09 jul 2020

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Alianzas en Italia

Giuseppe Conte, entre Salvini y Di Maio, en el Senado.

ANDREAS SOLARO (AFP)

Los cómplices de Salvini

José A. Sorolla

Ahora todos culpan a Salvini de lo sucedido en Italia desde las elecciones de marzo del 2018, pero el matón extremista ha contado con cómplices decisivos para su ascensión

Superado el último obstáculo, la consulta a las bases del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Italia va a tener un Ejecutivo presidido por el mismo primer ministro, Giuseppe Conte, pero integrado por el M5S y el Partido Democrático (PD) de centroizquierda. Acaba así la pesadilla Salvini, que se había convertido en el rey absoluto de un Gobierno xenófobo y antieuropeo mediante el pacto, por primera vez en Europa, de dos partidos populistas y antisistema, uno de extrema derecha, la Liga, y el otro teóricamente de izquierdas.

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Ahora todos culpan a Salvini de lo sucedido en Italia desde las elecciones de marzo del 2018, pero el matón extremista ha contado con cómplices decisivos para su ascensión. En primer lugar, los dirigentes del M5S, los mismos que ahora van a seguir en el Gobierno. Cómplices al menos por omisión porque solo así se explica que, con la mitad de los votos que los 'grillini', Salvini se encaramara al poder político y mediático sin oposición alguna. En el 2018, la Liga obtuvo el 17,4% de los votos, mientras que el M5S casi dobló este porcentaje, con el 32,6%. Es verdad que el bloque de centroderecha superó en unos 20 diputados al M5S, pero los 'grillini' podían haber optado por el pacto con el PD, como hacen ahora, en lugar de aliarse con la Liga.

A partir de entonces, de los dos vicepresidentes del Gobierno, Matteo Salvini y Luigi Di Maio, líder del M5S, el primero se apoderó de la escena y enterró al segundo y hasta al primer ministro. Al estilo Donald Trump, y desbordando en tosquedad al pionero Silvio Berlusconi, Salvini fue ganando popularidad y votos mediante una política populista, xenófoba y antieuropea. Las elecciones europeas del 26 de mayo confirmaron que la Liga era ya, con el 34,3% de los votos, el primer partido de Italia. Desde entonces, se diseñó la llamada Operación Úrsula para pararle los pies, a lo que Salvini contribuyó con el error de cálculo de romper el Gobierno y pedir elecciones anticipadas. Pero en este momento no es ocioso recordar cómo llegó Salvini a donde llegó, porque el caudillo ultra no está políticamente muerto y puede regresar con más fuerza si fracasa el nuevo Gobierno.