Día Mundial de la Prevención del Suicidio

"Necesitas que alguien te recuerde que no quieres suicidarte, sino dejar de sufrir": hablan familias y supervivientes

Los fotógrafos Jordi Otix y Manu Mitru presentan el proyecto artístico documental 'Silencis trencats', en el que supervivientes y familias hablan en primera persona para contribuir a romper el tabú y el estigma

Silencis trencats

Silencis trencats / Manu Mitru / Jordi Otix

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Sobre la muerte por suicidio, la primera causa por fallecimiento no natural entre jóvenes de 15 a 29 años, sigue pesando un tabú que encarcela a los afectados y que demasiado a menudo se convierte en un obstáculo para abordar esta emergencia social. Para hacer visible esta realidad y contribuir a romper el estigma, los fotógrafos Manu Mitru i Jordi Otix, colaboradores de EL PERIÓDICO, presentan 'Silencis trencats', un trabajo documental artístico que han realizado con la participación de las asociaciones de prevención del suicidio, y en el que supervivientes y familiares hablan en primera persona sobre "este tipo de pérdida que implica un gran sufrimiento, tanto para la persona que lo experimenta como por su entorno, y que transita un tipo de dolor muy complejo", afirman los fotógrafos. Con motivo del Día Mundial contra la Prevención del Suicidio, el proyecto, del que forman parte 11 testimonios, se presentó el jueves en la cárcel de Can Brians y este sábado se podrá ver durante todo el día en la plaza de la Universitat. "Romper el silencio es el primer paso", dice uno de los supervivientes y lo confirman los especialistas y asociaciones que han colaborado en el proyecto. "Queda mucho trabajo por hacer, faltan compresión, recursos, educación, comunicación y sobre todo acompañamiento", aseguran Mitru y Otix. En esta pieza, una decena de ellos toman la palabra.

Silvia

"Los médicos solo sabían medicarme y encerrarme"

"Tengo 39 años y vivo con discapacidad. Nadie entiende mi sufrimiento y mi dolor. Mi mente es mi peor enemiga, me hace sentir culpable, indigna, fracasada, mala persona... por intentar cumplir con las expectativas de la sociedad y las mías propias como mujer.

Llegó un momento en que mis pensamientos me oscurecieron el alma. La enfermedad se manifestó como olas enfurecidas que amenazaban mi cordura. Este viento se llevó por delante mi sentido común. Los médicos no supieron diagnosticarme ni tratarme. Solo sabían medicarme y encerrarme, mientras empeoraba y la vida dejaba de tener sentido. En 2016 decidí acabar con el sufrimiento, el dolor y la desesperación quitándome la vida. Tras un tiempo en la UCI y meses hospitalizada con graves secuelas, me reencontré y resurgí. Comprendí que, de alguna manera, soy una obra de arte por dentro y fuera, que deseo ser una gran obra maestra. Descubrí que "ser y estar" lo es todo y que la vida es para vivirla, sentir y aprender".


Alba, de 50 años, y vecina de Ribes de Freser.

Alba, de 50 años, y vecina de Ribes de Freser. / Manu Mitru / Jordi Otix

Alba

"Quieres que el sufrimiento acabe al precio que sea"

"Vivir en Ribes de Freser, rodeada de naturaleza, es un privilegio, pero en el entorno rural sufrimos una falta de recursos en salud mental. Hace 20 años me diagnosticaron un trastorno bipolar tras un primer intento de suicidio, el primero de cuatro. Después, en 2016, estuve a punto de morir dos veces por complicaciones derivadas de una estenosis traqueal (estrechamiento de tráquea) que padezco desde entonces. El sufrimiento físico y anímico, la angustia, te vuelven impaciente. Sobre todo si es muy intenso, quieres que todo se acabe ya, y cuanto antes mejor.

