24 oct 2020

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Laurie Strode contra Michael Myers en ’La noche de Halloween’. 

LA EDAD DE ORO DE UN GÉNERO

¿Por qué lo pasamos de miedo con el cine de terror?

Las películas de terror son de las pocas que atraen en masa al público a las salas. EL PERIÓDICO habla con expertos en cine y psicología para entender las razones de este éxito

Julián García y Juan Manuel Freire

La nueva 'La noche de Halloween', que no es 'remake' ni 'reboot' sino secuela del clásico del terror de John Carpenter de 1978, se ha convertido en fenómeno de la taquilla otoñal. Ya lleva recaudados más de 150 millones de euros; nada mal si tenemos en cuenta que solo costó 8,8 millones. Y esa cifra solo puede crecer y crecer, porque en algunos países 'La noche de Halloween' no se estrenaba hasta el mismo día 31, víspera de la tradicional noche de las brujas y los difuntos. 

El bombazo en taquilla del filme de David Gordon Green es solo la última muestra del auge popular del terror, que vive una edad de oro tanto en los cines como en las plataformas por 'streaming' (sea con películas como 'El apóstol' o con series como 'La maldición de Hill House', ambas en Netflix). Hoy como ayer, nos parece bien pasarlo mal. En realidad, en los últimos años más que nunca antes en la historia: de los diez títulos más taquilleros del terror de todos los tiempos, hasta seis son de la década en curso.

Y de estos seis, cuatro son del universo 'Expediente Warren', siempre producciones de medio-bajo presupuesto. Lo que desdice esa teoría que afirma que, para arrastrar al espectador actual a una sala de cine, hace falta tentarle con tres horas de hipertrofiado espectáculo superheroico. Hace falta menos: la promesa del miedo.

Por qué queremos sufrir

Hace un tiempo se hizo bastante popular un vídeo en Youtube en el que se observaban las reacciones de pánico del público asistente a la proyección de '[REC]', de Jaume Balagueró y Paco Plaza, en el Festival de Sitges del 2007. Rodado con cámara infrarroja, el clip era como un viaje en el tren de la bruja, con la audiencia lanzando alaridos y risotadas nerviosas, tapándose los ojos, brincando sobre la butaca. Terror en estado puro, pero también diversión descacharrante. ¿Por qué nos atrae el cine de terror pese a hacernos sufrir? ¿O quizá nos gusta precisamente porque nos hace sufrir?

"Hay algo en el terror que se comunica con la parte más primitiva de nuestro cerebro, y que tiene que ver con nuestro instinto de supervivencia"

Eduardo Torallas

Psiquiatra y guionista

"Las historias de terror siempre nos han fascinado. Hay algo en el terror que se comunica directamente con la parte más primitiva de nuestro cerebro, y que tiene que ver directamente con nuestro instinto de supervivencia como especie", observa el psiquiatra y guionista Eduardo Torallas. "El miedo a la oscuridad, que está relacionado con la presencia de depredadores ocultos, acechándonos; el miedo a fieras con dientes afilados que podrían devorarnos; el miedo a animales venenosos que pueden acabar con nosotros con un sencillo mordisco…", añade el experto. En este sentido, y según el guionista Alberto Marini, "las películas de terror de hoy serían una expresión más de la iconografía oscura que siempre ha acompañado al ser humano, desde las fieras pintadas en las cavernas, el demonio, las brujas, hasta Frankenstein, Drácula, Freddy Krueger o Michael Myers".

"Ver una película de terror nos hace disfrutar a varios niveles", analiza Torallas. "La tensión, por ejemplo, que se va construyendo con el objetivo de generar inquietud y angustia. Cuando esa tensión es liberada y la angustia se desvanece, la experiencia es extremadamente placentera", analiza el experto. En términos similares se expresa el crítico e historiador cinematográfico Antonio José Navarro: "Asomarse al abismo desde la seguridad de nuestra butaca en el cine no solo es liberador, sino también divertido".

