Mis primeros recuerdos musicales fueron en mi casa, en Croxley Green. Fui adoptado por un emigrante polaco y su esposa francesa y la música en casa era muy ecléctica, orquestral, como Richard Strauss, o una extraña música folclórica ucraniana. A mi madre, dado su origen, le gustaban Édith Piaf y Georges Brassens.

Mi padre tocaba la guitarra de forma amateur en un grupo folk ucraniano, pero tuvo que dejarlo cuando perdió el dedo índice de la mano izquierda en un accidente laboral. Cuando lo reclutó el ejército alemán (su padre era alemán), le dieron una baja de un año por el dedo, justo antes de que sus coetáneos fueran enviados a morir en el frente ruso.

Al volver, lo enviaron a un cuartel en Francia. Tengo fotografías suyas donde aparece con un aspecto bastante cursi junto a otros soldados nazis, todos con uniforme. Más adelante fue capturado por la resistencia francesa, pero logró persuadirlos de que en realidad no era alemán, sino polaco, y que había sido reclutado por el ejército alemán en contra de su voluntad. Le creyeron y lo enviaron a Italia, donde luchó con el Ejército Libre de Polonia contra los alemanes. ¡A eso le llamo yo cubrirse las espaldas! Eso sí, nunca dejó de amar la música.

Jack Orton

En busca de mi pasado

Cuando tenía poco más de 20 años, me puse a buscar a mis padres biológicos y encontré a mi madre, que resultó ser irlandesa y vivía en Bearden, una ciudad de Arkansas, en Estados Unidos. Por lo visto, había sido la cantante de una de las mejores bandas en Irlanda. De una forma u otra, la música siempre ha estado presente en mi familia.

No recuerdo ningún momento en que no me encantara tocar instrumentos. Hasta hace poco, era un auténtico purista en cuanto a amplificadores. Utilizo el pedal de efectos que puede verse aquí, el modelo Helix de Line 6, porque King Crimson tiene tres baterías delante —algo bastante poco habitual— por lo que no podemos usar amplificadores con un gabinete (que te ayuda a oír lo que tocas), ya que donde primero llega el sonido es a los micrófonos de la percusión. El Helix es un equipo mágico y fiable que recrea este efecto. Gracias a él, tampoco necesito tener un montón de pedales distintos, como wah-wahs, delays o reverberaciones.

Espero transmitirle a mis hijos algo de mi pasión por la música. Mi hijo Django empezó en el conservatorio este otoño y mi hija Amber canta y toca el piano de maravilla, así que parece que los genes están ahí. La aventura continúa...