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El calentamiento global

Pobreza energética de verano

FRANCINA CORTES

Pobreza energética de verano

Mariano Marzo

Debemos estar preparados para soportar olas de calor más frecuentes e intensas en el futuro

En los países desarrollados, la energía está presente en todo lo que nos rodea. Y resulta sorprendente que, siendo un elemento vital prácticamente en todos los aspectos cotidianos de nuestras vidas, no le dediquemos una atención más amplia y continuada.

Pensemos un poco. Nos calentamos en invierno y refrescamos en verano gracias a la energía. La electricidad hace funcionar el ordenador, la televisión y el móvil. La nevera utiliza energía para conservar los alimentos, y el horno o microondas hacen lo propio para cocinar. Y previamente, los alimentos fueron cultivados, recolectados, procesados, envasados y transportados desde cualquier parte del mundo, utilizando energía en todos y cada uno de los eslabones de esta cadena. Básicamente, las tareas que realizamos y los productos que utilizamos a diario son posibles gracias a la energía.

Está claro que en los países desarrollados la energía nos permite disfrutar de una vida más confortable, amén de jugar un papel central en el funcionamiento de nuestros sistemas de salud. También nos ofrece unas posibilidades de viajar y de comerciar prácticamente ilimitadas. Por otra parte, cada vez está más claro que nuestras vidas giran en torno a multitud de dispositivos eléctricos que están transformando las comunicaciones y la información. La combinación de tecnología y energía ofrece sinergias que mejoran nuestra vida, permitiéndonos satisfacer nuestras necesidades básicas de manera mucho más eficiente y, a la vez, realizar actividades más gratificantes y valiosas.

Un papel fundamental 

Casi nunca nos detenemos a reflexionar sobre el papel fundamental que la energía desempeña en nuestras vidas. Algo que resulta completamente natural si tenemos en cuenta la comodidad y fiabilidad con las que disfrutamos de los servicios de la energía. Basta con accionar un interruptor y, de repente, se hace la luz, o encendemos un móvil y de inmediato nos conectamos con alguien en cualquier parte del mundo. Y todo ello sucede sin que la mayoría de los ciudadanos tengan la más remota idea acerca del complicado proceso que les permite disfrutar de los beneficios de la electricidad. De forma parecida, poca gente es consciente de la complejidad que se esconde detrás de la rutinaria decisión de llenar el depósito de su vehículo. ¿Alguna vez consideramos la dimensión de la cadena activada para que la estación de servicio disponga del carburante que nos aprestamos a consumir?

Necesitamos una interrupción del suministro o un aumento de precios para que el tema de la energía suscite cierto interés, no solo entre los medios de comunicación y la opinión pública, sino lo que es peor, entre buena parte de la clase política y de los gobernantes. Y es que en el mundo de los servicios de la energía todo sucede de forma tan aparentemente simple y automática que solo una contrariedad despierta nuestra atención. Como dice Daniel Defoe en 'Robinson Crusoe', "nunca sabemos ponderar el verdadero estado de nuestra situación hasta que vemos cómo puede empeorar, ni sabemos valorar aquello que tenemos hasta que lo perdemos".

En el 2050, 
el número de
aparatos de aire acondicionado llegará a 5.600 millones frente a los 1.600 de hoy 

Ciertamente, las actuaciones proactivas y de prevención son básicas en toda buena gestión energética. Para ilustrar este punto, basta con considerar los efectos de la reciente ola de calor sobre el incremento del consumo de electricidad por el uso intensivo de aparatos de aire acondicionado y ventiladores. Un hecho aparentemente puntual, que adquiere toda su relevancia si lo enmarcamos en la perspectiva de un futuro inmediato marcado por el paulatino aumento de las temperaturas dictado por el calentamiento global. No en vano, la Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda mundial de energía ligada al uso de los aires acondicionados se triplique de aquí al 2050, lo que requerirá una nueva capacidad eléctrica equivalente a la resultante de sumar las hoy existentes en EEUU, la UE y Japón. En el 2050, el número de aparatos de aire acondicionado en edificios de todo el mundo llegará a 5.600 millones, frente a los 1.600 millones de hoy en día, lo que equivale a la venta de algo más de 4 nuevas unidades por segundo durante los próximos 30 años.

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Debemos estar preparados para soportar olas de calor más frecuentes e intensas en el futuro. Habrá que adecuar el sistema eléctrico y mejorar la eficiencia de refrigeración de los edificios. No queda otra, pero ¿cuánto nos va a costar y qué porcentaje de la población se lo podrá permitir? Todo apunta a que la pobreza energética va a dejar de ser un problema centrado en los meses fríos de invierno.