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"Lo de que 'las apariencias engañan' es una verdad como un templo"

El juez rectifica y acepta pronunciarse sobre algunas nulidades planteadas por Zapatero

El juez rectifica y acepta pronunciarse sobre algunas nulidades planteadas por Zapatero

Jordi Querol

Normalmente, entendemos por apariencias las señales que indican cómo es una persona o una cosa, sin que necesariamente respondan a la realidad. Pues bien, eso es lo que me ha ocurrido con el expresidente Zapatero. Siempre pensé que era un socialista ejemplar y, por todo lo visto y leído hasta ahora, parece que este importante político español era otra cosa muy distinta. Con el famoso Koldo sucedió lo contrario: al final resultó ser exactamente lo que siempre aparentó.

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No obstante, volviendo a Zapatero, lo que más me ha molestado es que mientras jugaba a lo que jugaba, impartía clases de honradez y dignidad. Se había erigido en el socialista modélico, el personaje digno de imitación. Lo hacía tan bien que buena parte del mundo progresista quería estar a su lado. Su frase “Los socialistas tenemos muy poco, pero somos los que damos más” fue especialmente memorable.

Y ahora, cuando en televisión aparecen las fotografías de las famosísimas joyas, esas palabras vuelven inevitablemente a mi memoria. Zapatero engañó a muchísima gente, y lo hizo tan bien que hoy sabemos que aquello de que las apariencias engañan es una verdad como un templo.

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