Crisis hídrica

Los bosques necesitan más lluvias para realizar el "efecto esponja" y aliviar la sequía

¿Por qué una avioneta sobrevuela Catalunya disparando luz láser contra los bosques?

La agricultura intensiva, principal culpable del declive de las aves en Europa

El agua de los últimos días es una buena noticia, pero no basta para que los árboles salgan del estrés hídrico

Un aspecto de un bosque de Vidreres durante la primavera.

Un aspecto de un bosque de Vidreres durante la primavera.

Guillem Costa

Guillem Costa

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

"Lo que ha llovido no es suficiente para los bosques. Hablamos de una sequía de dos años. No se arregla nada en dos semanas". Son palabras de Jordi Vayreda, investigador del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), que lleva décadas dedicado al estudio de los árboles. Vayreda ilustra la necesidad de lluvias con esta explicación: "Si caen 10 litros de agua por metro cuadrado, no llega nada al suelo, porque las copas de los árboles interceptan gran parte de la lluvia".

Es cierto que este mayo está lloviendo más que en los últimos meses. Sin embargo, el déficit de precipitaciones acumulado es inmenso. Por lo tanto, "tendría que estar lloviendo durante mucho tiempo" para compensar la situación.

"Es necesario que llueva mucho para que el agua llegue al suelo y no se quede en las copas de los árboles"

— Jordi Vayreda, investigador del CREAF

El "efecto esponja" es un fenómeno habitual de los bosques mediterráneos. El agua que cae se acumula bajo tierra, como si se tratara de un gran depósito, y durante las semanas después los árboles pueden ir succionando agua de esta gran esponja a través de las raíces.

"Ahora mismo, los depósitos están casi vacíos", detalla Vayreda. "Hasta que el suelo no se llene del todo no tendrán suficiente agua como para afrontar el calor y la aridez de verano de forma adecuada", añade. Muchos de los árboles y arbustos de la Península ibérica ya están acostumbrados a meses de sequía: "Las raíces son profundas y buscan (y encuentran) agua donde sea".

El problema esta vez es que acumulamos casi dos años de déficit hídrico: "Los árboles están al límite". Para que se recuperen, se requerirían lluvias como las de estas dos últimas semanas pero durante mucho más tiempo.

"Algunos robles deciden no rebrotar porque tendrían dificultades para mantener sus hojas"

— Jordi Vayreda, investigador CREAF

"Este es el problema de las sequías pertinaces: las lluvias de mayo pueden salvar algo, pero muy poco. Los depósitos no se llenarán", concluye el experto.

Robles deshojados

Un ejemplo de la situación extrema de los bosques, en los que los árboles compiten por cada gota de agua, son los árboles caducifolios: "Normalmente, sus hojas nacen en marzo o en abril como muy tarde". Este año, muchos robles aún no muestran las hojas. ¿Y por qué sucede esto? "Ante el fenómeno de la sequía extrema, deciden no rebrotar todavía, ya que la falta de agua les impediría mantener sus hojas en buen estado. Por lo tanto, retrasan su nacimiento", afirma Vayreda.

Un buen indicio de que se deja atrás la sequía sería ver como estos robles empiezan a sacar sus hojas. Otros árboles retrasan la floración: "Las encinas, por ejemplo florecen a principios de primavera, pero este año, la mayoría no lo han hecho, tampoco los alcornoques".

"Si ves un pino carrasco que se seca, mala señal"

— Jordi Vayreda, investigador CREAF

Las encinas son árboles perennes, pero el rebrote también es clave porque necesitan renovar sus hojas. El hecho de que esta renovación de hojas no ocurra es sinónimo de sequía, hecho que impide que los árboles muestren su esplendor primaveral: "Si una encina no renueva sus hojas, estamos ante un problema que puede perjudicar al árbol".

También sufren los pinares de pino albar, pino piñonero y pino carrasco (este último es una de las especies más resistentes a la sequía). Algunos de estos pinos están muriendo, asegura Vayreda: "Son árboles resistentes. Que algunos de ellos mueran es un síntoma inequívoco de la sequía acumulada. La muerte de un pino carrasco es muy mala señal. Ha ocurrido en otras ocasiones, pero esta vez es grave". Para resolver este escenario, pues, se necesita mucha más lluvia de la que ha caído.