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ANÁLISIS

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en rueda de prensa sobre la decisión del Tribunal Supremo acerca del impuesto de las hipotecas.

JOSÉ LUIS ROCA

Sánchez es un tigre funambulista

Xavier Bru de Sala

El presidente del Gobierno salta a la yugular de sus rivales como un auténtico felino

Pedro Sánchez ha llegado al poder y se mantiene en él gracias a dos especialidades que cultiva con maestría. No parece un fuera de serie ni un estadista de talla, pero pasa la maroma con gran habilidad, y salta a la yugular de sus rivales como un auténtico felino. Dos episodios de esta misma semana ilustran su doble naturaleza.

Como va viendo que no le aprobarán los presupuestos y pretende alargar tanto como pueda la legislatura, que es lo que le conviene, ha empezado a presentar variaciones para mantener las promesas estrella que contenían. La subida del salario mínimo y el incremento de impuestos a las rentas más altas. Como todo el mundo sabía, se pueden aprobar vía decreto innumerables medidas, y si las incluyó en los presupuestos no fue por ignorancia sino como argumento a su favor y en contra de sus rivales. Todo funambulista sabe que detenerse y caer son sinónimos. La parálisis es siempre perniciosa para los políticos, pero si se produce en lo alto de la cuerda floja resulta mortal de necesidad. Rajoy era un Tancredo porque se creía que pisaba terreno sólido. Ya ven. Sánchez, más realista, sabe que tiene que hacer equilibrios sin parar de moverse.

Dispone además de una clara intuición del momento y la distancia precisos para saltar al cuello de sus víctimas. La última, Carlos Lesmes, el presidente del Tribunal Supremo. Mientras el Supremo se debatía en su guerra interna entre ‘progresistas’ y conservadores, guerra que todavía le ha de proporcionar nuevos momentos de gloria, Sánchez se preparaba sigilosamente, se encogía y se agazapaba en silencio. Al momento de conocerse la resolución favorable a la banca saltó como un tigre de Bengala. En la rueda de prensa del miércoles llevaba a Lesmes enganchado por la nuca, con los colmillos clavados hasta el fondo. Podía haber anunciado antes el cambio legislativo a favor de los pobres clientes indefensos pero se esperó. Ay de los desprevenidos cuando ronda un tigre.

Susana Díaz

Empezó, si lo recuerdan, zampándose a Tomás Gómez, el jefe de la Federación madrileña del PSOE, víctima de un asalto imprevisto y fulminante. Susana Díaz sobrevive agarrada en su feudo andaluz, que el PSOE tiene bien dominado, pero todavía no sabe cómo es que perdió ante un rival desahuciado, sin rabo y sin escaño. Los felinos suelen caer pie y además disponen de siete vidas.

La víctima principal del tigre Sánchez se llama Mariano Rajoy. Cuando más seguro y consolidado se veía, con la economía en marcha, los presupuestos negociados, el peligro de secesión catalana conjurado y un camino de rosas hasta el final de la legislatura, una sentencia judicial condenatoria proporcionó a Sánchez la oportunidad que esperaba camuflado tras los setos. La aprovechó después de calcular, con acierto, que nadie le dejaría en la estacada ante un objetivo de caza mayor llamado Rajoy.

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Una vez en La Moncloa, ha perfeccionado el arte del funambulismo, pero no por ello ha dejado ni dejará de saltar al cuello de tantas víctimas como se aproximen a sus fauces. Casado y Rivera, estáis avisados: Con Sánchez al acecho más os vale mantener las distancias.