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Al contrataque

El asesino confeso de la profesora Laura Luelmo, trasladado desde la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, este miércoles.

Laura no se murió

Najat El Hachmi

Envidio esa infancia tuya libre de discriminación, querida Milena, y me gustaría pensar, como piensas tú, que el asesinato de Laura Luelmo no tuvo nada que ver con el machismo

Celebro, querida Milena Busquets, que hayas crecido en un lugar donde el hecho de ser mujer no supusiera traba alguna, donde no te ponían en duda por tu sexo ni te educaban de forma distinta a la forma en que educaban a tus hermanos. Envidio esa infancia tuya libre de discriminación y me gustaría pensar, como piensas tú, que el asesinato de Laura Luelmo no tuvo nada que ver con el machismo, que fue la mala suerte de la maestra que corría lo que propició que se encontrara, casualmente, con un asesino. También debió ser pura casualidad que la secuestrara durante dos días y la violara, como seguro es casualidad que en las guerras se maten a hombres y mujeres pero solamente ellas sean violadas. Todos nos morimos de una forma u otra, ¿qué más dará lo que tengamos entre las piernas? Pero te recuerdo que Laura no se murió, que fue asesinada. Como escritora que eres entenderás la diferencia que supone ser o no ser el sujeto de una acción y la sutileza semántica entre el hecho de que la vida se te acabe sin intervención externa y el que te sea arrebatada de forma violenta y salvaje.

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Abominas de los lemas feministas como el que afirma que nos matan a todas y te permites frivolizar con el tema explicando que las vivas estamos tan panchas, comiéndonos tranquilamente un bocadillo de jamón. Me imagino que cuando escribiste algo así no pensaste ni un instante en la familia de la víctima, que no te has puesto nunca en el cuerpo de quien vive sistemáticamente la violencia, dentro o fuera de casa, que no has tenido tiempo de, con tu magnífica imaginación de escritora, adentrarte en la realidad de quien ha crecido en los golpes y los insultos, las vejaciones y las limitaciones de las libertades más básicas por el simple hecho de ser mujer.

En parte, ya te lo he dicho, envidio que hayas vivido en un mundo que es el que muchas querríamos para nosotras mismas. Un mundo en el que no te cuentan, desde pequeña, que eres tú quien te tienes que preservar de los pervertidos, psicópatas, violadores y asesinos porque para este tipo de personajes siniestros si vas vestida de una forma determinada, si te comportas según cómo, si corres por el camino equivocado, si no eres como tienes que ser, serás responsables de sus actos. Al mismo tiempo, claro, a ellos les enseñan exactamente lo mismo: que las víctimas merecen el castigo que reciben si no son buenas chicas.

Me alegro mucho de que nunca hayas sentido el ligero temblor en la boca del estómago que provoca andar de noche, sola y asustada por el sonido de tus propios pasos, por tu propia respiración. Invítame, querida Milena, a ese mundo que yo también quiero habitar. Llévanos a todas las que nos estremecemos al pensar que esta niña que juega feliz y despreocupada a nuestro lado algún día pueda darle por salir a correr. Y el aliento se nos cortará hasta que no haya vuelto, hasta que no esté en casa.