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LA CLAVE

Manifestación de las derechas en la plaza de Colón de Madrid

REUTERS / SERGIO PÉREZ

Las siete trompetas del apocalipsis

Luis Mauri

La disyuntiva del independentismo: admitir el fracaso de la vía unilateral, conseguir un buen trato postjudicial para sus presos y mejorar el autogobierno, o seguir autoengañándose, sacrificar a los reclusos y arriesgar la autonomía

Cuando el apocalipsis llega cada semana tres veces, todo se trastoca y embarulla. La reiteración cansina acaba por achatar los sentidos y anular la emoción. Cuando las siete trompetas anuncian todos los lunes, miércoles y viernes la hecatombre, el entendimiento se ofusca y las dimensiones se enredan como en los espejos modernistas del Tibidabo o los del valleinclanesco callejón del Gato. Nada es verdad, nada es mentira. 

La derecha total, ese magma en el que hierven el conservadurismo céntrico, el reaccionario, el extremo y esa dosis extravagante del establishment que un día fue o creyó ser izquierda; la derecha total ha pinchado en la calle frente al Gobierno socialdemócrata de Sánchez. Estaba anunciado como todas las semanas, pero esta vez tampoco llegará el apocalipsis. 

En los primeros años del siglo, la derecha total le anunció el armagedón a Zapatero en varias manifestaciones, aquellas sí masivas, no como la reunión de este domingo en la plaza de Colón. Marchas de antiabortistas, de homófobos, de obispos, de la instrumental Asociación de Víctimas del Terrorismo, contra el Estatut… Entonces también sonaban las trompetas del apocalipsis todos los días impares. Pero Zapatero revalidó su mayoría. Y cuando años más tarde cayó, no fue por la ley del aborto, ni por el matrimonio gay, ni por la política antiterrorista ni por el fiasco del Estatut. Cayó víctima de su abordaje negacionista y vergonzante de la Gran Recesión. Cayó cuando las masas damnificadas por la crisis se sintieron vendidas por la socialdemocracia gobernante.

Una disyuntiva vital

El trompeteo distorsiona también los perfiles del conflicto catalán. Pero la realidad no es tan complicada. El independentismo está ante una disyuntiva vital. Puede admitir el fracaso de la vía unilateral, alargar la vida del único Gobierno que se ha prestado al diálogo desde que hay 'procés', conseguir un buen trato postjudicial para sus presos y aprovechar para mejorar el autogobierno. O puede sacrificar a los reclusos y seguir autoengañándose con la farsa de que Europa va a consentir aquí experimentos extraestatutarios que luego podrían estallarle en Córcega, el Véneto, el Ulster o Baviera. Mientras tanto, siguen sonando las trompetas. Las siete.