Incluso si el precio que debes pagar es tu propia vida. Tras un intento, aunque tengas suerte y sobrevivas, tu vida cambia. Te conviertes en una persona con un diagnóstico socialmente muy estigmatizado. Empieza un nuevo camino en el que debes aprender a aceptar la enfermedad y a convivir con ella, a menudo en un entorno que no lo entiende. Pero también conoces nuevos compañeros de viaje, aquellos que, como tú, saben qué es sufrir. Que no te juzgan ni te dan consejos, y que te dicen que, aunque te parezca imposible, ese dolor que estás viviendo acabará. Eso es lo que necesitas, alguien a tu lado que te recuerde que cuando estás bien te gusta vivir y que, en realidad, no quieres morir, sino que lo que realmente deseas es dejar de sufrir".


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Anna asegura que las personas con problemas de salud mental son tratadas como un "estorbo". / Jordi Otix / Manu Mitru

Anna

"Eres realmente fuerte si resistes cuando todo te va en contra"

"Cada año celebro dos aniversarios: uno, el día de mi nacimiento; el otro, el día en el que casi me quito la vida. Digo yo que, si el aniversario es para celebrar que seguimos vivos, el día que vi a San Pedro a las puertas del cielo y lo dejé allí plantado es un día para celebrar. Y básicamente me gustaría agradecérmelo a mí misma. No a las instituciones de salud mental, que te abandonan a tu suerte con listas de espera interminables. Tampoco a los centros psiquiátricos, donde he visto utilizar la violencia injustamente. Las personas con enfermedades mentales nos tenemos que agradecer a nosotras mismas el resistir en un mundo en el que se nos dice que somos un estorbo, que somos débiles y cobardes. Tenemos que reivindicar que, si hemos podido resistir en una sociedad que nos va a la contra en nuestro momento más bajo, es que somos realmente fuertes. Pienso celebrar cada año que aquí estamos, que existimos, resistimos y que no pensamos escondernos nunca más".


Marcos.

Marcos, de 45 años, divorciado y padre de dos hijos. / Jordi Otix / Manu Mitru

Marcos

"Ahora tengo que rehacer mi vida desde el principio"

"Tengo 45 años, dos hijos y estoy divorciado. En 2015 caí en una depresión profunda después de pasar un año fantástico. Lo que entonces no sabía es que aquella euforia era síntoma de que alguna cosa no iba bien. Me intenté suicidar en dos ocasiones. Y la última casi lo logro, pero lo que obtuve fueron cuatro ingresos en unidades psiquiátricas. El más largo fue de cinco meses. Cuando la tormenta pasó, me encontraba en un lugar árido, sin nada y, sobre todo, sin nadie: el estigma del "enfermo mental" hace que la gente te vea como un pájaro de mal agüero. Pasas de ángel a demonio en el preciso momento en el que te colocan la pulsera del hospital. Ahora, por delante, tengo un campo que conrear hasta que pueda rehacer mi vida desde el principio".


Nacho.

Nacho, de 53 años. / Jordi Otix / Manu Mitru

Nacho

"Debemos hablar para ser escuchados sin sentirnos juzgados"

"Hace cosa de un año cometí un suicidio. Cuando digo cometer es que así fue literalmente, no un intento. Hubo un momento en que mi realidad personal se volvió muy extrema para seguir adelante. La salud, la economía, la profesión y el estado emocional forman parte de un flotador que da equilibrio y sentido a la vida. En un momento dado sentí que empezaba a hundirme y que ese flotador no paraba de desinflarse. Y me ahogué. Sorprendentemente, la vida me ha devuelto hasta aquí y ahora, con 53 años, me siento incluso más desamparado que antes. El estigma pesa mucho. Hay mucho trabajo por hacer, falta compresión, recursos, educación, comunicación y, sobre todo, acompañamiento. Nos sentimos muy solos. Yo aún me siento solo. Debemos luchar para que la normalidad sea hablar del asunto. Hablar y hablar para ser escuchados sin sentirnos juzgados".


