30 oct 2020

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Otra vez la habitación como aula

Sara Martínez Vidal

Una profesora de educación infantil prepara los contenidos para su próxima clase a distancia.

Una profesora de educación infantil prepara los contenidos para su próxima clase a distancia. / Enric Fontcuberta (EFE)

En medio de una pandemia y con una nueva normalidad que no reconocemos como tal, empieza el curso 2020-2021. Es septiembre y las facultades de la Universidad de Zaragoza abren sus puertas. Se llena de vida un campus que añora las condiciones previas al coronavirus.

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Tras un segundo cuatrimestre online, llegaron los exámenes de septiembre, partidos entre la presencialidad y las pruebas telemáticas. La dependencia del Moodle y del correo electrónico nos transportaron a junio. Teníamos dudas sobre las condiciones sanitarias de las instalaciones: nos faltaban instrucciones del rector, y del decano. Unizar también tenía una asignatura pendiente: ofrecernos seguridad.

El edificio de Interfacultades aprobó con nota. Al entrar, vimos que habían colocado un dispensador de gel hidroalchólico. Subimos las escaleras hasta la cuarta planta. Aula 402. Más gel en el pasillo y todo el mundo con mascarilla. Pero no era un ambiente frío, era hogar. Volver tras el cese radical de las clases en marzo, era volver a casa por Navidad. Unas marcas en los asientos indicaban la separación a mantener entre alumnos. Primer examen con mascarilla. Terminamos, bajamos las escaleras y nos dirigimos a la puerta lateral pequeña de la facultad, pero cruzarla estaba prohibido. Recordamos entonces el trasiego de personas que solía haber, más las que se quedaban fuera, tomando un respiro entre clases, normalmente fumando con un humo peligroso trasmisor del virus.

El 14 de septiembre empezaban las clases. Nos informaron de la realidad que nos iba a acompañar: la semipresencialidad. Otra vez la habitación como aula. Nuevos materiales para los profesores: una cámara y un micrófono a través de los que era difícil seguir la clase desde casa. Las ventanas abiertas para garantizar la ventilación que minimiza el riesgo de contagio. Este ha sido el punto de partida para un tercer curso de Filología Hispánica que, a pesar de todo, estamos llenando de optimismo. Vuelve la rutina.

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