muerte en geriátricos

La sombra del homicidio imprudente planea en Tremp

  • El fiscal de Lleida abre diligencias por posible homicidio imprudente en la residencia de la fundación Fiella de Tremp
  • En un mes, un brote de coronavirus se ha llevado la vida de 61 ancianos del geriátrico, el 42% del total
  • Los familiares quieren agruparse para pedir responsabilidades, algo
La residencia de ancianos de Tremp.

La residencia de ancianos de Tremp. / JORDI V. POU

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

Escribe desde Barcelona

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El médico de la residencia Sant Hospital de Tremp (Pallars Jussà) firmó, el 22 de noviembre, un certificado de defunción donde, y por primera vez, el motivo de la muerte era el covid-19. Treinta y un días y 61 muertos después, el fiscal de Lleida quiere investigar el geriátrico, sobre el que planea la sombra del homicidio imprudente. Los familiares claman justicia, en medio de una ley de silencio y miedo que parece impregnar toda la comarca. Con la boca pequeña y lejos de los focos, algunos alcaldes reclaman que "rueden cabezas".

Cuidadores llorando por los rincones mientras los funerarios iban retirando cuerpos de las habitaciones, abuelos escondidos detrás de una puerta para adivinar qué compañeros seguía con vida. Son algunas de las imágenes que más recuerda Dora Sagristà, una auxiliar de geriatría que se prestó voluntaria para trabajar en el geriátrico el 4 de diciembre ante la falta de personal. "¿Te puedes imaginar lo que es perder a una persona que quieres? Pues aquello era cada día. ¿Cómo crees que lo han pasado los cuidadores de la residencia?", agrega la profesional. Ella no ha trabajado más de una semana en el centro, pero rompe el silencio harta de las "malas notícias" que llegan de este geriátrico. "Muchos trabajadores se han dejado la piel, lo han dado todo, con unos sueldos miserables... se les tiene que hacer un monumento".

Sagristà llegó al geriátrico para echar una mano, pero ya pensaba que su oficio no le gustaba. "La gente nos ve como los limpiaculos, a mí nunca me ha gustado, no está reconocido", dice. Tras despedirse del asilo de Tremp, donde se ha vivido una de las mayor tasa de defunciones en un geriátrico catalán, la cuidadora se dio cuenta de que su profesión es de las más importantes. "Salvamos la vida de aquellos que la tienen más frágil: les damos la comida, les curamos, les damos los buenos días... trabajan bajo muchísima presión. Han duplicado turnos, han puesto en riesgo a sus familias... y por un sueldo que a veces no llega a los mil euros", lamenta Sagristà.

Sin corredor con el hospital

La falta de personal y la vocación de este, Sagristà lo vio en primera línia, estando en la planta de 'crítics' que denominaba el propio geriátrico. Eran unas camas donde se instalaron 20 puestos de oxígeno, y donde han acabado muriendo muchos de los residentes. Defiende que el trabajo de la nueva gestora, GSS, ha sido impecable. Fuentes del centro explican que hace ya meses, desde la pandemia, el pasillo que conecta el geriátrico con el hospital del Pallars jamás se usó para transferir pacientes al hospital. "Al otro lado del pasillo se encontraba justamente su planta covid y por eso se cerró, para evitar más riesgos", añaden.

El virus, sin embargo, acabó entrando a través de un profesional el 19 de noviembre. Al día siguiente, Salut hizo un primer cribado, donde detectaron que el 41% de los abuelos estaban infectados, y un 10% de trabajadores. El centro no se desinfectó, ni tampoco se sectorizó correctamente, según han explicado desde la Conselleria de Salut.

Homicidio imprudente

El fiscal de Lleida quiere investigar, precisamente, que es lo que falló. De momento, ya ha visto "importantes déficits organizativos" que desprenden los informes enviados por Salut. A muchos familiares les duele la tardanza de la 'conselleria' para intervenir el geriátrico y tomar medidas que pudieran salvar vidas. De momento la investigación se ha abierto por delitos como el homicidio imprudente y contra la seguridad en el empleo

Nuria Marín y Puri Saura quieren reunir familiares de fallecidos, igual que ellas, para que este drama no quede en el olvido. "Es muy difícil, la gente tiene mucho miedo a hablar", comentan. Una de sus peticiones, por ejemplo, es que el ayuntamiento de Tremp decrete días de duelo, o que coloque un crespón negro en el consistorio. "Ni se han dignado a llorar las víctimas, les importamos muy poco", lamentan.

La ley del silencio que envuelve Tremp, una localidad de 5.000 habitantes, y los pueblos de su alrededor, se intuye rápidamente. Un comentario que duela, se puede pagar, por ejemplo, perdiendo el empleo o con un boicot que puede arruinar un comercio. Tampoco pasa desapercibido que la fundación señalada por la gestión en el geriátrico tiene sus raíces en la iglesia: el rector de Tremp es el presidente del patronato, acompañado por un representante del obispado del Urgell, un exalcalde y un exregidor de la localidad.

Alcaldes que exigen destituciones en Salut

El poder político en el Pallars es otra de las partes de esta sociedad que prefiere optar por el silencio. O más bien, por no alzar mucho la voz. Es el caso de la alcaldesa Maria Pilar Casas (ERC), que ya no hace declaraciones sobre el suceso. No solo ha habido muertes en Tremp. Varios municipios vecinos también tienen víctimas de esta tragedia, y no se les ha oído.

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Los alcaldes del Pirineo se reúnen telemáticamente, todos los martes, con altos cargos de Salut, Protecció Civil o el SEM para abordar la situación epidemiológica en la región. Durante el último mes se discute sobre qué pasa en la residencia. "¿Alguien va a dimitir?", "¿Vais a pedir perdón?". Estas frases suenan en cada reunión. Primero fue un representante de una administración, no vinculado a ERC. Pero a la semana siguiente se unían al clamor otros alcaldes afectados de esta tragedia que muchos asumen que "no entiende de siglas".

Las peticiones parecen no tener respuesta. Lo único que lograron, tras presionar en estos encuentros, fue que la 'consellera' de Salut, Alba Vergès, subiera hasta el Pallars para "dar la cara". No se puede considerar que lo lograra del todo. Tampoco los alcaldes quieren decir abiertamente que piden dimisiones en Salut. "Los números y los errores nos chirrían, no se termina de entender", dicen algunos. La mayoría prefiere optar por una salida intermedia: "Primero ayudamos a solventar la situación y luego veremos quién ha hecho qué". La losa del drama y del silencio ahoga a las familias de los 61 fallecidos en vísperas de la Navidad.