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CITA ELECTORAL

La ultraderecha seduce a los suecos

El partido antiinmigración Demócratas Suecos aspira a obtener el 20% de los votos y convertirse en la segunda fuerza política del país en las elecciones de este domingo

La formación de Jimmie Åkesson ha disparado su popularidad tras alejarse de sus raíces neonazis y explotar una imagen catastrofista de la inmigración

Carles Planas Bou

Jimmie Akesson, líder de Demócratas Suecos.

Jimmie Akesson, líder de Demócratas Suecos. / AFP / JOHAN NILSSON

Cuando uno piensa en Suecia lo hace en la imagen de un país próspero, sin problemas, con estabilidad social y política, alejado de radicalismos. Sin embargo la realidad es distinta. De cumplirse los pronósticos de expertos y lo que auguran todos los sondeos demoscópicos este domingo el país escandinavo verá como Demócratas Suecos (SD), un partido ultraderechista de raíces neonazis, da otro paso de gigante en las urnas y captura hasta el 20% de los votos para instalarse como segunda fuerza política del país.

Capitaneados por el carismático Jimmie Åkesson, esta formación populista y antiinmigración ha explotado la creciente llegada de refugiados al país como chivo expiatorio de otros problemas. En los últimos seis años hasta 400.000 personas han solicitado el asilo en Suecia, lo que supone el mayor número per capita de la Unión EuropeaAunque los datos oficiales no muestran una correlación significativa, vincular esa realidad al repunte de la criminalidad entre bandas vivida en los suburbios les ha servido para popularizar la imagen negativa de los refugiados musulmanes. Aunque las muertes violentas han caído desde los 90 sí han aumentado los tiroteos. La mediatización de casos polémicos como el atentado perpetrado en abril del año pasado por un fundamentalista islámico ha sido el motor de sus opciones electorales.

Para los votantes de SD la inmigración es la causa madre de todos los problemas del país. Así, aunque el desempleo se encuentra en su nivel más bajo en la última década y que se espera que la tasa de crecimiento económico para este 2018 sea del 3%, el argumento de que los inmigrantes debilitan el Estado del bienestar sueco ha calado en el electorado nórdico. Así, SD ha pasado del 5,7% obtenido en el 2010 al 12,9% en el 2014 que ahora apunta a casi el 20%.

Influencia nacional

A diferencia de sus vecinos nórdicos, en Suecia la ultraderecha se había encontrado hasta hace poco con una unánime oposición política. Derecha e izquierda, católicos y poscomunistas habían logrado ponerse de acuerdo para crear un cordón sanitario que evitase el pacto con una fuerza islamófoba y ultranacionalista que en países como Dinamarca, Finlandia o Noruega ya se ha aceptado.

Sin embargo, esa estrategia no cuajó, pues los partidos mayoritarios optaron por adoptar sus postulados antiinmigración para evitar la pérdida de votos hacia SD mientras el partido ganaba popularidad mediática. El éxito de ese mensaje, que ha calado fuerte en la clase obrera y en la intelectualidad sueca, ha forzado al 'establishment' político sueco a virar hacia posiciones más restrictivas. Así, Suecia ha pasado en tan solo tres años de tener la política de asilo más generosa de la UE a dar por sentado el cierre de fronteras y la creación de todo tipo de dificultades burocráticas para entorpecer los derechos de los refugiados como reducir sus ayudas o agilizar la repatriación de los denegados. En el 2017 la coalición de gobierno saliente entre socialdemócratas y verdes redujo las llegada de refugiados a tan solo 26.000. “Hemos influido en el debate y en la evolución de la sociedad”, celebraba Åkesson la semana pasada.

Aunque los socialdemócratas volverán a ganar las elecciones, como han hecho ininterrumpidamente desde 1917, y una coalición de centro-izquierda es la que suma a priori más apoyos, el 25% del voto pronosticado supondrá su peor resultado histórico, señal de que el populismo antiinmigración les está comiendo el terreno. A la derecha, el Partido Moderado apunta al 17,5% de los votos.

Ahora el auge de SD y el correlativo deterioro de los dos principales bloques políticos, el centro-izquierda y el centro-derecha, forzará a los principales partidos a negociar con la ultraderecha para poder aprobar ciertas medidas en el Parlamento sueco. Conservadores y democristianos de la Alianza ya han abierto la puerta a poder gobernar gracias a los votos del SD pero los de Åkesson tienen claro que todo apoyo lejos del ejecutivo deberá recompensarse con medidas en materia migratoria de su agrado.

Reconstrucción neonazi

Parte del éxito de SD no puede entenderse sin Jimmie Åkesson, su líder, que ha sabido transformar al estigmatizado partido neonazi en una formación populista de derechas más digerible. “Han pasado de ser cabezas rapadas a jóvenes ejecutivos con gafas de pasta y el pelo engominado”, explica el periodista Roger Suso en ‘El Último Europeo’.

La reconstrucción del SD ha funcionado por su estrategia transversal. Así, Åkesson ha rebajado el tono islamófobo y se ha desmarcado de los escándalos protagonizados por los vínculos violentos de miembros de su partido mientras el partido se proclama heredero del programa socialdemócrata para un Estado del bienestar que solo quieren para los suecos y, siguiendo la estrategia del PVV neerlandés de Geert Wilders, se ha mostrado favorable al Estado de Israel y ha adoptado medidas para acercarse al electorado homosexual en un intento por instrumentalizar esas dos comunidades y enfocarlas contra un enemigo común: el inmigrante musulmán. La propuesta de un referéndum para abandonar la UE sigue entre sus ideas.