Buen viaje y 'bon appetit'

5 escapadas 'gastro' para el puente de diciembre

  • Costa Brava, el Pirineo, Tarragona y el delta del Ebro, La Rioja y Mallorca son cinco destinos muy apetecibles. Te aconsejamos dónde comer

Anchoas de L’Escala con falso mató, del restauante Compartir, en Cadaqués.

Anchoas de L’Escala con falso mató, del restauante Compartir, en Cadaqués.

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

Periodista

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Pau Arenós
Pau Arenós

Coordinador del canal Cata Mayor

Especialista en gastronomía

Escribe desde Barcelona

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El puente de diciembre ya está aquí, y si todavía no te has decidido a la hora de escoger plan, te proponemos estos. Todos ellos, por supuesto, muy gastronómicos. ¡Buen provecho y buenos días de descanso!

Costa Brava

La Costa Brava es un paraíso natural y también gastronómico, con infinidad de establecimientos de nivel mundial. Aquí solo sugerimos una ínfima parte de lo que se puede ver y comer. Para ir haciendo boca, el Museu de la Pesca, en el puerto de Palamós, único en todo el Mediterráneo que cuenta con una pequeña sala de cine, una gran maqueta del perfil de la costa catalana, un barco de verdad, un aula gastronómica... Sencillo pero muy completo y didáctico.

Puedes comer en Compartir (Riera Sant Vicenç s/n, en Cadaqués), del trío de Disfrutar (Castro, Xatruch y Casañas): cocina mediterránea muy bien trabajada con algún que otro eco bulliniano a precios supercontenidos para su altísimo nivel. Puedes probar los platos de Ramon Freixa en Mas de Torrent (Torrent, Girona), apegados al territorio y ejecutados con sensibilidad extrema. Puedes ver el mar desde el mirador de Far Nomo, en el faro de Sant Sebastià de Llafranc (cocina japonesa) o casi tocar el agua con los pies en Tragamar (cocina marinera moderna en la playa del Canadell, en Calella de Palafrugell). Y puedes alojarte en Casamar (Del Nero, 3, en Llafranc), cuyo restaurante tiene una estrella Michelin.

Canelón de atún de Compartir, en Cadaqués.

/ Ferran Imedio

Tarragona y delta del Ebro

Hacia el sur, Tarragona y el Delta del Ebro. En la ciudad romana, Barquet (Gasòmetre, 16) y AQ (Les Coques, 7) son dos buenas paradas. En el primero, los hermanos Solé, David y Fidel, protegen el legado familiar de platos marineros, y en el segundo, Ana Ruiz y Quintín Quinsac trabajan sobre 30 platos con ingredientes del entorno y un tratamiento viajero, y 30 vinos cambiantes.

En el tramo final del Ebro, se puede dormir y comer en Villa Retiro (el hotel gastronómico por excelencia de la zona, con una estrella Michelin) y visitar pueblos del delta, donde las ostras son las reinas, como en L'Ampolla, que cada mes de mayo celebra la Diada de l'Ostra. Casa Nuri (cocina tradicional de la zona, con arroces, pato y anguila, en Deltebre), L'Algadir (reinterpretación moderna de la cocina deltaica en El Poble Nou del Delta), Can Batiste (buen trato al producto en Sant Carles de la Ràpita), La Llotja (especialistas no monotemáticos, del atún rojo en L’Ametlla de Mar) y Can Piñana (cocina marinera tradicional del Delta en L’Ampolla) son buenas direcciones.

La cazuela de fideos con 'xapadillo' de anguila y 'capipota' de Barquet.

/ Joan Revillas

Pirineos

En La Cerdanya, pizzas de Fabián Martín (rambla de Josep Maria Martí, 6, de Puigcerdà), buena cocina de producto modernizada en Les Heures d'en Dídac (Bolvir de Cerdanya) o exaltación del territorio en Das 1219 (Das) y Trumfes (Llívia). En el Pirineo aragonés, cerca de las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa, puedes dormir y comer en el Hotel El Privilegio (Zacalera, 1), en Tramacastilla de Tena, un pueblecito de 150 habitantes que tiene siete restaurantes.

