02 jun 2020

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"Una crisis como la de los refugiados merece la desobediencia"

Albert Roca

Manifestación en Barcelona a favor de los refugiados, el pasado mes de septiembre.

Manifestación en Barcelona a favor de los refugiados, el pasado mes de septiembre. / RICARD CUGAT

En el concierto por los refugiados del sábado en Barcelona, el periodista Jordi Évole dijo que el hecho de que el Estado español haya acogido hasta la fecha solo al 2,5% de las refugiadas que se comprometió con la Unión Europea a traer no era “solo un problema de competencias” -en alusión a la teoría que dice que, dependiendo este asunto del Gobierno de Rajoy, el Govern y los ayuntamientos catalanes nada pueden hacer-, sino también de “incompetencias”. Y ante esta crítica que muchos haríamos nuestra, recibió él a su vez no pocos reproches, llegando alguien a recordar que “cuando él fue allá a hacer el reportaje, no llenó la barca y se trajo a la gente hasta aquí”. Pues bien, yo quiero decir que esto último no pasaría de bobada, de ridiculez, si no fuera por un lado porque frases de este tenor son las que acostumbran a esgrimir en las tertulias de café y en las redes sociales los racistas, los xenófobos, los clasistas, los ignorantes que, a falta de argumentos, salen con despropósitos del mismo estilo, lo que ya de por sí es grave, sino porque además, la persona que soltó semejante patochada es ni más ni menos que una ‘consellera’ de la Generalitat. Y de ahí que, pese a la bajeza de tan lamentable réplica, se me antoje necesario no dejarla pasar como si nada y tomárnosla en serio.

 Y así le diré, ‘consellera’ Bassa, que somos muchas las personas que ante una crisis humanitaria como la de los refugiados sin refugio pedimos algo más que palabras, queremos hechos, o mejor dicho exigimos un solo hecho, por lo menos por ahora: que nuestros gobernantes, que son quienes pueden y deben poner los medios necesarios para por lo menos minimizar dicha crisis paren en la medida de lo posible el golpe cubriendo las necesidades básicas de sus víctimas. Y si fuera cierto que la Administración catalana no puede hacer nada, ¿por qué darse por aludida? Y si fuera cierto que el Govern hace algo al respecto, ¿por qué no explicarlo? ¿Ah, que ya lo hizo? Bueno, sí, dijo que ustedes reclaman que sean los Estados quienes hagan algo, esto son solo palabras.

Pues mire, hablando de palabras, ¿le suena a usted la palabra ‘desobediencia’? ¿Y no están desobedeciendo ustedes y avisando de que será necesario desobedecer muchas veces más y que así lo harán en adelante, en el proceso hacia la independencia de Catalunya, algo que muchos de nosotros les aplaudimos? ¿Y una crisis humanitaria como la de los refugiados no merece su desobediencia? Muchos somos los que creemos que no solo lo merece, sino que es de justicia desobedecer ante una tragedia tan terrible como la que estamos viviendo en estos momentos, ‘consellera’. Y que si no lo hacen nos deberían explicar por qué no desobedecen.

Mejor callar, por lo menos, y no atacar a un periodista que hace algo que forma parte de su trabajo; esto es fiscalizar la labor de nuestros gobernantes en cualquier asunto. Y aunque no fuera periodista, ¿se atrevería usted a decirle a cualquier ciudadano que criticara la gestión que hace su gobierno de las listas de espera de la sanidad catalana que entre ella a quirófano y se ponga a operar a enfermos que requieren una intervención, a decirle a cualquiera que criticara la gestión que hace su Gobierno de la reclamación de verdad, justicia y reparación de las víctimas del genocidio franquista que excave con sus propias uñas en las cunetas para desenterrar a sus muertos? ¿Verdad que no?  Pues eso es lo que ha hecho usted con Évole, y de rebote con todos las que pensamos como él en este asunto, y la verdad, alguien que responde así a una crítica, en vez de explicar qué hace para solucionar el problema o limitarse a decir que no puede hacer nada más al respecto. Y aun así, insistiremos: ‘consellera’, desobedezcan y tráiganse ustedes a todos los refugiados que puedan a Catalunya, por favor, que ellos están muchísimo peor que nosotros.

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