Huelga de profesores

El conflicto con el sector educativo no hace mella en ERC y agita a Junts

  • Los republicanos consideran que la gran mayoría de los catalanes apoya el adelanto del curso escolar

  • Junts, como hace 15 años Esquerra, está más pendiente del 'núcleo duro' de su militancia que de su electorado

Los profesores piden la dimisión de Cambray en la inauguración del Saló de l’Ensenyament. / FOTO Y VÍDEO: RICARD CUGAT

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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En 2006, ERC, tras consultar a la militancia, expresó que, en el referéndum del Estatut haría campaña por el 'no'. Entre los defensores del 'sí' a la Carta autonómica (faltaban cuatro años para la sentencia del Tribunal Constitucional) hizo fortuna un lamento: "Preferimos hacer caso a 10.000 militantes que a 600.000 votantes". Tres lustros después, Esquerra ha tomado decisiones pensando más en el millón de votantes (su máximo, en 2017), que en lo que siempre ha sido su base social. En sentido contrario, cada decisión que toma la dirección de Junts es contestada por un número indeterminado de personas, muy activas en las redes sociales, pero que en ningún caso hacen sombra al millón de votos (también máximo hace cinco años).

Los profesores de las escuelas catalanas se han movilizado y, como suele ser habitual, han creado un movimiento de erosión hacia el Govern y, en concreto, sobre el 'conseller' de Educació, Josep Gonzàlez-Cambray. Los sindicatos acusan al 'conseller' de negar el diálogo a la comunidad educativa en medidas tan polémicas como el adelanto en una semana del inicio del curso escolar.

Sin elecciones a la vista es imposible certificar a ciencia cierta si esa erosión existe y en qué grado. Ahora bien, ante la imposibilidad de valorar, mediante un recuento electoral, ese eventual desgaste, cabe preguntarse, al menos, si los republicanos han detectado algún movimiento en ese sentido o si, como mínimo, lo temen.

"No", es la sucinta respuesta que aporta un portavoz autorizado del partido. "Somos conscientes del revuelo y el malestar de los sindicatos de profesores. Pero también creemos que hay un discurso confuso por su parte. Saltaron como resortes cuando se aprobó el adelanto del calendario, pero después han reclamado muchas otras cosas, seguramente porque la mayoría de la ciudadanía apoya el adelanto. Y es que por primera vez en mucho tiempo, los sindicatos educativos se pusieron en otro plano", defiende esta voz.

Y añade: "Los sindicatos son próximos a la CUP, por lo tanto, por ahí no nos erosionamos. Y los miles de profesores... pues habrá de todos los colores y muchos lo son porque hemos creado las plazas tras años de recortes. Lo que tenemos muy claro es que el adelanto del calendario ha sido muy bien recibido por la mayoría, no solo de nuestros votantes, sino de todos los partidos. Porque nace de aplicar un poco de sentido común. ¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de que 'casi tres meses de vacaciones es demasiado'?".

Cambray, a salvo

"Cambray no está en la cuerda floja. Nunca lo ha estado. Aunque es obvio que se halla en el centro de la diana. Y que se podrían haber hecho las cosas mejor, como convocar a los sindicatos en el mismo momento que se comunica la aprobación del adelanto", sigue la misma voz. Con el único apoyo de su partido, Cambray ha sido esta semana casi un apestado, baste recordar el episodio del pasado miércoles en el Parlament. En la vigilia, el 'conseller' comunicó a sus compañeros de Govern que se celebraría un acto en apoyo de la escuela en catalán y en contra de la sentencia del 25% de las clases en castellano.

Todos los 'consellers' convergentes confirmaron, minutos antes de la hora concertada, su participación. Hasta que el grupo parlamentario de Junts llamó a retreta y solo el titular de Salut, Josep Maria Argimon, que seguramente conserva aun la inocencia de la gente corriente y moliente, apareció en la foto junto al 'president', los 'consellers' y el grupo parlamentario de ERC. La consigna, obviamente, era dejar solo a Cambray o, como mínimo no darle apoyo explícito.

La gran crítica a la acción del titular de Educació es que impulsó la aprobación del adelanto del calendario sin contar, léase, comunicar o negociar, con la comunidad educativa. Y esa decisión, en el mejor de los casos, corresponde, en efecto, a Cambray. Pero con el apoyo total y absoluto del partido. "Si lo hubiésemos expuesto antes, no se hubiera aprobado. Como hubiera sucedido con la apertura de las aulas en la pandemia, a la que los mismo sindicatos también se opusieron".

No se trata de malas artes, alegan en ERC: "Gobernar es tomar decisiones. Y si se quiere transformar, hay que mantener el rumbo", asevera una fuente de Govern. "Estamos transformando. La ratio de alumnos bajará, ni que sea por la evolución demográfica y se hará gratuito el P-2".

El pacto lingüístico

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El acuerdo entre PSC, ERC, Junts y 'comuns' sobre el uso del catalán en las aulas sacó a Cambray de la primera línea de crítica. El baile de la yenka de Junts, al son de los tuits de los sectores más irredentos del independentismo, ha copado la atención pública.

El pacto, para ERC, es otra aplicación del principio de realidad. Basado en dos puntos: que el castellano, por su peso en la sociedad catalana, no puede ser solo una mera 'materia educativa', como el inglés, y en que cualquier acuerdo que no incluya al PSC está condenado al fracaso y es fuente de futuros cismas. Además, los republicanos recuerdan que el uso del castellano solo se daría en aquellas zonas en las que esta lengua está en retroceso o casi desaparecida. "Es decir", sentencia triunfante una fuente de ERC, "en ninguna parte".