19 feb 2020

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En Catalunya se vive y se deja vivir

Andrés Hinarejos Montano

Barcelona

La ’V’ de la Via Catalana a su paso por la avenida Diagonal, con carteles con las caras de líderes políticos internacionales. En este caso, David Cameron.

La ’V’ de la Via Catalana a su paso por la avenida Diagonal, con carteles con las caras de líderes políticos internacionales. En este caso, David Cameron. / FERRAN SENDRA

En Catalunya se vive y se deja vivir, de otra forma sería imposible lo que viene sucediendo estos últimos años. El espíritu soberano, que no separatista, nace del olvido de un pueblo multicultural, el olvido de una gente que no pierde sus raíces pero que se da cuenta de que desde Madrid ignoran la potencia étnica con ganas de despuntar que vivimos aquí atados a sus caprichos, todo vecino venido de cualquier parte se integre o no lucha para abrir las puertas de la prosperidad.

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Nadie en Catalunya está obligado a hablar catalán, comer calçots, bailar la sardana, hacer 'castells'... Buena prueba de ello son la Feria de Abril, con más de un millón de visitantes, las fiestas gallegas, castellanas, extremeñas... Aquí se puede vivir y morir con las mismas obligaciones que cualquier español, viva donde viva.

Evidentemente que los niños han de aprender el catalán. Quizá por eso esta parte de nuestra querida España está harta de oír tantos improperios del resto, y las nuevas generaciones se dan cuenta de que para seguir se han de desligar de un gobierno que nos enfrenta a aquellos que nunca han salido de una política centenaria a la ya están acostumbrados.

En Catalunya se vive y se deja vivir. Hoy por hoy, y con las trabas que ponen desde el resto del país, es donde menos paro hay. El otro día me contaba un chico refugiado sobre cómo le hablaban en Sevilla de Catalunya: "Allí no vayas, que hablan catalán y no le dan trabajo al que no lo habla, aquella gente es muy rara". Y a la semana de llegar aquí ya estaba trabajando.

En Catalunya hay andaluces, gallegos, castellanos y extremeños que, después de 60 o 70 años, siguen hablando con su acento, y algunos ni siquiera entienden el catalán. Amigos míos, mucho tiene que cambiar el trato para que no rompáis España, porque sois vosotros los responsables de que Catalunya comience como un país soberano sin rey, con la libertad de crecer o estrellarse sola y sin rencor.

No entiendo cómo se puede odiar tanto a una gente y, sin embargo, cuando dice que se quiere ir, no se le deja. Inverosímil, ¿no?.

A.hinarejos

12-08-16

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