sino porque siempre piensa en la gente, la gente a la que servimos”, le ha dicho a 'The Washington Post' Mary Daly, que ocupa un puesto por el que pasó Yellen, la presidencia del Banco de la Reserva Federal de San Francisco. “No quería saber solo lo que los datos decían sino lo que la gente decía, y entrelaza lo cuantitativo con lo cualitativo”.

“Pequeña dama con gran cociente intelectual”

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Los focos prometen volverse más aún sobre esta mujer casada con el economista y premio Nobel George Akerlof, madre de un hijo también reputado economista, a la que un colega describió una vez como una “pequeña dama con gran cociente intelectual”, una mujer a la que rompiendo la tradición de cuatro décadas Trump no mantuvo al frente de la Fed cuando podía. Incluso estando atraído por la inclinación de Yellen a mantener los tipos bajos y reconociendo que era “una persona absolutamente espectacular” que había hecho un “trabajo estupendo”, Trump prefirió al republicano Jerome Powell. Sugirió a conocidos que la demócrata Yellen era demasiado baja (mide 1.61) para transmitir estatura.

Nada importa su físico. Como ha escrito el Post, “no solo ha roto techos de cristal sino que ha dado a las mujeres a su alrededor sus propios martillos”. Volverá a las mesas y los despachos de poder una persona a la que, como a Biden, no le gustan las sorpresas; retornarán los cuadernos llenos de notas; la coca-cola light; la voz y la determinación de alguien “firme pero amable, increíblemente inteligente y siempre preparada”. Y conviene prepararse para que los cuellos subidos de americanas que Yellen ha hecho su señal de marca se vuelvan fenómeno popular, como lo fueron los de Ruth Bader Ginsburg.