01 dic 2020

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Adaptación de un sector económico

El futuro del pequeño comercio

LEONARD BEARD

El futuro del pequeño comercio

Antonio Argandoña

El consumidor que estos días compra por internet no volverá a ser un asiduo de las tiendas de su barrio, pero tampoco prescindirá de ellas. La clave está en lo que estas sean capaces de ofrecer cuando se acabe la pandemia

“Nada será igual después del coronavirus -dicen muchos-, pero no sabemos cómo será lo que vendrá después. Solo sabemos que tendrá un componente tecnológico mucho mayor”. Tienen razón: la pandemia va a cambiar el uso que hacemos de la tecnología y, con ello, el futuro de muchos sectores. Por ejemplo, del comercio local, que está experimentando pérdidas enormes con el confinamiento y la competencia del comercio 'on line'.

Pero el declive del comercio al detall viene de lejos. En el fondo, es la vieja tesis de Schumpeter: la innovación provoca la destrucción creativa; aparecen nuevos productos, nuevos fabricantes y nuevas ofertas que desbancan a las antiguas. La globalización trajo productos de otros países que desbancaron a las industrias locales, bajaron los precios y pusieron en dificultades a los pequeños comercios. Los centros comerciales sustituyeron al comercio de proximidad por la variedad de sus ofertas y sus precios atractivos. Y el comercio 'on line' se hizo presente en el móvil o en el ordenador de los hogares, con propuestas atractivas y precios bajos. El coronavirus ha sido simplemente un clavo más en el ataúd del pequeño comercio, al reducir las rentas de muchas familias, alejar a los turistas, acelerar la digitalización de las ventas y confinar a los compradores en su domicilio.

Pero esto no quiere decir que el pequeño comercio vaya a desaparecer. Hace unos días recibí en mi móvil una oferta para comprar aceite de un distribuidor andaluz, que me ofrecía calidad, precio y rapidez en el suministro. Ahora muchas tiendas pequeñas aceptan pagos 'on line', usan portales de compra y prestan servicio a domicilio; los restaurantes, también los de alto 'standing', sirven comidas a domicilio, y todos amplían la gama de sus productos para captar más clientes. 

Caída de los alquileres

Claro que el pequeño comercio va a cambiar mucho, pero no podemos verlo solo como un problema de la oferta tradicional afectada por un cambio en la demanda y en la tecnología. Van a cerrar muchas tiendas, pequeñas y grandes, lo que está provocando un problema de exceso de oferta de espacio. El alquiler de estos establecimientos se va a reducir considerablemente, lo que, acompañado por las dificultades de las familias para pagar sus arrendamientos, está provocando dificultades en el sector inmobiliario. Y alquileres menores volverán a llamar a la puerta de los innovadores para ofrecerles oportunidades para sus negocios. 

Los problemas del pequeño comercio no vienen solo de la venta 'on line' y del coronavirus, sino de otros factores, como altos costes de arrendamiento, competencia en las zonas comerciales y cambios en el tamaño y la composición de la población. Hace años, el centro de las ciudades se vació de familias, lo que atrajo a un tipo de comercio de mayor nivel, pero alejó al popular, de barrio; con la caída del empleo, esos barrios se verán afectados ahora por la pérdida de poder adquisitivo de sus habitantes, no de todos, pero sí de muchos de ellos. Y esto volverá a provocar deslizamientos en el comercio. Los lugares con alta densidad de población y movimientos en sus calles seguirán siendo atractivos, pero esas no van a ser, necesariamente, las localizaciones con éxito comercial en el futuro. 

La pandemia no es 'la' causa de la crisis del comercio local, ni tampoco lo es el 'e-comercio'; ahora hay que tener en cuenta también la crisis de la vivienda, los problemas del transporte en las ciudades y la facilidad o dificultad de los servicios públicos y privados de la zona. El consumidor que estos días compra desde su casa por internet no volverá a ser un asiduo de las tiendas de su barrio, pero tampoco prescindirá de ellas. La clave está en lo que el pequeño comercio sea capaz de ofrecer a sus clientes cuando se acabe la epidemia y, sobre todo, en los siguientes meses y años, cuando los consumidores rehagan sus planes de compra y cambien sus rutinas comerciales –o vuelvan a las antiguas, lo que me parece que se producirá solo en parte-. 

En definitiva, el pequeño comercio debe mostrar imaginación y creatividad; sus proveedores deben ser también innovadores a la hora de ofrecerle los medios que necesita para hacer frente a sus retos. Y las autoridades deben replantear sus políticas de edificabilidad, de transportes y servicios, de impuestos y tasas, de forma que consigamos una ciudad sostenible, cómoda, agradable, con buenos comercios a nuestro alcance, sea en la esquina, sea en un almacén lejano.