Ir a contenido

DISFUNCIONALIDAD EN WASHINGTON

La batalla política por el "muro" en la frontera lleva al cierre parcial del Gobierno de EEUU

Nueve departamentos y docenas de agencias se quedan sin presupuesto operativo

Trump endurece su postura presionado por las bases radicales y trata de culpar a los demócratas

Idoya Noain

Trump pronuncia unas palabras durante la visita a los prototipos diseñados para la construcción del muro de México, en San Diego (California), el 13 de marzo.

Trump pronuncia unas palabras durante la visita a los prototipos diseñados para la construcción del muro de México, en San Diego (California), el 13 de marzo. / REUTERS / KEVIN LAMARQUE

Estados Unidos vive desde esta medianoche otro cierre parcial del gobierno, el tercero en dos años, el cuarto de la década. La razón que ha hecho imposible esta vez que el Congreso aprobara un acuerdo presupuestario para mantener plenamente operativos nueve departamentos federales y docenas de agencias ha sido la intensa batalla política, ideológica y electoral por el "muro" en la frontera con México, para el que Donald Trump exige 5.000 millones de dólares. Aunque la Cámara Baja, controlada por los republicanos, aprobó unas cuentas que incluían una partida de 5.700 millones, la ley murió este viernes en el Senado, donde los conservadores no tienen mayoría suficiente para hacerla avanzar. Y el cierre, que amenaza con ser largo, se ha hecho realidad.

En términos prácticos el cierre afecta a departamentos como Estado, Justicia, Tesoro o Seguridad Nacional y a más de un tercio de los 2,1 millones de funcionarios de EEUU. Unos 380.000 trabajadores federales deberán quedarse en casa sin sueldo y otros 420.000, considerados “esenciales”, seguirán trabajando sin cobrar de momento. Los ciudadanos verán afectados algunos de los servicios públicos y el coste estimado es de 1.200 millones de dólares a la semana.

Trump, rehén de sus promesas

En términos políticos el cierre es la última muestra de la polarización política que vive EEUU, que bajo la presidencia de Barack Obama vivió 16 días de otro cierre por una lucha por la reforma sanitaria y ahora está sumido en la sempiterna batalla por la inmigración, intensificada bajo la presidencia de Trump. El presidente hizo de la construcción del "muroeje central de su campaña y ahora se ha confirmado rehén de sus promesas.

Es imposible disociar lo ocurrido de esa guerra politizada por la inmigración, del estilo de presidencia de Trump y de sus cálculos políticos. El martes se había mostrado dispuesto a aceptar un acuerdo pactado en el Congreso que no incluía los fondos para la construcción del muro, pero dio un giro de 180 grados el jueves, después de las feroces críticas de las voces del espectro ultraconservador, tanto en los medios como en el Congreso, por lo que consideraban una capitulación.

Ann Coulter, una comentarista ultra, publicó una columna titulada “un presidente sin agallas en un país sin muro”, donde hablaba de la traición a las bases y advertía de las consecuencias en 2020. En Fox News, la cadena de cabecera del presidente, las críticas arreciaban. En el Congreso el Freedom Caucus, el grupo más conservador, amenazaba con rebelión.

Trump no solo dejó de seguir en Twitter a Coulter. El jueves invitó a la Casa Blanca a congresistas como Jim Jordan y Mark Meadows, que le habían criticado en Fox, y a Mark Walker, otro representante que al ser preguntado en la cadena conservadora sobre el impacto en la reelección había dicho: “Tenemos lo que merecemos cuando no hacemos lo que decimos que vamos a hacer”.

A partir de ese momento, Trump dejó claro que no aprobaría ningún acuerdo presupuestario sin fondos para el muro (aunque cada vez con más frecuencia ya no usa ese término sino que habla de “planchas de acero” “artísticamente diseñadas” o de “una gran barrera”). Y pese a que este viernes el vicepresidente Mike Pence, su yerno y asesor Jared Kushner y el director de la oficina de presupuesto que será también su tercer jefe de gabinete, Mick Mulvaney, acudieron al Congreso a intentar negociar, no se encontró una vía.

"Asumiré la responsabilidad" 

Trump también ha hecho maniobras de imagen. La semana pasada, en una tensa reunión frente a los periodistas en el Despacho Oval con Nancy Pelosi y Chuck Schumer, los líderes demócratas en el Congreso, donde a partir del 3 enero controlarán la Cámara Baja tras las elecciones de noviembre, el presidente dijo que estaría “orgulloso” de cerrar el gobierno por la seguridad fronteriza. “Asumiré la responsabilidad. Seré quien lo cierre. No os voy a culpar por ello”, dijo.

En las últimas 48 horas, no obstante, Trump parece haber olvidado aquello, aunque está grabado y retuiteado hasta la saciedad.

Ha intentado culpar a los demócratas del cierre. El viernes ha usado Twitter y varias declaraciones para atribuir a la oposición la responsabilidad del cierre. En un vídeo en la red social en el que ha vuelto a usar imágenes de la caravana de migrantes centroamericanos que demonizó antes de las legislativas cuando cruzaban de Guatemala a México ha dicho: “llámenlo un cierre demócrata, llaménlo como quieran”, y ha hecho una llamada vacía a “trabajar juntos”.


Las cámaras reinician sus sesiones este sábado pero cualquier acuerdo parece lejano. La sensación de crisis vuelve a instalarse en EEUU en una semana en que Wall Street ha pasado su peor bache en una década; Trump ha tenido que acordar el cierre de su Fundación, investigada por un "escandaloso patrón de ilegalidad"; el Tribunal Supremo se ha negado a permitir su veto a tramitar las peticiones de asilo de inmigrantes que crucen sin papeles la frontera y el presidente ha perdido a su secretario de Defensa tras decidir retirar a todas las tropas de Siria y a la mitad de las que quedaban en Afganistán.