El tabú de la salud mental

Familias golpeadas por un suicidio: "Mi madre era una mujer de éxito y, aun así, se quitó la vida"

La muerte por suicidio sigue al alza: 607 catalanes se quitaron la vida en 2022

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La superviviente del suicidio, Clara Rubio, que ahora trabaja en la Associació Catalana de Prevenció del Suicidi. AUTOR: JORDI OTIX

Beatriz Pérez

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Lo que vivieron Clara Rubio y Laura Horcajo, ambas de 35 años, hace 15 y 10 años respectivamente fue un doble duelo. Al dolor de perder a sus madres, se unió el hecho de que la muerte de ambas fue por suicidio. Esta historia compartida unió a Clara y a Laura hasta el punto de que ambas crearon, en 2012, la Associació Catalana per a la Prevenció del Suïcidi. Clara es la presidenta y Laura, la coordinadora.

"Sentí rabia y culpa tras el suicidio de mi madre"

Laura Horcajo

Ambas, como supervivientes al suicidio, ofrecen desde la entidad un tipo de ayuda que en su momento ellas no encontraron, ya que el suicidio estaba entonces aún más estigmatizado que ahora. El duelo por suicidio de un ser querido es uno de los más complejos. Y, en medio, hay un gran colectivo "olvidado": las familias. No solo las familias de personas que se han suicidado, sino también de aquellas que están en riesgo, que son a quienes da apoyo la asociación. Un tipo de ayuda que ni Clara ni Laura tuvieron en un momento en que el suicidio estaba todavía más silenciado que ahora.

"Yo no sentí tranquilidad con la muerte de mi madre, sentí rabia. Me preguntaba por qué me había dejado, si no se daba cuenta de lo mucho que la necesitaba. Y sentí culpa", cuenta Laura. Tenía solo 25 años cuando su madre se quitó la vida. Sufría esquizofrenia, había tenido una vida "muy complicada" y había cometido previamente otras tentativas. Laura recuerda el estigma sufrido. "La familia no decía nada. Cuando mi madre ingresaba por una crisis, todo era un secreto".

Teléfonos de ayuda

El suicidio tiene un origen multifactorial, no una única causa. Es una muerte prevenible y hay espacios donde encontrar ayuda. Algunos teléfonos gratuitos en caso de conducta suicida son, en Catalunya, el 061 y, en toda España, el 024. El Ayuntamiento de Barcelona cuenta con una línea de atención al suicidio (900 925 555) que atiende llamadas de otras comunidades. El Teléfono de la Esperanza (717 003 717) también ofrece asistencia.

Este domingo se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En 2022, un total de 607 personas se quitaron la vida en Catalunya, un 5% más que 2021, según las últimas cifras de la Conselleria de Salut. "El Pla de prevenció de del suïcidi de Catalunya (Plapresc) es un éxito, sí. Pero aún falta más vínculo con las entidades y recursos económicos", afean tanto Clara como Laura a la Administración.

Clara Rubio es la presidenta de la Associació Catalana per a la Prevenció del Suïcidi.

Clara Rubio es la presidenta de la Associació Catalana per a la Prevenció del Suïcidi. / Jordi Otix

"Años de sufrimiento"

La situación de Clara fue algo diferente de la de Laura. Su madre también llevaba a sus espaldas "muchos años de sufrimiento", con varias depresiones, y había cometido previamente "muchas tentativas". Pero esta mujer no entraba dentro del canon. "Ella es [habla en presente de su madre] una feminista de la época, muy orientada a la sociedad, al proyecto profesional, a sus amistades. Una mujer que ha viajado, interesada en el mundo, deportista. Con capacidad económica. ¿Cómo una persona de éxito, que ha alcanzado los estándares de la felicidad, con hijos, se suicida?", plantea Clara.

Reconoce que la muerte de su madre fue una "liberación" porque entendió que había tomado un camino que le permitía dejar de sufrir. "No lo validas, pero lo entiendes", explica. Aun así, con solo 20 años (los que tenía cuando su madre se quitó la vida) tuvo que enfrentarse a muchas preguntas y, también, a un entorno social al que le daba "miedo" y "vergüenza" hablar de lo ocurrido. "Yo no sabía hasta qué punto podía contar lo ocurrido".

La asociación ofrece apoyo a familias cuyos hijos están en situación de riesgo

Sin embargo, ni ella ni Laura escondieron nunca el suicidio de sus madres, pero cortan rápidamente a quienes intentan saber más. "Murió por suicidio y no hay más explicación", cuenta Clara que responde cuando le preguntan más de la cuenta. "Yo no quiero que el principal recuerdo de mi madre sea cómo murió. Quiero recordar todo lo que aportó, construyó y todo por lo que lucho. Y luego, sí, murió en unas circunstancias determinadas", añade.

Laura Horcajo perdió a su madre por suicidio a los 25 años.

Laura Horcajo perdió a su madre por suicidio a los 25 años. / Jordi Otix

Hay otras cosas que solo se entienden con el tiempo. Ahora, 15 años después, Clara comprende que su madre, además, también sufrió todo el sesgo de género de la época. Las mujeres, recuerda, cometen el doble de tentativas suicidas que los hombres, aunque los hombres se suicidan hasta tres veces más que ellas. El hombre en general, explican los expertos, mata más: a otras personas, pero también a sí mismo. Es más violento.

"Vivir sin rabia"

Sorprende el tono calmado con el que tanto Clara como Laura hablan de su historia. ¿Cómo se hace para vivir sin rabia? "La rabia no lleva a encontrar soluciones, ni tampoco respuestas. Sin embargo, bien vehiculada te ayuda a ver alternativas. Yo la uso para comunicar, llegar a más gente y utilizarla en un objetivo más vinculado al bien común", dice Clara.

Todos podemos hacer prevención: "Basta con escuchar, no mirar hacia otro lado ni sentir vergüenza"

Desde la asociación, tanto ella como Lara hacen "mucha contención". Sobre todo asisten a padres y madres cuyos hijos están en situaciones de riesgo. "Intentamos facilitarles herramientas. Y hacerles entender que, como padre o madre, no eres su psicólogo. Debes ofrecerle apoyo incondicional y escucha activa", explican.

Su activismo también les ha llevado a ver las cosas de otra manera. "He entendido que todos podemos ser partícipes de la prevención: basta con escuchar y no mirar para otro lado, ni tampoco sentir vergüenza", se sincera Laura. Ha comprendido también que el sufrimiento de su madre era tan grande, que no le dejó ver absolutamente nada más allá, ni siquiera que tenía dos hijos.

"A mí me ha salido más la culpa a raíz del trabajo con la asociación. He visto de cerca la soledad de muchas personas. De haber sabido muchas cosas entonces, creo que hubiera contribuido a mejorar su bienestar emocional. Lo hubiera podido hacer mejor, pero es algo que sé después de todo este trabajo", concluye Clara.