28 nov 2020

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Editorial

El futuro del litoral de Barcelona

A la espera de conocer el uso que tendrán los espacios adquiridos por el Arts, un área de titularidad pública y acceso abierto podría convertirse en un área quizá más pacífica pero menos abierta a la ciudad

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El Periódico

Una imagen de la zona de ocio del litoral de la capital catalana.

Una imagen de la zona de ocio del litoral de la capital catalana. / FERRAN NADEU

La reorganización del frente marítimo de Barcelona sigue avanzando con polémica. Los locales comprendidos entre el Hotel Arts y el Hospital del Mar han sido adquiridos por los fondos de inversiones propietarios del hotel de lujo, que podrá -si los actuales operadores, como el casino o Pacha, no igualan la oferta- extenderse hasta primera línea de mar. La operación ha irritado especialmente a aquellos negocios que han gestionado durante los últimos años unos locales y que ahora no han podido defender ante el músculo financiero del Arts que ha acabado imponiendo su monopolio.

La operación por la que los propietarios del Arts han invertido 78 millones de euros llega en un momento de parálisis y graves incertidumbres para el sector turístico de la ciudad. En este contexto, la decisión de ampliar el ámbito del hotel en dirección al mar se presupone que, más que una operación puramente financiera, busca competir con el otro gran hotel de lujo situado en primera línea de mar, el W, e implica que los inversores confían en la recuperación del turismo en la ciudad. A la espera de conocer el uso que tendrán los espacios, un espacio de titularidad pública y acceso abierto podría convertirse en un área quizá más pacífica pero seguramente menos abierta a la ciudad

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Esta operación, más allá de estrategias inversoras, se inscribe en la redefinición de todo el frente marítimo de la ciudad. Hace 30 años, con motivo de los Juegos Olímpicos, el Estado cedió en concesión casi 38 hectáreas de la franja litoral de su titularidad. Una fracción, la situada frente al Hotel Arts, fue arrendada a operadores privados con la intención de potenciar un área de restauración y ocio nocturno junto a la del vecino Port Olímpic. La dinámica de esta zona, sin embargo, ha estado lejos de ser ejemplar, en términos de seguridad y de convivencia. Ante el fin de la concesión, el Estado decidió ceder el grueso de la superficie, vías y equipamientos, al ayuntamiento, vender los locales comerciales en subasta y reservar algunos espacios para los cercanos centros de investigación y docencia. La aspiración municipal de que todo este espacio público tuviese titularidad y uso público no se ha podido hacer realidad. Pero el destino final de los locales ahora enajenados no debería ser ajeno, ni contradictorio, con la intención de remodelar el ámbito litoral (incluyendo también el Port Vell y el Port Olímpic) haciendo que el ocio nocturno se retire y actividades relacionadas con la llamada economía azul (navegación, industria pesquera y ciencias del mar) tomen el relevo.