INDUSTRIA EDITORIAL

Britney Spears contra la literatura catalana en la London Book Fair

El Institut Ramon Llull se alía con editores anglosajones cómplices para fomentar las traducciones al inglés

Estand de la participación catalana en la London Book Fair.

Estand de la participación catalana en la London Book Fair. / El Periódico

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Buenas perspectivas para la literatura catalana en Londres. Aunque en el bullicio de la London Book Fair, en un señorial edificio en la zona de Hammersmith llamado Olympia, los libros de los nuevos autores catalanes que han venido a promocionarse queden un tanto eclipsados por los contratos millonarios que se han movido en los grandes grupos. Y es que nada puede competir con los casi 14 millones de euros que el grupo Simon and Schuster ha pagado por las codiciadas memorias de Britney Spears, con quien se ha firmado uno de los mayores acuerdos económicos que se recuerdan desde el alcanzado por la memorias del matrimonio Obama. Las editoriales españolas, entre ellas Penguin Random House, han estado pujando por llevarse este libro sin una confirmación hasta el momento.

Pero volvamos a los catalanes y empecemos por los veteranos. En la agencia Balcells están trabajando, con el apoyo del Llull, las ventas de Gabriel Ferrater, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años y que está inédito de momento en inglés, y recuperando a Jaume Cabré, suficientemente traducido, desde una perspectiva audiovisual. Una coproducción europea para el ‘Jo confesso’, que tantísimo eco tuvo en Alemania, sería una buena noticia. Por su parte, en Casanovas & Lynch están cosechando los frutos de la popularidad de Mercè Rodoreda, después de que Jia Tolentino, todo un icono milenial y un fenómeno editorial en Estados Unidos, recomendase ‘La plaça del diamant’. En la agencia acaban de vender los derechos a Turquía, Serbia, Polonia e Israel y están a punto de cerrar el acuerdo con Suecia.

Entrar en la industria editorial anglosajona, tanto británica como estadounidense, es una tarea ímproba, pero no por ello la literatura catalana ha dejado de contar con fieles cómplices. Uno de ellos es el australiano Douglas Suttle, que vivió durante una década en Catalunya, donde cultivó una personal pasión por la literatura catalana, hasta el punto de crear en Gran Bretaña un pequeño sello, Fum d´Estampa, destinado únicamente a la literatura de aquí.

Pequeña e increíble

En el catálogo de la editorial, que se ha abierto en los últimos tiempos a otras lenguas europeas, conviven en inglés Joan Maragall con Joan Fuster, Bel Olid con Anna Punsoda, y su best-seller absoluto, ‘El cant de la joventut’, de Montserrat Roig. “El catalán es una lengua pequeña que produce una literatura increíble”, explica la también editora del pequeño sello Alice Banks, consciente de que traducir supone un desembolso mayor para el inglés porque, además de los derechos, se deben contar también con el trabajo del traductor. “No siempre los libros que amamos dan dinero”, dice entre orgullosa y resignada.

Un aspecto de la London Book Fair

/ El Periódico

Decano de la literatura traducida

Uno de los actos de este martes en la feria reunió al escritor y también traductor Raül Garrigasait con la editora y periodista Rosie Goldsmith y en especial con el veterano editor escocés Christopher MacLehose, decano de la literatura de ficción traducida de la edición británica, que no solo se ha ganado el respeto por ser una rara avis sino por la calidad de sus elecciones: Saramago, Pasternak, Lampedusa, Bulgakov, Solzenitsyn en el sello Harvill que lideró durante 20 años y fue un puente entre culturas, que ahora con el Brexit, parece algo muy del pasado.

“Por suerte, la Unión Europea no está poniendo demasiadas trabas a la negociación de derechos de autores europeos”, explica el editor, que a sus 82 años vendió recientemente a Penguin Random House su antigua editorial y ha creado una nueva, Mountain Leopard Press. El escocés, también enamorado de la literatura catalana -fue amigo de Jesús Moncada- tiene entre sus galones el haber publicado ‘Incerta glòria’ de Joan Sales, a cuya nieta conoció en Barcelona, tras haberse enterado de que la novela tenía versión en francés y en alemán, pero no en inglés.

Poco atrevido

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Es crítico el editor con el sistema editorial anglosajón, al que tilda de poco atrevido. “No creo que el inglés sea la lengua más importante para la difusión de literatura extranjera, porque la mayor parte de los autores en otras lenguas son recogidos antes en francés. Yo, sin ir más lejos, conocí a Anna Politkoskaya o Cees Nooteboom por sus traducciones francesas”.

También recuerda con nostalgia los viejos tiempos editoriales, cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, muchos editores europeos buscaron refugio en Gran Bretaña, leían en otras lenguas y trajeron consigo una mirada más amplia y generosa. “Pero hoy los grandes grupos no tienen esa inquietud y eso explica por qué autores como Eduardo Mendoza o Javier Marías tarden tanto en ser traducidos al inglés”.