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"El dilema entre razón y pasión de la política catalana"

Una bandera catalana, en un balcón de Barcelona.

Una bandera catalana, en un balcón de Barcelona. / IOSU DE LA TORRE

A raíz de una noticia política que me enfadó en grado superlativo, le dije a mi marido que iba a escribir una carta a EL PERIÓDICO, encendida, pero dentro del decoro verbal. Pero, al ponerme, me sentí incómoda. Entre mis amigos -pensé-, incluso entre conocidos de otros ámbitos, podían sentirse heridos algunos, complacidos otros, e influir en las respectivas relaciones. ¿Por qué suponía tal problema?

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Quizá porque como en Catalunya (simplificando, claro), la política está dividida entre independentistas y los que no lo son, y las varias izquierdas, centros, derechas, y la CUP, son subdivisiones a su servicio… o porque los partidos utilizan la exacerbación de las pasiones en lugar de la razón, y muchas personas, incluso sin ser conscientes de ello, han sido arrolladas por las emociones en detrimento de los argumentos. También en otros órdenes de la vida. Son tiempos de polarizaciones. Y así, claro, no se puede opinar sin consecuencias indeseadas.

Opté por contentarme con el desahogo doméstico de desayuno conyugal, mientras lamento y soporto que muchos de la mitad de mis compatriotas catalanes sufran en silencio al Gobierno surgido de sus votos, enzarzado en impúdicas luchas intestinas. Y, de la otra mitad, muchos viren desde sus posiciones habituales hacia a lo más extremo, por desesperación, o por reacción visceral.

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