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MIRADOR

Sánchez y la glaciación europea

Luis Mauri

La decisión alemana sobre Puigdemont y el plácet europeo a la relajación del compromiso de déficit español allanan el camino del presidente en el conflicto catalán y en el desarrollo de su mandato

Un viento gélido barre Europa en pleno verano. La extrema derecha manda en Polonia Hungría, ahora también en Italia. El Reino Unido abandona la casa. La xenofobia traza un eje que une VienaRoma Berlín. Algunas resonancias producen escalofríos, y esta es una de ellas. Los valores fundacionales de Europa se congelan bajo el azote de ese viento glacial.

Pese a la hibernación, Europa es capaz de enviar dos buenas noticias para el Gobierno de Sánchez. La primera, el rechazo de Alemania a entregar a Puigdemont por rebelión, no guarda relación con el páramo helado. La segunda, la receptividad de la CE a que España consiga un margen presupuestario de 11.000 millones en dos años a costa de relajar el compromiso de déficit, sí.

La hoja de ruta de Sánchez en Catalunya dibuja cuatro escenarios: encarrilamiento político del conflicto, iniciativas y búsqueda acuerdos dentro del marco constitucional (un marco que encuadra paisajes distintos si la moldura está fabricada de tolerancia o de fundamentalismo), suavización de las condiciones penitenciarias de los presos y moderación de la Fiscalía del Estado.

Allanando terreno

En los tres primeros escenarios ya hay actuaciones: cumbres Sánchez-Torra y Calvo-Aragonès, reactivación de las comisiones bilaterales, anuncio de retirada de recursos contra leyes del Parlament, traslado de los presos a cárceles catalanas. Para la activación del cuarto, el Gobierno acaba de recibir un espaldarazo europeo. La justicia alemana puede allanar el terreno a  la Fiscalía para reformular sus conclusiones y al Gobierno para capear la previsible tormenta que la derecha nacionalista española desataría sobre él ante una retirada de la acusación de rebelión.

Calviño, la ministra de Economía, conoce bien las palancas y los vericuetos de la Comisión Europea, donde ha desempeñado diversos altos cargos en los últimos 12 años. Calviño fue quien le dio a Sánchez, este jueves, la segunda buena noticia procedente de la Europa helada: el plácet oficioso de quien fue su jefe hasta hace poco más de un mes, el comisario Moscovici, a que España relaje sus compromisos de déficit este año y el próximo.

Un margen vital

Consecuencia de la gestión de Calviño en Bruselas: el Gobierno socialista gana un margen presupuestario de 11.000 millones en el bienio 2018-2019 para intentar hacer frente a sus promesas de gasto (eliminación del copago farmacéutico de los jubilados, sanidad universal, vivienda social…). Un margen vital, pues el Ejecutivo sabe que va a ser muy difícil, si no imposible, sacar adelante en el Congreso las subidas fiscales que ha propuesto.

Sin la glaciación europea, España quizá no hubiera conseguido el favor presupuestario de la CE. Quién sabe. Pero en sus pocas semanas de mandato, Sánchez se ha significado contra la gélida ventisca populista (acogida del Aquarius y del Open Arms), ha acudido en ayuda de una Merkel en horas bajas (transferencia de refugiados) y Macron cuenta con él para su proyecto de reforma de la zona euro. No es momento para negarle unas décimas de cálido relax en el déficit. 

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