11 ago 2020

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Tribuna

Torra, acompañado de todos los miembros del Govern, en la declaración sobre la sentencia del ’procés’.

EFE

Parte de la solución

Ester Capella

El Govern de Catalunya debe combatir jurídica y políticamente la sentencia, y ser parte de la solución, pero no tiene otra alternativa que ejecutarla

La sentencia forma parte del problema. No ha arreglado nada, sino que lo ha empeorado todo aún más, con unas penas que confirman un divorcio preocupante entre la ciudadanía de Catalunya y el poder judicial. Hemos llegado hasta aquí arrastrados por un Gobierno español incapaz de hacer política, que traspasa los conflictos a los juzgados y que se esconde tras las togas de abogados, fiscales y magistrados.

Las crisis siempre pueden empeorar. La herida es profunda y, para gestionarla, se necesitan altas dosis de empatía y sentido institucional. En cambio, demasiadas veces, vemos como algunos actores dimiten de su responsabilidad, por motivos inconfesables. Por un lado, nos amenazan constantemente con la ley de seguridad nacional y con un nuevo 155. Por el otro, confunden su grupo parlamentario con un grupo de adolescentes folloneros. Y, mientras tanto, escuchamos en un cuartel unas soflamas impropias de un alto mando de obligada neutralidad política.

La cárcel y las amenazas nos llevana un callejón sin salida. El Estado español necesita líderes que estén a la altura de las circunstancias

Antes de que hubiera condena, algunos órganos del Estado ya cuestionaban que la Generalitat fuera capaz de ejecutarla. Ahora, el Govern no tiene ninguna alternativa. A pesar de ello, la debe combatir jurídica y políticamente con todas sus fuerzas. Los Servicios Penitenciarios actuarán, como siempre, con la máxima imparcialidad. Y exigimos que sean respetados, como nos exigen a nosotros que respetemos tantas cosas. Algunos han llegado al absurdo de presentar una televisión en la celdaa o unas vistas a Montserrat como si fueran alarmantes muestras de trato de favor. Pero las televisiones se venden en los supermercados de las cárceles y, por ahora, el Govern no puede mover montañas. Seguro que ningún cínico cambiaría su casa por una prisión, aunque fuera con vistas a Montserrat. Todas estas actitudes, como la sentencia, también forman parte del problema.

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No permitiré que nadie perjudique la reputación ni discuta la profesionalidad del conjunto de trabajadoras y trabajadores del sistema penitenciario de Catalunya. Son la mejor garantía de un trabajo bien hecho.

La cárcel y las amenazas nos llevan hacia un callejón sin salida. El Estado español necesita líderes que estén a la altura de las circunstancias. Nos sobran adictos al cálculo demoscópico y nos faltan estadistas, diálogo y soluciones. España se ha de armar del coraje necesario para afrontar la voluntad del 80% de los catalanes. Amnistía y referéndum. Un referéndum que puede parecer imposible, pero que es inevitable.

El momento es grave. Los sentimientos son viscerales. Sin embargo, por superlativa que sea, ninguna indignación nos puede impedir que cumplamos con nuestra obligación, que es afrontar y resolver los problemas, en lugar de crearlos. Nunca es tarde para las soluciones. Ahora, las instituciones y el Govern de Catalunya son un instrumento irrenunciable e imprescindible. Deben ser parte de la solución.

*'Consellera' de Justícia.