El debate lingüístico en Catalunya

El catalán en la escuela: tirando con permiso de Netflix

El castellano gana terreno como lengua de comunicación entre los jóvenes estudiantes catalanes

Alumnos del colegio Ipsi de Barcelona durante una clase de catalán.

Alumnos del colegio Ipsi de Barcelona durante una clase de catalán. / Elisenda Pons

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Montse Baraza
Montse Baraza

Periodista

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La realidad lingüística de la escuela catalana es tan diversa como diversa es la sociedad catalana, varía en función del municipio o del barrio. El modelo de inmersión ha garantizado que todo el alumnado conozca tanto el castellano como el catalán, como demuestran las pruebas de nivel (o de competencias básicas) que se realizan cada año a los estudiantes de sexto de primaria y de cuarto de ESO y en las que apenas hay diferencias respecto a un idioma u otro. Distinto asunto es el uso social que los alumnos hacen del catalán. Y el diagnóstico, atendiendo a la lengua de interacción entre los jóvenes, es que se está produciendo un retroceso del uso del catalán.

¿Conocen y dominan la lengua catalana? Sí. ¿La usan? Poco, bastante menos de lo que la usaban las generaciones precedentes. Un reciente informe del Consell Superior d’Avaluació del Sistema Educatiu ha revelado, entre otras cosas, que los alumnos que siempre o casi siempre usan el catalán en actividades de grupo han pasado del 67,8% en 2006 al 21,4% en 2021. Las alarmas han saltado en el Departament d’Educació, que ha puesto en marcha un plan para impulsar el uso del catalán

Una causa de ese retroceso hay que buscarla, coinciden los expertos, en redes sociales y plataformas audiovisuales, espacios a los que los jóvenes dedican buena parte de su tiempo. Casi un 90% de alumnado de 4º de ESO dedica más de una hora al día a contenidos audiovisuales. Y de estos, un 44% dedica más de tres horas. Ahí se nutren de contenidos que luego, inconscientemente, tienen una repercusión en el campo de la lengua. En el colegio Ipsi de Barcelona, a la pregunta de en qué idioma ven las series de moda, los alumnos responden que en castellano o en inglés. El director del centro, Oriol Blancher, apunta que este hecho cotidiano, aparentemente inocuo, tiene una consecuencia lingüística: “Esas series luego se transforman en juegos a la hora del patio, y son juegos que se juegan en castellano. No juegan a 'Joc de Trons' o al 'Joc del Calamar', sino que juegan a 'Juego de Tronos' y al 'Juego del Calamar'”, explica en un ejemplo gráfico.

Castellano en patio y pasillos

En el caso de Ipsi, una escuela catalana de 1.600 alumnos y situada en pleno Eixample de Barcelona, en el patio coexisten por igual catalán y castellano por la realidad sociocultural del barrio, pero Blancher admite que “el catalán está perdiendo cuota”. Lo confirma Mª Àngels Bresco, directora del colegio jesuita Sant Pere Claver, en el Poble Sec barcelonés. "El castellano aumenta como idioma del patio y de los pasillos. El catalán queda para un ámbito más académico. Existe la tendencia entre los catalanohablantes a pasar al castellano", señala. Y apunta que "se debería hacer un estudio más profundo de por qué los jóvenes se pasan al castellano. Es un fenómeno que va más allá de las cuotas", dice en alusión a la sentencia del TSJC.

El presidente del Consell Escolar de Catalunya, Jesús Viñas, admite que no hay una uniformidad en todo el territorio catalán y que hay lugares en los que la situación es menos crítica que en otros, pero sí asegura que “está cayendo el uso del catalán”. “Y no es un tema organizado o dirigido, sino que es cuestión de hábitos lingüísticos”, dice. Apunta a las redes sociales y a las plataformas audiovisuales. “El alumnado está muy influenciado por este entorno. Y utilizan el castellano porque es el idioma de las redes y de las series. Y no es que no sepan catalán. Es que no lo usan”, resume Viñas.  "Eso hay que revertirlo”, añade. Para ello, el Consell Escolar está ultimando un informe que presentará a Educació en enero con una serie de propuestas. Una de ellas tiene en el punto de mira a TV-3. “Tiene que volver a asumir el liderazgo y apostar por series como ‘Merlí’, que suscitaron gran interés”, señala Viñas. “TV-3 es fundamental. Jugó una función muy importante hace unos años. Y ahora ha de recuperar esa incidencia”, añade.

