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la hoguera

Un alumno del colegio Marta Mata de Viladecans con una tableta en clase.

CARLOS VALBUENA

Escuela para niños-pantalla

Juan Soto Ivars

Fiar la pedagogía a los gurús tecnológicos es como apostarse las llaves del futuro con ellos en una timba amañada

Los papanatas dicen que los nativos digitales se manejan mejor que nosotros con internet, pero yo solo veo chavales enganchados. Mientras los profes delatan estragos en la retentiva y la atención de los niños-pantalla, muchos adultos nos sentimos ansiosos y deprimidos por el estado permanente de hiperconexión. ¿Fiaremos algo tan fundamental para el futuro a un culto tecnológico cuyos magnates nos convirtieron en ratas de laboratorio? Vale la pena repetirlo: los genios de Silicon Valley, que intentan infiltrarse en nuestros sistemas educativos, educan a sus hijos sin pantallas. Por algo será.

Lo que nos han dado las tecnológicas se puede resumir en una palabra: facilidad. Para conectar, para orientarse, para consumir. Pero aprender no es fácil. En hiperconexión perdemos intimidad y reposo, nos comunicamos superficialmente, merma nuestra capacidad de atención mientras la memoria se cae a pedazos. El desembarco de Google, Apple y demás tecnológicas en los sistemas de educación, que ha denunciado X-Net, lleva años produciéndose. ¿Debemos inmolar a nuestros menores en el altar de la novolatría?

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La escuela sirve para construir mentes en el fango. Debe seguir siendo un lugar de resistencia. El buen profesor produce fascinación por lo antiguo como si fuera nuevo: todo lo viejo es novedad para quien no sabe nada. Las aulas están en los márgenes del mundo, que está esperando a los niños con todos sus anuncios luminosos de led. Si la escuela no les proporciona armas para resistir, no tiene razón de ser. Fiar la pedagogía a los gurús es como apostarse las llaves del futuro con ellos en una timba amañada.

Deberíamos conservar la escuela lejos de las garras de esta religión tecnológica. Es una postura tan poco reaccionaria como mantenerla lejos de la religión convencional. El colegio que están desmantelando es el resultado de un largo proceso de evolución. Sin disciplina, trabajo duro y gusto por la excelencia, será la forja de consumidores histéricos. Eso sí, mejor adaptados que yo al capitalismo de aplicaciones y datos.