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"Mil gracias a los que reanimasteis a mi marido, os debe (y os debo) la vida"

"Mil gracias a los que reanimasteis a mi marido, os debe (y os debo) la vida"

El viernes 10 de febrero mi marido y yo estábamos cenando en un restaurante chino de Barcelona con nuestro bebé. Hasta aquí todo normal. De repente mi pareja, Manu, sufre un paro cardiaco fulminante. Grito: "¡Ayuda, ambulancia!" Y ahí estabais vosotros, dos parejas que volasteis a ayudarnos. Una de las chicas, mi ángel rubio, realizó rápidamente las maniobras de reanimación, mientras los demás la ayudaban y me consolaban. Fuisteis mi familia en ese momento, y no sabéis cómo me reconfortasteis. Luego llegó emergencias, con una atención rápida e imprescindible, gracias a ellos también.

Trasladan a mi pareja al Hospital Clínic en estado muy crítico, de hecho esa noche el médico me prepara para el fatal desenlace. Tras 13 días en coma inducido, Manu despierta. Alucinante, está perfecto, sin secuelas neurológicas, en parte gracias a la rápida actuación del restaurante. Decir "gracias" a las dos parejas que estuvieron ahí, cuando todas las mesas se fueron, y a la chica que realizó la RCP, es poco. Querría encontraros para daros un abrazo muy fuerte. Ahora que todo ha pasado volveré al restaurante a dejar esta carta para vosotros. Ójala os llegue el mensaje. 

Dejadme que transmita a los lectores lo indispensable que es el saber realizar primeros auxilios y reanimación cardiaca. Debería ser algo de enseñanza obligatoria en las escuelas. Creedme, los primeros momentos de reanimación marcan la diferencia entre la vida y la muerte y las posibles secuelas neurológicas que a uno le puedan quedar. De hecho, yo voy a apuntarme a un curso ya. Hasta que no te pasa no te importa, pero cuando te pasa...

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