De camino a los picos oscenses, puedes parar en Casbas (Senegüé, en el valle de Tena), a pie de la carretera N-260: distinguido como eMejor establecimiento de comida familiar de Aragón de 2019, sirve comida a todas horas y menús de mediodía toda la semana. El bacalao al ajoarriero es su especialidad.

El bacalao a la miel del restaurante Les Heures d'en Dídac (Bolvir de Cerdanya).

/ Ferran Imedio

La Rioja

Daroca de Rioja, que no llega a 50 habitantes, tiene un restaurante con una estrella Michelin, la Venta Moncalvillode los hermanos Ignacio y Carlos Echapresto, singularidad de récord. Caben más personas en el restaurante que en el pueblo. La resistencia es su divisa, pero no desde el sufrimiento, sino desde el convencimiento. La Luna influye en los menús: Luna Creciente y Luna Llena. Vivan los lunáticos.

En Ezcaray, los Paniego y, siempre en la memoria, Marisa Sánchez, que fue la matriarca y hacedora de recetas con tanta influencia como la croqueta, celebrada como una de las mejores de aquí a Ganímedes, y la merluza rebozada.

Echaurren es un hotel, con una de las mejores camas que se puedan encontrar; El Portal de Echaurren, con dos estrellas, y Echaurren Tradición, donde son eternos los guisos de Marisa. Es Francis Paniego el responsable de que la llama siga alta y su hermano Chefe, de que las botellas sean destapadas con la merecida reverencia que antecede a la alegría.

En Haro, en una calle peatonal que parte de la plaza de San Martín, el restaurante Nublo, la alianza de Miguel Caño, Dani Lasa y Llorenç Sagarra, los tres ex Mugaritz, ubicado en un edificio del siglo XVI. Piedra e historia para una culinaria de otro tiempo que es este: horno de leña, parrilla y cocina económica.

Lo elemental requiere de grandes complejidades: solo es una falda de cordero con pimientos de cristal pero en la boca aparece la alfombra mágica. Abrieron en julio y el asombro es lo rápido y bien que se han entrelazado con los clientes.

Mallorca

El Fornet de la Soca (plaza de Weyler, 9), hacen arqueología gastronómica local. Tomeu Arbona y María José Orero regentan este obrador que recupera recetas antiquísimas de la isla, algunas del siglo XIII. Son bocados de cocina medieval, señorial y conventual elaborados con ingredientes de productores locales. "Repostería tradicional radical", dicen ellos con acierto. Destacan preparaciones medievales como el ‘menjar blanc’ (dulce de almendras y agua de rosas según la receta del monasterio de Sant Jeroni) y los ‘flaons’ (Ramon Llull los cita en ‘Blanquerna’). En Fornet de la Socatriunfan las ensaimadas y la ‘panada’, una empanada con rellenos tan variados como cerdo, de cerdo y guisantes, lomo de cerdo con pimienta, vegana…

Una buena manera de conocer la gastronomía de la isla es asomarse a Sa Tafona de Caimari (carretera de Inca a Lluc, km. 6), una almazara en la sierra de Tramuntana. Y no solo por la didáctica visita a sus instalaciones modernas y antiguas (6 € cada una bajo reserva). También porque cuenta con tienda de productos mallorquines y restaurante, donde sirven platos tradicionales de la isla reivindicando la “cocina de Tramuntana”, tocan la brasa y preparan desayunos de 'forquilla'. No muy lejos de allí, en Valldemossa, está Son Moragues (avenida de Lluís Salvador Cilimingras, s/n), que elabora aceite con métodos ancestrales que se adapta a los gustos actuales. Se llama Es Roquissar.

Y en Inca está Ca's Sereno (avenida de los Reis Catòlics, 58, y calle de Joan Mascaró i Fornés, 4), carnicería que elabora embutidos a partir de porc negre, una raza autóctona. Sus especialidades que son la 'varia' (mezcla de papada y magro de cerdo especiados y con pimienta), ‘botifarró’ (con piñones, semilla de hinojo y pimienta negra y de Jamaica), la sobrasada y el 'foie'.

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'Panades' y cocas de Forn de la Soca (Palma de Mallorca).

/ Ferran Imedio