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AL CONTRATAQUE

Laura Luelmo no murió por ser mujer, murió porque tuvo la mala suerte de cruzarse con un psicópata

Laura Luelmo no murió por ser mujer, murió porque tuvo la mala suerte de cruzarse con un psicópata. Si hubiese vivido en el pueblo de al lado o si esa noche le hubiese dado pereza salir a correr tal vez no hubiese muerto. Si hubiese sido un hombre probablemente tampoco. Las mujeres somos más débiles y es más fácil matarnos, eso es genético, no cultural, y difícilmente cambiará.

Aprendí de niña en las peleas con mi hermano que con la fuerza bruta siempre me ganaría él, pero que con los pellizcos, los escupitajos, los mordiscos y la inteligencia, a veces podría ganarle yo. Y llegó un día, años más tarde, en que me di cuenta de que estaba absolutamente de su parte, es mi hermano pequeño y es un buen tío, y que no había nada, ninguna pelea, ninguna batalla, que ganar.

Gabriel Cruz

Como mujer no me siento más apenada y conmocionada por la muerte de Laura Luelmo que por la del niño Gabriel Cruz a manos de la novia de su padre o por la de aquella pareja de jóvenes enamorados, Paula Mas y Marc Hernández, asesinados por otro desaprensivo en el pantano de Susqueda hace dos veranos. Las tres son muertes espantosas, casuales e injustas.

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Me dan un poco de rabia esas mujeres que cuando muere una mujer por causas violentas exclaman: “¡Nos matan! ¡Nos matan! ¡Nos matan!” Es como si para solidarizarnos con los miles de niños que mueren de hambre en África, nos pusiésemos a gritar: “¡Nos morimos de hambre! ¡Nos morimos de hambre! ¡Nos morimos de hambre!” Oye, que los que se mueren de hambre son ellos, tú estás aquí y hoy comerás. Oye, que a ti no te están matando, tú estás en tu casa tan tranquila comiéndote un bocadillo de jamón.

Me ocurre lo mismo con esos hombres enternecedores que para anunciarte que su pareja está embarazada (y con la mejor intención del mundo), te dicen: “Estamos embarazados”. La última vez que me anunciaron un embarazo así, baje la mirada a la tripa de mi amigo Juan y le dije: “Juan, yo creo que lo tuyo es por la cerveza, no debido a la gestación de otro ser humano.” No sé si le hizo mucha gracia.

Tal vez se deba al afán de precisión de los escritores, a nuestra antipatía por los eslóganes prefabricados y las frases efectistas.

Muertes casuales

Laura Luelmo murió porque un criminal se cruzó en su camino. Las muertes casuales son terribles porque al momento activan los “si”: si no hubiese salido ese día, si no se hubiese ido a vivir allí, si no hubiese sido una mujer con menos fuerza física que su oponente.

Pero cargarle el crimen al género masculino en bloque y considerar que todas las mujeres feministas somos las víctimas no responde, según mi opinión, a la realidad. Hace dos días fallecía una chica a manos de un hijo de puta. Es espantoso. Descanse en paz.