María José y José Manuel.

María José y José Manuel perdieron a su hija, Kira. / Jordi Otix / Manu Mitru

María José y José Manuel

"Romper el silencio es el primer paso para prevenir el suicidio infantil"

"El 19 de mayo de 2021 nuestra hija se quitó la vida con apenas 15 años. Cuando una adolescente se suicida no es que quiera morir, es que quiere dejar de sufrir. Kira padeció 'bullying' y violencias por parte de un adulto en su colegio durante más de una década, de forma silenciada, normalizada, etiquetando a la víctima como el problema, robándole la autoestima. Descubrir que Kira no era la única ni la última afectada hizo que convirtiéramos nuestro dolor en lucha. Los colegios deben ser lugares seguros, donde se escuche a quienes lo pasan mal y se actúe desde el primer día, sin excusas ni mentiras. La inacción del centro es otra forma de violencia. Si el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte infantil no es casualidad. Es causalidad. El suicidio infantil se puede y se debe evitar. Romper el silencio es el primer paso".


Noa.

Noa, de 48 años y vecina de Can Tunis. / Jordi Otix / Manu Mitru

Noa

"De todo se sale, tengo tantas cosas por hacer"

"Soy de Can Tunis, de etnia gitana y mi familia me apartó por mi identidad de género. En aquel momento tuve que prostituirme para salir adelante, con el desgaste emocional y mental que eso supone. Mi primer intento de suicidio fue en un centro de menores. Me sentía desamparada y totalmente abandonada. Desde entonces he querido morir muchas veces. He crecido con este doble estigma: ser gitana y transexual, criada en la calle, en los centros de menores y más tarde en la prisión, donde se suicidó mi pareja de entonces. La DGAIA me ha quitado la custodia de mis hijos. Pero sigo luchando. De todo se sale, me quedan muchas cosas por hacer y tengo unos hijos a los que quiero ver crecer".


Rosa, Xavi, Mònica y Jordina.

Rosa, Xavi, Mònica y Jordina. / Jordi Otix / Manu Mitru

Rosa, Xavi, Mònica y Jordina

"No hay palabras para describir la rabia, el dolor y la culpa de la familia"

"Seguramente el cine fue para ti una oportunidad para crear, soñar, jugar y mostrar tu mirada. Puede que también fuera un refugio, un espacio en el que evadirte, porque a veces la ficción es más habitable que la realidad. Eso solo lo sabías tú. Con 23 años, el sufrimiento te robó tu tiempo de vida. El 14 de octubre de 2015 te suicidaste y una parte de nosotros murió contigo. No hay palabras para describir la rabia, el dolor, la culpa y la impotencia que sentimos en saber que no pudiste vivir tranquilo en este mundo y que ya no volverás. Te echamos en falta cada día. Con el tiempo, estamos aprendiendo a convivir con este vacío y a entender que, si nosotros morimos un poco contigo aquel día, tú ahora revives en nosotros, en cada mirada, sonrisa y película. Siempre estarás con nosotros".


Alba.

Alba, de 29 años. / Jordi Otix / Manu Mitru

Alba

"No tuve precisamente una infancia Disney"

"No tuve precisamente una infancia Disney, sino todo lo contrario. A los 15 años, cuando ya no pude más, le conté a mi madre las violaciones que llevaba tiempo sufriendo por parte de su pareja y me echó de casa. Me fui con mi padre y los dos acabamos viviendo en la calle. Muchas veces en que él se iba a trabajar a Barcelona, yo me quedaba sola en Vilafranca del Penedès. No conocía a nadie y me sentía como un juguete roto. En este contexto de soledad y sufrimiento, tuve pensamientos suicidas y llegué al extremo de intentar quitarme la vida varias veces. Estoy en un momento de mi vida en que a otras mujeres les deseo una frase modesta: 'Yo soy, yo quiero, yo puedo'".