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Una estelada gigante en la Via Lliure.

AFP / LLUIS GENÉ

Objetivo: desactivar la ANC

Xavier Bru de Sala

La Assemblea está condenada a hibernar o tocar la flauta

Como sabe todos, la ANC ha sido uno de los grandes protagonistas, sino el principal motor del 'procés'. Su capacidad de convocatoria y movilización es un fenómeno del todo inusual en la Europa de hoy. Los partidos la respetaban, la temían y se abstenían de manipularla, no por falta de ganas sino de posibilidades. Ni el presidente Mas, en la época en que el aura lo revestía, osaba dar un paso en la ruta soberanista sin contar con la bendición y la colaboración activa de la ANC. Sin la presión de la ANC a favor de una candidatura unitaria, Junts pel Sí no habría cuajado. Por poco no fue un éxito completo, pero el 2% que faltó aquel día es una barrera democrática.

Quizás a algunos les cuesta todavía de ver, y sobre todo de creer, y todavía más de pensar y actuar en consecuencia, pero el después del 27-S es muy distinto de lo que si el independentismo hubiera alcanzado el 50% de los votos. O si las perspectivas de conseguir la cifra mágica siguiendo el full de ruta estuvieran mínimamente claras. En este caso, las movilizaciones a cargo de la ANC aumentarían en vez de apaciguarse, mientras el Parlament prepararía la desconexión de veras. Asimismo, las grietas en el interior de Junts pel Sí, cada vez más graves, se ocultarían en vez de exhibirse por razones electorales.

El caso es que la ANC está condenada a hibernar o tocar la flauta. Las portentosas por insuficientes energías de la ANC, y de Òmnium, fueron entregadas a Junts pel Sí, que las chupa y diluye como un enorme vampiro aferrado a la yugular. Si esto fuera todo, pues aún, pero hay más. Los dos grandes partiera del soberanismo, ERC y CDC, se preparan para dar medio paso atrás, táctico o estratégico según el caso. Convergència, porque pretende disfrazarse de partido de orden y no lo puede hacer sin poner en lugar destacado algún soberanista no independentista. Esquerra, porque si puede formar mayoría con los Comuns, deberá aflojar un poco los tornillos de la independencia.

A ninguno de los dos partidos les interesa que el ANC denuncie los “matices” que cocinan y les acuse de retroceder, o incluso de traicionar el Procés (entre otras cosas porque no será el caso, puesto que el Procés se deberá reformular para no convertirse en fantasmagoría). Aún peor, los dos partidos contemplan con horror que la ANC pueda resucitar la amenaza de configurar una candidatura independentista civil y radical. En consecuencia, CDC y ERC harán los posibles, sin necesidad alguna de coordinar los esfuerzos, porque la organización quede exangüe, dividida, y pierda toda capacidad de presionarlos y entorpecer sus respectivos caminos: ERC, hacia la tan deseada victoria en las autonómicas, la hegemonía soberanista y los pactos con los 'comuns'. Y CDC, en busca de unos votos perdidos donde ya no están.