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El Tourmalet: Extremadura, la tierra olvidada

La Vuelta, camino de Sierra Nevada.

La Vuelta, camino de Sierra Nevada. / LA VUELTA / CHARLY LÓPEZ

  • La Vuelta tampoco se ha prodigado en recompensar a los extremeños con el paso de la carrera, que vivirá dos etapas este miércoles y jueves… y con montaña.

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Extremadura es por muchas razones la tierra olvidada y desgraciadamente la Vuelta tampoco ha sido muy considerada con este lugar, que tiene montañas y hasta cumbres que podrían entrar en la mitología de este deporte, pero que necesitan del calor de los corredores, que con su pedaleo, a veces alegre y otras torpe, recompensen a los extremeños con ascensos que entren en la leyenda del ciclismo.

Guadalupe tiene tres cosas para recordar, el rodaje de la famosa película de Joselito llamada ‘El pequeño ruiseñor’, la visita del Papa Juan Pablo II en 1982 y el paso de la Vuelta en 2021 donde la localidad se entregó en cuerpo y alma hacia los corredores, con las cunetas llenas y con el pueblo celebrando como si estuvieran en ferias la llegada de la carrera.

Este año la Vuelta repite escenario extremeño y hasta se puede considerar como una situación rara porque Extremadura no goza, que digamos, del deporte de primera categoría. Primero, porque no es fácil llegar, está lejos de todas partes y nunca ha sido agraciada con infraestructuras más allá de una gozosa autovía que circula al lado de las carreteras por las que rodarán los corredores este miércoles y el jueves, con dos etapas de montaña, donde los ascensos tal vez no aprieten mucho a los protagonistas de la carrera pero que según como se lo tomen, según como pesen las piernas después de casi tres semanas de esfuerzo desmedido, igual Extremadura se convierte en la jueza de la carrera.

Mérida y la Vuelta de 1991

De Mérida, la capital, partió la Vuelta de 1991. Entonces la carrera tenía dos etapas menos, en vez de iniciarse un viernes, como este año, o un sábado como suele ser tradicional, empezaba el lunes y el fin de semana previo servía para instalarse, tomar contacto con la carrera y entrenar en el caso de los corredores. La Vuelta de 1991 fue la que ganó de forma inesperada Melcior Mauri, a pesar de que Miguel Induráin, que nunca logró esta carrera, partió como favorito. El catalán llegó de amarillo (la prenda del líder era por aquel entonces de este color) a Madrid y el campeón navarro se tuvo que conformar con la segunda plaza.

Siempre recordaré, mientras desayunaba en un bar de Mérida e inspeccionaba la prensa local, un breve (así llamamos a las noticias cortas que aparecen en las columnas de los diarios) que decía que las farmacias de la ciudad se habían quedado sin antidepresivos. Siendo un novato en la materia médica y un debutante en la Vuelta, la ocurrencia de preguntar a los médicos de los equipos por qué se habían agotado este tipo de medicamentos obtuvo una mirada hacia otro lado y la prueba de que cuestionar este tipo de cosas por aquel entonces no era la mejor fórmula para hacer contactos en este deporte. El porqué de la razón sigue siendo 31 años después un verdadero misterio.

Fernández Vara

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Extremadura se quedó muchos años sin Vuelta hasta el punto de que, en 2020, en la ronda española que se corrió en octubre y se celebró sin un alma en las cunetas por culpa de la pandemia, sí hubo un espectador que obtuvo un salvoconducto para pasarse por la carrera, cuando la prueba penetró casi por accidente y por pocos kilómetros en carreteras extremeñas. Fue Guillermo Fernández Vara que se acercó a una rotonda para que Javier Guillén, el director, detuviera su coche e intercambiara un breve saludo con el presidente extremeño. Mascarillas en la cara, contacto con los hombros, apenas cinco minutos sirvieron para que en 2021 y 2022 Extremadura, la tierra olvidada, entrase de lleno en el recorrido de la Vuelta y en esta ocasión en la tercera semana, que es cuando se sentencia la carrera, porque ya no hay espacio, tiempo y kilómetros para más cosas.

Extremadura es la tierra de los montes desconocidos, de ciclistas extremeños que nunca han sido famosos, de antiguos conquistadores y del vino ‘Habla’, que es una maravilla. Por eso, si un día se consigue recordar que Extremadura fue el lugar en el que Remco Evenepoel demostró que valía para ganar una carrera de tres semanas, que Primoz Roglic fue el ciclista que dio la vuelta a la Vuelta, que Enric Mas, por fin, se vistió de rojo o que uno de los dos chavales de oro, Juan Ayuso o Carlos Rodríguez, se convirtieron en magos de este deporte, entonces se ganará el derecho a ser incluida como tierra de paso por los siglos de los siglos en la historia de esta carrera.