EDITORIAL

Diez días para la desescalada

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El Periódico

Terrazas en la calle de Enric Granados.

Terrazas en la calle de Enric Granados. / FERRAN SENDRA

Catalunya contiene la respiración, el Govern ha decidido prorrogar 10 días más el cierre de bares, restaurantes, gimnasios, cines y teatros para seguir reduciendo las cifras de contagios y aligerar la presión sanitaria. Aunque la curva de contagios ha descendido, el riesgo de rebrote es aún muy alto. Se impone la prudencia, pero si la tendencia persiste, la fecha del 23 de noviembre se perfila como el día en que empiece a retomarse la actividad. Un retorno paulatino y siempre condicionado a los datos de la pandemia.

Por el momento, los centros de estética, masaje y servicios sanitarios ya pueden atender a sus clientes. El resto de las actividades tendrán que esperar. Los 583 pacientes ingresados en las ucis dan la medida exacta de la extrema dificultad del momento. Aun así, el Govern ya está trazando el plan de apertura. Si la curva sigue en descenso, las primeras actividades que se podrán reanudar serán las que se desarrollan al aire libre, incluido terrazas de bares y restaurantes. El resto se irá analizando individualmente, también todo lo que afecta a la movilidad. Es posible que el cierre perimetral de fin de semana se amplíe a la comarca. Por el contrario, el toque de queda nocturno aún está lejos de levantarse.

Es evidente que el virus marca el calendario. Diez días son una eternidad para aquellos negocios que luchan por mantenerse a flote. Las dificultades se acumulan y la desesperación hace mella en el ánimo colectivo. Estos días, numerosos profesionales de los sectores afectados han manifestado su indignación y desaliento. Frente al cierre de las actividades en Catalunya, la comparación con la Comunidad de Madrid –donde se mantienen abiertos los establecimientos– ha resultado inevitable. Pero cabe señalar que con los datos disponibles aún no se puede extraer conclusiones fiables. Por el contrario, si se sitúa la mirada en el resto de Europa, cada día son más los países que están endureciendo las restricciones.

Aunque la posibilidad de una vacuna ha dibujado cierta esperanza en el horizonte, la realidad es terriblemente dura. El equilibrio entre salud y economía no puede conseguirse con la inmolación de los sectores afectados. Mientras las restricciones sean el camino, los gobiernos deben acompañar a los damnificados. Del mismo modo, es necesario ir afinando las medidas según se disponga de nuevos datos y tomar las decisiones precisas con valentía y precisión, ajustándose a las condiciones de cada sector. Avanzar con cautela, pero avanzar.