'Boom' cannábico

El 'bajarse al moro' de los turistas europeos que vienen a buscar marihuana a Catalunya

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El Govern contrata jardineros para podar la marihuana intervenida por los Mossos

Alijo de marihuana

Alijo de marihuana

Guillem Sánchez

Guillem Sánchez

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'Bajarse al moro' es una película de Fernando Colomo que se estrenó en España en 1989. Actuaban en ese filme unos jovencísimos Antonio Banderas, Aitana Sánchez Gijón o Verónica Forqué. La trama se inspiraba en una práctica habitual a finales de los ochenta: viajar a Marruecos y regresar con piezas de hachís ocultas en la maleta –o en las cavidades corporales que estuvieran disponibles– para revenderlas después en España, donde multiplicaba su valor. 

Los Mossos detectan un aumento de extranjeros, sobre todo alemanes, que vienen a comprar marihuana para revenderla más cara en su país

Más de treinta años después de aquella película, las cosas han cambiado: España, y especialmente Catalunya, se ha convertido en un país productor y exportador de marihuana, como lo era –y lo sigue siendo todavía– Marruecos con el hachís. Y ahora España recibe a europeos, sobre todo alemanes, como antes los marroquís recibían a españoles, que viajan solo para comprar marihuana y revenderla en sus países de origen, donde el precio de cada gramo se dispara y la operación, en caso de salir bien, reporta sensibles beneficios. Pero en caso de salir mal, al tratarse de un delito de tráfico de droga, supone penas de cárcel. 

Una tendencia al alza

El último ejemplo detectado de una tendencia que comienza a llamar la atención de los Mossos d’Esquadra es el de los hombres arrestados en Martorell este pasado martes 29 de agosto. Dos ciudadanos alemanes, de 25 y 31 años, que fueron sorprendidos por una patrulla de paisano cuando circulaban por un polígono industrial de la ciudad del Baix Llobregat

Los dos hombres se identificaron como turistas y afirmaron estar alojados en un hotel de Castelldefels. Era extraño que haciendo turismo hubieran acabado conduciendo por una zona industrial de Martorell y además su vehículo desprendía un fuerte olor a cannabis. Los policías comprobaron si era verdad lo del hotel. No lo era. Los registraron y encima llevaban 4.500 euros en metálico y 4 kilogramos de cogollos de marihuana envasados al vacío. 

Gracias a una multa de tráfico que les pusieron en L'Hospitalet de Llobregat, los Mossos averiguaron que en realidad estaban alojados en esa ciudad, en un apartamento de Airbnb alquilado para una semana. Con autorización judicial, registraron el piso y hallaron más cogollos de marihuana envasados al vacío –24 kilogramos– y más dinero en efectivo –66.000 euros–.

"Habían venido con unos 100.000 euros y se habían pasado la semana comprando marihuana para llevársela a Alemania", explican fuentes policiales. Las mismas que subrayan que recientemente los Mossos sorprendieron también a otros alemanes haciendo lo mismo. En este caso anterior, los turistas metidos a traficantes habían alquilado una autocaravana y la habían llenado de marihuana para revenderla en su país. 

No son miembros de organizaciones criminales, que también los hay y en abundancia desde que el 'boom' cannábico comenzó en 2015, estos son ciudadanos que acostumbran a venir por su cuenta, con dinero en efectivo y que compran cuanta marihuana encuentran y regresan a casa.

Tierra de marihuana

La tendencia, de la que constan algunos ejemplos, muestra que –al margen de la actividad de las estructuras criminales– comienza a saberse entre ciudadanos ajenos al crimen organizado del resto del continente que España es una tierra de marihuana y que ello invita a actuar como los españoles con Marruecos en los ochenta.

El problema lleva años siendo una prioridad para todos los cuerpos policiales. Este viernes, sin ir más lejos, los Mossos han acordado en una reunión de la Prefectura celebrada en el complejo Egara que el martes 5 de septiembre, tal como ha avanzado EL PERIÓDICO, entrará en funcionamiento el depósito de cannabis incautado que estará en los bajos de la comisaría de Nou Barris. El depósito pretende solucionar otro de las consecuencias generadas por el 'boom' cannábico: qué hacer con las plantas que se incautan –unas 600.000 solo en 2022–.

Para los sindicatos no es una cuestión menor, tal como subraya David Miquel, portavoz del Sindicat de Policies de Catalunya (SPC). "Era un problema para los agentes y también para los ciudadanos. Hacía años que pedíamos esta solución, confiemos en que sirva".