Ir a contenido

Las elecciones a la ANC plasman la polarización de la entidad

Liz Castro, que denunció presiones en la última votación, supera al presidente Sànchez

Roger Pascual

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez.

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez. / ELISENDA PONS

No se puede explicar la historia de lo que ha pasado en el último lustro en Catalunya sin hablar de la Assemblea Nacional Catalana (ANC). La imagen de Carme Forcadell reclamándole a Artur Mas "'president', posi les urnes" es el símbolo de la fuerza que llegó a tener esta plataforma independentista. Motor de las grandes movilizaciones ciudadanas en favor de la independencia, la ANC ha perdido fuelle en los últimos meses, especialmente desde el 27-S. Forcadell abandonó hace un año la presidencia de la organización para poner rumbo al Parlament, siendo sustituida por Jordi Sànchez, tras una polémica elección. 

Casi 34.000 socios estaban llamados a votar a los 77 miembros del secretariado, que tendrán que elegir el día 21 en un cónclave al presidente para los próximos dos años. Tras unos meses de turbulencias, este sábado el presidente se enfrentaba a un referéndum. Los críticos de Sànchez (al que acusan de ser demasiado cercano a las tesis de Convergència) no habían apostado por un candidato único, pero sí que han contado con personalidades que han dado un paso al frente como Quim Torra, el exdiputado de la CUP Antonio Baños y miembros del secretariado, como Agustí Alcoberro, próximo a ERC, y Liz Castro. La participación ha sido baja, de apenas un 21,4%, pero la entidad ha empleado más de 10 horas en el recuento de 7.247 votos. Castro ha sido la candidata más votada, con 4071 votos, 65 más que Sànchez 319 más que Baños.

Esto no quiere decir que Sànchez se haya quedado sin opciones de repetir, ya que el año pasado fue el cuarto candidato más votado, por detrás de Castro, Rosa Alentorn y Alcoberro. Finalmente los miembros del secretariado terminaron eligiéndole como presidente, en una elección en la que Castro denunció presiones. En las últimas semanas ha habido mucha tensión, como plasmó la carta en la que ocho miembros del secretariado denunciaban el "oscurantismo falta de transparencia" o la decisión de la junta electoral de retirar (y luego readmitir) las candidaturas de Quim Torra y Jordi Calvís, provocando expresiones airadas de “golpe de Estado” y “guerra fratricida”. Una muestra de que la ANC no es una entidad cualquiera, convertida en el enésimo campo de batalla de la lucha por el poder entre CDC y el sobiranismo de izquierdas, representado por ERC y la CUP, en pugna permanente por la hegemonía política y civil.