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Cómo colocar los alimentos en la nevera

  • Te damos siete consejos para que conserves la compra mejor y durante más tiempo

Cómo colocar los alimentos en la nevera
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Laia Zieger

Colocar correctamente los alimentos frescos en las baldas de la nevera correspondientes permite mantener la cadena de frío y, por tanto, conservarlos durante más tiempo y, a su vez, alargar la vida útil del electrodoméstico, al que no obligaremos a trabajar más de la cuenta.

Además, debemos ser especialmente rigurosos a la hora de mantener la higiene de un aparato en el que se acumulan numerosas bacterias, de modo que lo mejor es tener la nevera siempre limpia, repasando prácticamente a diario a medida que se va ensuciando, y realizar una limpieza a fondo cada cierto tiempo (en función de cuántas personas haya en casa y del uso que se le dé).

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La temperatura de la nevera debe estar entre 1º y 4º aproximadamente, mientras que la del congelador debe ser de -18º.

Para colocar correctamente los alimentos en la nevera, es recomendable seguir todos estos consejos:

La nevera no es la despensa de casa

Un error habitual es utilizar la nevera como despensa, algo muy tentador teniendo en cuenta que muchas personas tienen cocinas de tamaño reducido con escasa capacidad de almacenamiento y acaban colocando en ella todo lo que no cabe en los armarios, desde pan de molde a conservas, bollería, café, patatas o miel. Esto no solo provoca que determinados alimentos se puedan estropear, sino que, al estar demasiado cargada, el aire no circula correctamente por el interior del electrodoméstico y hay más riesgo de contaminación bacteriana.

Otro de esos alimentos trampa que mucha gente guarda en la nevera y debería ir fuera es el chocolate negro, que al someterse a bajas temperaturas puede adquirir un aspecto blanquecino que se produce cuando la grasa y el azúcar cristalizan sobre la superficie, cosa que afecta a sus propiedades organolépticas.

Mirar la fecha de caducidad

Si hacemos compras grandes y llenamos la nevera hasta los topes, lo mejor es colocar los productos como en los supermercados: los que tienen fecha de caducidad delante y los que tardan más en caducar, detrás. Es una buena manera de asegurarse que no desperdiciarás nada.

Cuidado con la fruta

Lo mejor es guardar la fruta y la verdura por separado, con el objetivo de evitar que el etileno que producen algunas frutas cause daños en las verduras. De hecho, lo ideal sería intentar conservar las frutas de verano fuera de la nevera, aunque esto suponga tener que comprar con frecuencia y en pocas cantidades para que no se estropeen. De hecho, un estudio realizado por la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) revela que los melocotones pierden hasta el 50% de su vitamina C tras conservarse cinco días en la nevera. En el caso de los tomates, por ejemplo, aunque se conservan mejor en frío y a muchas personas les gustan fresquitos en sus ensaladas, lo cierto es que pierden parte de su sabor al someterse a bajas temperaturas. Lo mejor es conservarlos en un lugar fresco y seco, a poder ser oscuro.

La puerta, para lo más resistente

La puerta es la parte del frigorífico menos fría, además de la más afectada por los cambios de temperatura al abrir y cerrar la nevera. Por ello es un buen lugar donde colocar los alimentos más resistentes como leche, huevos, zumos, salsas, mantequillas y bebidas.

Vegetales y hortalizas, en los cajones

Lo mejor es reservar un cajón para las frutas y otro para las verduras, siempre sueltas y sin bolsas o paquetes. En algunos casos, como los calabacines, los tomates, el aguacate, las berenjenas, las zanahorias o los melocotones y otras frutas de verano, lo mejor es conservarlos a temperatura ambiente en un lugar fresco y seco, ya que cuando se someten a bajas temperaturas pierden su sabor. El resto debe colocarse con mucho cuidado, evitando golpes y rozaduras, en sus cajones correspondientes.

Parte baja: carnes y pescados

La parte más fría siempre es la que está más cerca del congelador, de manera que conviene reservarla para carnes y pescados frescos, a consumir en pocos días (hay neveras, de hecho, que disponen de un cajón específico para estos alimentos). Si no vamos a consumirlos en el tiempo estimado, lo mejor es utilizar el congelador. Para ello, hay que conservar los productos convenientemente sellados (si se usa mucho el congelador, vale la pena invertir en una máquina de envasado al vacío) e ir consumiéndolos en un período de tiempo más o menos breve. Muchas personas tienden a utilizar el congelador como despensa y almacenan en él los alimentos durante largo tiempo, cuando no es recomendable conservarlos más de un par de meses, tres como máximo.

¡Envases fuera (en la medida de lo posible)!

Lo mejor es retirar de la nevera todos aquellos componentes superfluos que lo único que hacen es ocupar espacio pero no tienen utilidad: desde los cartones de los yogures o los postres lácteos a los plásticos que unen las latas de refrescos y otros envoltorios. Lo ideal es que en la nevera haya solo lo justo y necesario y, en la medida de lo posible, no tenerla llena hasta los topes, sino tratar de ir haciendo compras periódicamente para irla vaciando al tiempo que se consumen los frescos.