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LA IZQUIERDA EUROPEA

La socialdemocracia nórdica lucha contra su declive

Aquejados por su giro centrista, los socialdemócratas pierden influencia política en unos países donde la defensa del Estado social ya no es su patrimonio sino un consenso

Carles Planas Bou

El primer ministro sueco y líder del Partido Socialdemócrata, Stefan Löfven, en un mitin, el pasado septiembre. 

El primer ministro sueco y líder del Partido Socialdemócrata, Stefan Löfven, en un mitin, el pasado septiembre.  / CLAUDIO BRESCIANI (REUTERS)

A lo largo del último siglo los países del norte de Europa se han alzado como paradigma del Estado del Bienestar. Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia han sellado un modelo de mercado capitalista combinado con un intervencionismo estatal para garantizar unos servicios sociales de alta calidad. Ese amplio consenso socialdemócrata ha llevado a los partidos de ese color a mantener históricamente una particular hegemonía política que, como en el resto del continente, en las últimas décadas también se ha debilitado.

SUECIA: DEBILITADOS EN EL GOBIERNO

Suecia es el país escandinavo donde los socialdemócratas han conseguido mantenerse más años en la cresta de la ola. Así, han encabezado cuatro de los seis gobiernos de las últimas dos décadas y han sido el partido más votado desde 1914. No obstante, la progresiva pérdida de su fuerza, la fragmentación parlamentaria y la irrupción ultraderechista les ha obligado a tejer ejecutivos poco estables, como el actual. En las últimas elecciones, realizadas en septiembre del año pasado, obtuvieron un 28,3% de los votos, la primera vez que caen del 30% desde 1920.

Los analistas achacan esa pérdida de relevancia a la transformación de la sociedad industrial, una tendencia europea. Con una economía que funciona y un Estado del bienestar cuya defensa ya no es su patrimonio sino un consenso compartido, los socialdemócratas pierden parte de su marco y juegan en terreno ajeno como es la inmigración, una preocupación creciente en Suecia y que capitaliza la extrema derecha. El partido también carece de voto de los más jóvenes, que optan por formaciones como la izquierda socialista.

FINLANDIA: CAPITALIZANDO LA OPOSICIÓN

El Finlandiaconsiderado el país más feliz del mundo, la debacle de los socialdemócratas (SDP) siguió el mismo patrón histórico que en el resto de Europa. Tocado por una crisis de identidad que desde el 2007 desangró al partido, esa hemorragia reciente se entiende por su paso por el Gobierno entre 2011 y 2015, cuando se hizo evidente su sintonía con las políticas derechistas de liberales y conservadores, todo un golpe a su reputación. 

Sin embargo, tras casi cuatro años en la oposición las encuestas vuelven a sonreír al SDP, que se alimenta de los errores de los otros partidos. Así, se ha beneficiado de la ley para agilizar los despidos impulsada por el Gobierno, de la fragmentación de una ultraderecha en guerra interna tras su paso por el Ejecutivo y de los problemas de liderazgo entre los verdes. Los socialdemócratas apuntan a un 20,9% de los votos para las elecciones del próximo 14 de abril que les convertiría de nuevo en primera fuerza del país, algo que no se da desde 1999.

NORUEGA: DESORIENTACIÓN INTERNA

En Noruega, el Partido Laborista ha sido ininterrumpidamente desde el año 1927 el partido más votado. Tras la segunda guerra mundial, el país combinó el modelo económico capitalista con el intervencionismo estatal en el mercado, un modelo amparado en los consensos de una época keynesiana. Sin embargo, la crisis del petróleo y la inflación abrieron las puertas al neoliberalismo como corriente dominante. Los partidos abrazaron una agenda con más privatización y desregulación del mercado.

Como en otros países, la asimilación laborista con los programas del centro-derecha ha diluido el espíritu del partido e indignado a unos votantes que se han pasado a otras formaciones. Así, en 2017 obtuvo un 27,5% de los votos, una victoria que les dejó fuera del Gobierno por segunda legislatura consecutiva y con la que obtuvieron su peor número de escaños desde 2001. En 2009 tenían el 35,4% de los votos. Tras estas, se negaron a negociar con los verdes y la izquierda. Las discrepancias entre la directiva del partido y sus bases y los sindicatos están debilitando aún más a unos laboristas que, según las encuestas, hoy ya no serían, por primera vez en su historia, el partido más votado de Noruega.

DINAMARCA: ABRAZANDO LA ANTI-INMIGRACIÓN

En el único país nórdico que no forma parte de Escandinavia, los socialdemócratas también fueron, durante el siglo pasado, los padres de su profundo Estado del bienestar. No obstante, en Dinamarca también se repite el patrón de que, aunque en el siglo pasado dominaron la escena política, la realidad actual está más fragmentada. En 2001, los conservadores se convirtieron en el partido más votado y gobernaron con el apoyo de los populistas anti-inmigración durante una década.

Aún sacando sus peores resultados desde 1953, en 2011 el Partido Socialdemócrata formó una frágil coalición de Gobierno que a penas duró una legislatura. A pesar de las tensiones internas, en 2015 mejoraron resultados pero la desecha de sus socios del Ejecutivo les privó de seguir en el poder. Ahora, con nuevas elecciones para esta primavera, apuntan a un nuevo impulso hasta el 28% de los votos. Eso podría deberse a su giro hacia el chovinismo del bienestar, eso es, a vincular el mantenimiento de su estado social a un mayor control y restricción migratoria. No sin relación, su nueva líder, Mette Frederiksen, ya ha dejado claro que le gustaría gobernar en solitario y contando con el apoyo parlamentario de la extrema derecha.