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Novedad editorial

5 claves para prevenir, afrontar y superar el mobbing

Un experto y exvíctima reclama tests de personalidad previos a la selección de cargos directivos en las empresas

Detalla los rasgos de personalidad de los acosadores y pide medidas para que las víctimas no tengan que revivir el "infierno"

El acoso laboral deja secuelas físicas y psíquicas.

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Fidel Masreal

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Barcelona
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La denuncia pública del periodista Jofre Llombart, de haber sido objeto de mobbing por parte de Manuel Fuentes en Catalunya Ràdio, vuelve a poner sobre la mesa el problema de los acosadores laborales. También Juan Francisco Miras y ha sufrido mobbing, como otros tantos miles de hombres y mujeres. Fue "un interminable proceso", que se prolongó durante casi ocho años. Tanto es así, que un médico le advirtió de que incluso se produjo una correlación entre su hipertensión y los episodios de 'mobbing'. La experiencia, que recuerda como algo francamente amargo, se repitió dos años y medio más tarde por parte de tres empleadas de otra empresa.

Ahora Miras explica en el libro 'En guardia frente al mobbing' no solo su recuperación, lograda en parte gracias a la práctica de la esgrima, sino que ofrece claves para tratar de evitar, afrontar y superar estos casos de acoso, que lesionan gravemente el cuerpo y la mente de quienes los sufren. Un auténtico "infierno", recuerda el autor, que pide no banalizar estas pesadillas, que hacen que el ánimo de muchos trabajadores se desplome cada domingo, ante la perspectiva de regresar al puesto de trabajo. De regresar al infierno.

Escribe el autor: "La envidia es uno de los rasgos patológicos característicos en todas las modalidades de las personalidades narcisistas; mientras que la mediocridad es un rasgo que pueden compartir paranoides, maquiavélicos". Es decir, que tras el autoritarismo y las agresiones verbales o el maltrato existe, en realidad, envidia o mediocridad. O ambas. Añádase a estos rasgos que "el perfeccionismo y la necesidad de control pueden llegar a estar enmarcados dentro del espectro de los trastornos obsesivo-compulsivos característicos, por ejemplo, de acosadores adictos al trabajo, aunque también pueden encontrarse en algunas víctimas". Los patrones de conducta del acosador son

-Minimización del impacto de sus acciones

-Dificultad para asumir responsabilidades

-Dificultad para gestionar sus impulsos y ante la frustración

-Nivel reducido de empatía emocional

-Uso recurrente de la intimidación emocional o control en situaciones de estrés

Por todo ello, el autor reclama que se lleve a cabo una "adecuada selección" de mandos y directivos empresariales que incluya un test de personalidad previo a la decisión de su nombramiento.

Escribe el autor, que fue víctima, que "el acoso psicológico en el trabajo, en su variante como “acoso depredador”, se caracteriza, generalmente, por la asimetría de poder; siendo la ocurrencia del acoso descendente (ejercido por un superior, no siempre jerárquico, a un subordinado) aproximadamente dos veces y media superior al del acoso horizontal". Además, precisa, suele existir "un acosador principal", aunque a veces no actúe solo. El acosador se caracteriza, entre otros rasgos, por su "sistematicidad".

Es esencial que las organizaciones donde tiene lugar el acoso tomen medidas en términos de salud para minimizar los riesgos. Decisiones tales como, propone Miras, "la separación entre el acosador y la víctima mediante cambios de turno, reubicaciones o la suspensión de la relación laboral con exoneración de prestación de servicios al trabajador acosado sin que ello implique modificación alguna de las condiciones sustanciales de su contrato de trabajo". El 'mobbing' traumatiza a las víctimas, que no desean volver a un puesto de trabajo que "les ha causado una lesión en su salud mental", incluso aunque el acosador haya sido despedido. También es recomendable, detalla el autor, "la intervención externa de expertos conflictólogos imparciales en las organizaciones que pudieran ser contratados para intervenir activamente".

Miras detalla de qué tipo de agresiones hablamos cuando nos referimos al acoso laboral. Además de las críticas vehementes, injustificadas o inapropiadas, las burlas y las amenazas, existen agresiones verbales entre las que destacan los gritos. Destacan "por su poder devastador y su frecuencia". Es una "violencia psicológica" que genera un ambiente hostil y humillante "que ocasiona daños emocionales en la víctima como ataques de ansiedad o pánico, estrés y vergüenza" que, además, pueden proyectarse en esferas de su vida privada y afectar a su relación de pareja y a su relación con la familia y los amigos.

Se llama revictimización y afecta a todos los que deben volver a revivir su episodio traumático y, especialmente, señala el autor, "cuando se cuestiona la veracidad de su testimonio". Esto puede suceder tanto cuando incluso es denunciada por el acosador, como cuando se cuestiona su versión por omisión, "al no establecer el empleador las medidas adecuadas para poner fin al acoso": También la víctima puede sentirse acusada o revictimizada cuando, durante la investigación del caso en la empresa o ante la inspección laboral o en el juicio, es obligada a "someterse a evaluaciones periciales y contrapericiales forenses o a prestar testimonio".

Es más, puede ser que la revictimización se produzca por parte del propio círculo social cuando la víctima pide ayuda a un abogado, un sindicato o una unidad de salud laboral y ha de rememorar lo sucedido. Miras opina que sería deseable que el Estatuto de la Víctima, aplicable a delitos de mobbing, se extendiese a las jurisdicciones laboral y contencioso-administrativa; declarando las víctimas el mínimo número de veces posible. Y es que el juicio posterior, añade, "va a afectar a algunos procesos cognitivos de la víctima, como el de la memoria", escribe Miras. Ser víctima dos veces "comporta síntomatología ansioso-depresiva asociada al recuerdo de los hechos traumáticos".

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