Rutas de madrugada (2)

Barcelona, 5am: amor frente al seminario

Una pareja sale del Arena e invade el carril bici para besarse sin tener en cuenta los riesgos. Es amor y, por lo tanto, ciego

Jóvenes en la estación de metro de Marina, tras salir de las salas del triángulo golfo de Poblenou.

Jóvenes en la estación de metro de Marina, tras salir de las salas del triángulo golfo de Poblenou. / JORDI COTRINA

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Bernat Gasulla
Bernat Gasulla

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Barcelona, 5am. El ciclista madrugador sube por Marina hacia el puente que lleva el mismo nombre. Se ven más coches de la Guardia Urbana o de Mossos. Y es que, justo en el inicio del puente, en la confluencia con Almogàvers y la Meridiana, decenas de jóvenes se arremolinan en las estaciones de bus o de la L-1 para volver a casa. Aquí uno no puede hablarles del ruido, pero ha visto llantos, ha visto risas y, sobre todo, ha visto largas colas frente a la churrería. El oasis del noctámbulo hambriento tras una fiesta en el ‘triángulo golfo’ del Poblenou que ha agotado las reservas. Otros buscan la escapada al otro lado de Marina, en la estación de Llacuna de la L-4. Imagen de derrota tras la gran fiesta.

Los jóvenes que salen del 'triángulo golfo' van al bus, a la L-1 o a hacer cola en la churrería

Barcelona a las 5 de la mañana. Ruta Diputació. / EL PERIÓDICO

Seguimos por Marina. A la derecha, los restos de lo que ha sido de manera pertinaz la gran zona de acampada de sintecho en Barcelona. Uno ha visto incendios de contenedores y coches, explosiones de cámping gas. Pocos vecinos hay ahí que puedan quejarse.

El ciclista cruza Gran Via y, luego, toma Diputació. El ambiente cambia radicalmente. El Eixample está dormido en esa zona. Una joven lanza una mirada furtiva antes de cruzar el umbral de la puerta de su escalera. ¿Miedo? Muy posiblemente. El supermercado de 24 horas despide una luz cegadora. Derroche energético en el ‘paqui’. A derecha e izquierda, los sinhogar aprovechan el precario refugio del portal para dormir. Es verano, no hace falta mucho más. Pero no todos son sintecho. Turistas ebrios duermen la mona aprovechando el mismo parapeto.

Al acercarnos a Balmes, poco a poco, va creciendo el jolgorio. Es la hora de cierre del Arena. ¿Entienden? A ambos lados de la calle, grupos bulliciosos de jóvenes apuran una consumición imposible. O cantan. O ríen. O esperan un gentil taxi. Una pareja invade el carril bici para besarse sin tener en cuenta los riesgos. Es amor y, por lo tanto, ciego. Al otro lado de Balmes, las paredes del seminario diocesano miran y callan. Pandas de buitres de mirada turbia revolotean por la zona antes de llegar a Enric Granados. Algún alma perdida en uno de los 11 ejes del ruido de Barcelona.

La mirada de Rosalía

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Barcelona. Pasan algunos minutos de las 5 am. La ciudad se despierta o se va a dormir. Pero en ningún sitio está escrito que a esas horas no te juegues el tipo en el asfalto.