La quinta oleada

La variante delta del covid penetra en los geriátricos

Clementina Zunzunegui, ante las verjas de la residencia Colonias Extranjeras de Castelldefels

Clementina Zunzunegui, ante las verjas de la residencia Colonias Extranjeras de Castelldefels / RICARD CUGAT (EPC)

  • Una de cada tres residencias registra brotes de coronavirus y la mortalidad crece por primera vez tras la vacunación

  • La mayoría de los afectados no registran síntomas o lo hacen de forma muy leve

  • ¿Qué es la variante delta del covid?

6
Se lee en minutos
Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

ver +

Cada día, sin falta, se planta delante de la residencia Colonias Extranjeras de Castelldefels (Baix Llobregat), donde vive su madre. La mira, y trata de saludarla desde una rendija que hay en la fachada mientras la anciana reposa en el jardín. Este es el único contacto que puede tener Clementina Zunzunegui con su madre desde el 23 de julio, cuando el centro registró un brote de coronavirus que ya afecta la totalidad de los internos. Como este, la variante delta ha penetrado en el 30% de geriátricos en Catalunya y son más de cien los residentes que han muerto en los últimos 15 días. La vacuna ha permitido que la práctica mayoría no sufra grandes complicaciones. Pero el embate del virus pone de nuevo a los geriátricos contra las cuerdas, tras años exigiendo más manos y mejores salarios para sus trabajadores.

La madre de Zunzunegui tiene 92 años, e ingresó a la residencia de ancianos de Castelldefels hace ya más de seis, cuando el alzhéimer avanzó y su hija, de 72, no podía atenderla en casa. "¿Qué problema hay en que pueda llevarla a ver el mar? Los están encerrando como si esto fuera un campo de concentración, una cárcel... y les afecta a la salud: mi madre está muy mermada", explica. Madre e hija están vacunadas, pero apenas se pueden ver. "Estas medidas para protegerles les están matando", insiste la hija, que con ojos vidriosos delante del geriátrico teme que su madre muera sola, como tantos otros. Sus quejas son las mismas que las que hacen varias asociaciones que tienen a sus familiares en las residencias. Imploran que se les permita salir, y ver a sus allegados, como el resto de la población. A pesar de los brotes.

La residencia Colonias Extranjeras, explica la mujer, lleva ya 12 días cerrada a cal y canto. El 23 de julio el centro, a través de unas pruebas PCR, descubrió cinco positivos. La semana pasada ya eran 38 y el lunes dos de agosto se contaban 60 infectados. Las dos únicas personas que dieron negativo fueron evacuadas a otros geriátricos. "La mayoría son asintomáticos y hacen vida normal", cuentan algunas trabajadoras desde la puerta. La diferencia es que los trabajadores, claro está, van vestidos de arriba abajo con los trajes de protección individual. Zunzunegui explica que murieron dos personas la semana pasada. Nadie del centro ha querido, oficialmente, hablar con este diario sobre el brote.

Pero el caso de este geriátrico no es el único. A escasos metros, la residencia Mussol 2 también está afectada por el virus, con una veintena de ancianos contagiados. Los residentes hace dos años que no ven el mar. La mayoría no tienen familia, están tutelados, y menos de una decena pudieron participar en actividades lúdicas cuando estaban permitidas las salidas. "Sant Joan fue el acabose. Las playas de Castelldefels rebosaban y la variante delta se ha propagado de mala manera", cuenta la directora técnica, Olga Roure. "¡Y suerte que están todos vacunados! Solo hemos tenido que mandar una mujer al hospital, el resto son asintomáticos o muy leves. Imagínate esto sin vacuna", cuenta. En su caso, solo dos trabajadores se han contagiado. "Hemos alargado los turnos a las personas que venían a hacer refuerzos, y yo y otra compañera nos hemos quedado sin vacaciones en agosto", añade.

El Govern, en alerta

Según los últimos datos publicados por la Generalitat, la variante delta se ha adentrado en el tercio de las residencias catalanas. El 12%, catalogadas como 'rojas', con casos activos y en investigación, el triple que hace dos semanas. Y la mayoría de casos ocurren en el Maresme, el Baix Llobregat, el Penedès, el Garraf y los dos Vallès. "Estamos en alerta, pero no en alarma", dicen fuentes de la Conselleria de Drets Socials. "Gracias a la vacuna, la mayoría de los casos son asintomáticos y muy leves", explican desde la Generalitat. Los datos de ingresos hospitalarios y defunciones han ido al alza. Pero quedan muy lejos de la hecatombe de la primera ola, cuando en un solo día se registraban 200 defunciones. A diferencia de entonces, el material no escasea, se hacen más de 15.000 cribados diarios, prevén hacer medio millón durante el mes de agosto y se deriva a los hospitales cuando el panorama de los enfermos se pone grave.

Algunos de los fallecidos, aclaran desde la Generalitat, han muerto en las residencias denominadas 'buffer'. Un polémico plan iniciado por la anterior 'consellera' de Salut, Alba Vergès, que traslada a 'pacientes covid' de geriátricos con síntomas y con cierta gravedad a otras residencias con más espacios para sectorizar y donde hay respiradores. Las 300 plazas 'buffer' reservadas finalizaban contrato el 30 de junio pero el nuevo equipo de Drets Socials lo amplió.

Antígenos que llegan tarde

"Se tendrían que haber tomado medidas desde el primer momento en que vieron que el virus iba al alza entre los jóvenes. Llevamos un año y medio en pandemia, ya sabían lo que iba a pasar", sugiere Andrés Rueda, presidente de la Asociación Profesional Catalana de Directores de Centros y Servicios de Atención a la Dependencia (ASCAD). A pesar que la variante delta ya pululaba a finales de junio, no fue hasta el 20 de julio que la Generalitat volvió a obligar a los familiares de los geriátricos a hacerse test de antígenos cada vez que entraban en las residencias. "Y en estos días se nos coló", se queja Rueda.

"Seguro que hay camino de mejora, y es probable que podíamos haber reaccionado antes, pero también hay que tener en cuenta el estado de salud mental de los ancianos", responden desde el Govern. El verdadero drama de hoy en las residencias, en realidad es la carga de trabajo que siguen aguantado los cuidadores. "Estamos solas con una planta entera, no paran de salir casos de covid, faltan manos no podemos más", denuncia en un mensaje de whatsapp una trabajadora de una residencia de Sant Andreu de la Barca (Baix Llobregat) que también está sufriendo un brote.

Sin personal

Noticias relacionadas

Hace años que el gran problema del sector es la contratación de personal. "Nos cuesta muchos esfuerzo encontrar trabajadores, especialmente de enfermería. Y las bajas son muy difíciles de suplir", explica Joan Garcia, el presidente de la Asociación ACAD, una de las patronales de las residencias que la semana pasada envió una carta a la 'conselleria' insistiendo en los problemas de contratación. "Nadie quiere ponerse a trabajar en las residencias, y menos en agosto, y para dos semanas mientras se aíslan 'enfermos covid'", se queja Rueda, que avisa que si los brotes siguen creciendo, los geriátricos rozarán el colapso de personal. De momento, está ausente menos del 2% de la plantilla, 577 trabajadores.

El drama de fondo es que en las residencias de mayores las ratios de personal son muy bajas y los trabajadores están mal pagados. Una queja de los sindicatos y directores previa al coronavirus que el Govern aún no ha sabido resolver. El convenio catalán que tenía que mejorar los sueldos de la plantilla ha sido impugnado. La Generalitat paga un 14% más por plaza de los residentes pero el dinero parece que no llega a los empleados, denuncian los sindicatos CCOO y UGT.