Sin referentes en catalán

A este vacío audiovisual en catalán dirigido a los jóvenes también se refiere Antònia Vicens, directora del instituto Francisco de Goya de Barcelona. "Las redes, los 'influencers', Youtube, Twitch son en castellano. Los chicos ven series en Netflix, en castellano, y no en TV-3", lamenta, convencida de que si plataformas como Netflix o HBO ofrecieran contenidos en catalán muchos jóvenes los elegirían. Y cree que "inconscientemente, hacen una asociación y le dan una connotación más positiva al castellano". Por su parte, Bresco afirma que "los niños ven lo que les gusta, independientemente del idioma" y opina que TV-3, que en su momento creó grandes referentes audiovisuales para los alumnos catalanes, "se ha relajado" y ha dejado a los jóvenes sin productos en catalán.

En clave positiva, Enric Masllorens, director general de Jesuïtes Educació, apunta que la llegada de Netflix o HBO ha comportado una mejora del nivel de inglés de los alumnos, que, especialmente en la ESO, eligen este idioma para seguir las series.

En el instituto Vilatzara de Vilassar de Mar, un centro de 900 alumnos, su director, Marc Vilanova, señala que el uso del catalán es bastante mayoritario, reflejo de la realidad sociocultural de este municipio del Maresme de 21.000 habitantes situado a 20 kilómetros de Barcelona y donde la población de origen inmigrante es ya de segunda o tercera generación. En el patio, resuenan las dos lenguas. "Sí que está muy arraigado el hábito de pasar al castellano si hay algún compañero castellanohablante", afirma. "Enriquece, porque va bien practicar el castellano", añade, aunque es consciente de que en otros municipios sí existe preocupación.

Burbuja rural

En Sant Pau d’Ordal, un municipio de 584 habitantes del Alt Penedès, la escuela rural Sant Jordi --con 122 alumnos de educación infantil y primaria-- tiene otra realidad. “Aquí la lengua es siempre el catalán, tanto en clase como en el patio. Hay un uso extensivo”, explica la directora, Àngels Calvo, que advierte de que este caso es “una burbuja”. A ello sin duda ayuda el hecho de que prácticamente no hay inmigración. Los niños de origen magrebí son de familias llegadas hace muchos años a la localidad y que también hablan catalán. Cuenta Calvo una anécdota: “Uno de estos niños llamó a su padre y este al venir a buscarlo le preguntó ‘què passa fill?’”. Ahora tienen una familia recién llegada de Holanda que habla en castellano. “Nos va bien porque sirve para profundizar en el uso del castellano”, subraya Calvo, que reivindica “la riqueza de dos lenguas que hay que explotar”. Esta ‘burbuja lingüística’ se rompe cuando los niños acaban la primaria y dan el salto al instituto, en Sant Sadurní o Vilafranca, municipios más grandes y con más diversidad social. “En el instituto todo cambia. El nivel de competencias es similar entre las dos lenguas pero el castellano se oye por todos lados”. 

Blancher alerta de que la inmersión lingüística no se da por igual en todos los centros educativos, como refleja el informe que maneja Educació y que ha detectado que hay profesores, especialmente en los niveles de secundaria, que se sienten más cómodos dando la clase en castellano. O el caso de los centros en que por su ubicación en determinados barrios, con altos niveles de inmigración, el castellano es preponderante.

Malestar por la politización

Los centros consultados coinciden en que “no hay ningún problema” con la lengua en Catalunya, que el castellano es “una riqueza” y que el catalán es una lengua “minoritaria” que hay que proteger. “Quienes combaten el catalán en la escuela quieren una España uniforme y eso es un empobrecimiento cultural”, resume Blancher. Vicens va más allá al reclamar que "hay que crear la necesidad social de usar el catalán".

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"El modelo de inmersión catalana es un éxito y funciona. A las escuelas nos disgusta vernos implicadas en un tema que se ha politizado. Hemos trabajado bien y la prueba es que los estudiantes catalanes tienen notas muy elevadas tanto en catalán como en castellano. Que ahora el TSJC venga con cuotas, nos sabe mal", señala Masllorens. En la misma línea, Blancher recuerda que la inmersión ha sido un “instrumento buenísimo de cohesión social” y de igualdad de oportunidades. “Sin inmersión hay alumnos que no habrían aprendido el catalán”.