Festival de Verano de Barcelona

'Carrer Robadors' y la dureza de la inmigración abren el Grec más plural

El anfiteatro del Grec, durante la representación de ’Carrer Robadors’

El anfiteatro del Grec, durante la representación de ’Carrer Robadors’ / Jordi Otix (EPC)

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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Un año después de mantener su firme y arriesgada apuesta por la cultura, cuando en toda Europa los festivales cerraban sus puertas a causa del covid, el festival Grec ha regresado este domingo a Barcelona con una contundente defensa a favor de la multiculturalidad y la libertad. El mundo teatral vuelve a enseñar músculo tras meses de reducción de aforo y limitación de propuestas, de igual forma que el mundo musical ha ido saliendo del letargo programando para este verano ciclos de distintos formatos. 

Julio Manrique ha abierto este domingo oficialmente el festival de verano de Barcelona con 'Carrer Robadors', un baño de realidad basado en la historia reciente de Europa y África. La Barcelona turística y la de los bajos fondos, el Marruecos idealizado con ecos de Las mil y una noches de los visitantes extranjeros y la mísera realidad social de aquel país conviven en 'Carrer Robadors', inspirado en la novela homónima de Mathias Enard, escritor de origen magrebí residente en Barcelona finalista al premio Goncourt 2012 con este título y ganador del premio en el 2015 con 'Boussole' (Actes Sud).

Representación de 'Carrer Robadors'

/ David Ruano

70% de aforo y mascarillas

El Grec más plural y normalizado, con un 70% de aforo pese a las mascarillas que hay que seguir llevando en un escenario al aire libre, arrancó este domingo con fuerza en el anfiteatro de Montjuïc, dispuesto a agitar el pulso cultural de la ciudad tras un extraño año tan cargado de dudas como de retos. En este caso, el Grec abrió con un potente montaje que adapta la novela homónima de Enard escrita en tiempo real, entre 2010 y 2012. En ella se mezclan la Primavera Árabe, los atentados del extremismo islámico y la toma de conciencia social del 15-M en Barcelona con las aventuras de un joven de Tánger que busca su lugar en el mundo y que acaba en la Ciudad Condal por amor, prendado de una estudiante catalana de árabe clásico. 

Toda una declaración de intenciones por parte del Grec, como también la elección de un sólido reparto formado por actores de origen marroquí y catalán, con veteranos como Carles Martínez, Mohamed El Bouhali y Abdelatif Hwidar, y jóvenes como Guillem Balart, Moha Amazian, Anna Castells, Elisabet Casanovas y Ayoub El Hilali. 

Se trata de una propuesta valiente para una época en la que muchos aspiran a cambiar cosas después de la pandemia. ¿Quién le habría dicho a Ada Colau que, 10 años después de sentirse interpelada por el movimiento de los indignados, presidiría esta inauguración del Grec como alcaldesa de Barcelona? El público aplaudió un montaje que integra tanto a actores nativos como a intérpretes que son un reflejo de la Catalunya actual, crisol de descendientes de otras nacionalidades.

El relato intenso y cambiante de 'Carrer Robadors' está protagonizado por un creíble Guillem Balart en un difícil reto interpretativo que narra el tortuoso periplo de Lakhdar, el protagonista, desde que abandona su humilde hogar para aventurarse en un mundo convulso marcado por la crisis económica y la religión utilizada como arma para controlar mentes en lugar de liberarlas. La única pega, las más de dos horas de duración del montaje.

La obra critica tanto la miseria en el norte de África como esa pretendida arcadia del primer mundo cuyos jóvenes luchan contra la precariedad y la incertidumbre en una sociedad del bienestar cada vez más endeble que recorta en sanidad y educación. Dos lustros después de la toma de las plazas y calles en Europa y el mundo árabe, ¿qué queda? ¿Qué ha cambiado? La inauguración más política del Grec en años da mucho de qué pensar.

Representación de 'Carrer Robadors'

/ David Ruano

Reparto cameleónico

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La escenografía de Alejandro Andújar juega con pocos elementos pero suficientes para trasladar al espectador a lugares interiores y exteriores tan dispares como el hogar del protagonista, un bar de Tánger, un ferry, una funeraria, el metro de Barcelona o la mismísima calle de Robadors, donde conviven prostitutas, ladrones y yonkis. El afinado trabajo de videoproyecciones de Francesc Isern '6q', que en ocasiones invaden toda la caja escénica sorprende en esta adaptación literaria, la segunda de Manrique tras El curiós incident d’un gos a mitjanit, de Mark Haddon. 

Más allá del tour de force de Balart como protagonista, sorprende la capacidad camaleónica del reparto para adaptarse a los múltiples cambios de personajes, con brillantes transiciones entre escenas como ese rápido cambio donde se pasa de un bar de Algeciras y una morgue. Impresionante el trabajo de Balart, pero también de Casanovas y del resto de intérpretes, en especial Amazian y Castells. Tanto hicieron reír las reflexiones críticas del ladronzuelo que interpreta El Hilali como heló la sangre el personaje del Señor Cruz, inquietante dueño de la funeraria que interpreta Martínez. Un montaje en sintonía con los desafíos la sociedad actual para un Grec que conecta África y Europa.