24 oct 2020

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Señora Díaz: los muertos que vos matáis, gozan de buena salud

Mario Martín

Mario Martín

Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López, en el momento de votar en las primarias del PSOE, este domingo.

Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López, en el momento de votar en las primarias del PSOE, este domingo. / JUAN MANUEL PRATS / EFE / EFE

Lo dicho, y lo hecho, en el pasado deja de pertenecer a su autor, pasando a formar parte del recuerdo colectivo de la sociedad. Así, quien recibiera todo el apoyo del aparato orgánico del PSOE, en su pelea por el liderazgo de dicho partido político -Susana Díaz- desde Felipe Gonzalez a Bono, desde ZP a Ximo Puig, desde Alfonso Guerra a Page; que ha repetido hasta la saciedad que la prioridad de esa formación era dedicarse a la 'costura', restañar heridas y concentrarse en recuperar la unidad, fue incapaz en su conferencia de prensa para comentar los resultados de pronunciar el nombre de quien venció en dicho proceso de primarias socialistas, y ya su nuevo secretario general, Pedro Sánchez. Todo lo cual quedará enmarcado en el recuerdo colectivo junto a lo ocurrido en el comité federal del 1 de octubre en el PSOE.

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Otro recuerdo que ya resonará, permanente, al revisar la historia reciente del PSOE será la voz de Verónica Pérez, diputada autonómica socialista andaluza, y conocida 'susanista', en los días del golpe de mano contra Pedro Sánchez, declarar: "La única autoridad que existe en el PSOE es la presidenta del comité federal, que le guste o no a alguno, soy yo".

Las indisimuladas aspiraciones de Susana Díaz al liderazgo socialista son algo tan evidente, como mal ha calculado los tiempos para presentarlo y abordarlo. Sus propios errores han sido el principal caldo de cultivo de la candidatura de quien la ha vencido. Su progresión desde afiliarse como militante de base a las juventudes socialistas de Andalucía, consiguiendo que el PSOE haya sido la única empresa que ha cotizado por ella a la Seguridad Social, hasta ir escalando en la jerarquía socialista y heredar el partido tras el escándalo de los ERE, a pesar de que ella ya era alto cargo al iniciarse los hechos afectados por él, en el 2001.

Quizá su, excesivamente, rápida ascensión hacia los oropeles haya germinado en ella unos aires de prepotencia que la alejan de los votantes que aspiraría tener; desde luego fuera de Andalucía, pero también dentro, como representan la oposición a ella, en sus propias filas, de Juan Antonio Rodriguez, alcalde de Jun, o Alfonso Rodriguez Gómez, de Celis, y ello tenga que ver con su desdén a Pedro Sánchez desde el mismo momento de su primera victoria en las primarias del 13 de julio de 2014, con el comentario que le dedicó: "este chico no, pero nos vale".

Y el RIP definitivo a sus pretensiones al liderazgo socialista quedaron enterradas en la imposición de la abstención del PSOE ante la candidatura de Rajoy como presidente del Gobierno, con unas formas inquisidoras, impuestas por una gestora formada por ella, integrada por colaboradores cercanos, y la foto del principal acto de su candidatura en la que se rodeó de todos quienes han sido algo en el PSOE ,¡o mucho!, pero en el pasado: Felipe Gonzalez, Alfonso Guerra, ZP, Rubalcaba...

A partir de ahí entregó el armamento y los argumentos. La decepción social, la indignación de las verdaderas víctimas de la crisis, el fraude de un mundo en el que se vive mucho peor que hace un decenio, los errores, no superados, de la gestión de ZP, el hecho de que la sucesión de este, por primera vez en la historia socialista, fuera a través de un integrante de una generación anterior a su liderazgo y la posteridad a la que ha ido evolucionando las respuesta del PSOE oficial a los problemas reales de la gente es lo que ha hecho que podamos enunciar el título con el que comenzado este artículo.

Por todo esto, señora Díaz, "los muertos que vos matáis, gozan de buena salud".

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