Pesadilla en la ficción

Para la directora de cine Denise Castro, que acaba de estrenar en salas una adaptación de 'Drácula', "el cine de terror nos atrae porque nos hace sentir vivos, por las sensaciones que genera: nos tensa y excita, nos pone la adrenalina a mil, y luego nos descarga y relaja. Por otro lado, somos conscientes de que estamos viviendo una pesadilla en la ficción, pero no corremos peligro en la butaca y podemos disfrutar sin riesgo. El terror nos gusta en la ficción, pero no en la vida real".

"El cine de terror nos atrae porque nos hace sentir vivos: nos tensa y excita, nos pone la adrenalina a mil, y luego nos descarga y relaja"

Denise Castro

Directora de cine

Sobre este particular, Torallas recuerda un estudio realizado en 1994 por los investigadores norteamericanos Paul Rozin, Jonathan Haidt y Clark McCauley: proyectaron a un grupo de universitarios unos documentales con escenas escabrosas (una vaca sacrificada y descuartizada, un mono al que se descalabra con un martillo, un niño al que se le practica una cirugía facial…). Muy pocos resistieron las imágenes; sin embargo, no tuvieron problemas en disfrutar de una película con más dosis de violencia 'gore' en un cine. "La naturaleza ficticia de las películas de terror coloca al espectador en una distancia de seguridad psicológica respecto del horror que se les muestra. Esto explicaría por qué las películas de terror resultan más traumatizantes durante la infancia: los niños tardan en adquirir la capacidad para entender que lo que sucede en la pantalla no es real".

Así pues, el cine de terror resulta atrayente e infalible por varias razones, pero sobre todo porque parece tener un efecto directo, inmediato e intenso en el espectador: le remueve, le divierte, le asusta, le hace sentir; una experiencia casi física, al estilo del viaje en la vagoneta de una montaña rusa. "Es un género que nos estimula y nos sacude, y experimentar eso viendo una película de otro tipo de género no es tan habitual como nos gustaría", opina la crítica de cine y columnista de EL PERIÓDICO Desirée de Fez. "Es, además, muy atractivo porque quizá es el más abierto a las ideas más originales y chifladas. Es imposible no rendirse a eso", remata la experta.

No es una moda

Las cifras certifican el éxito, en los últimos años, de infinidad de propuestas de terror, tomando el relevo de tendencias desgastadas por la hiperexplotación como el cine de superhéroes. ¿Pero el atractivo del horror es una simple moda, una circunstancia coyuntural? "En absoluto. El miedo ha acompañado al hombre desde la noche de los tiempos. Miedo al cambio climático, al desplome de la economía, a las pandemias, al crimen. Así que el cine de terror no tiene nada de coyuntural, es la expresión de estos y otros miedos más profundos y complejos, convertido en pura narrativa visual", apunta Navarro.

"Las mejores épocas del terror y el fantástico han coincidido con recesiones económicas, guerras frías, disturbios sociales y terrorismo"

Quim Casas

Crítico de cine

"Siempre ha estado ahí", añade Quim Casas, crítico de EL PERIÓDICO y profesor de Comunicación Audiovisual en la UPF. "Junto a la comedia y, en menor medida, el melodrama, es el género más popular, que se disfruta más colectivamente. Las mejores épocas del terror y el fantástico han coincidido con recesiones económicas (los años 30), tensiones y guerras frías (los 50), disturbios sociales y raciales (los 60 y 70), terrorismo (las dos últimas décadas)… El terror, como la comedia, es un refugio, pero también ha sabido ser un reflejo de lo que pasaba en el mundo", apunta Casas.

En este sentido, el guionista y productor estadounidense Nick Antosca, 'showrunner' de la serie de terror de culto 'Channel zero' (SYFY, y cuya cuarta temporada se acaba de estrenar en España en HBO) considera lógico el momento de gloria del género "porque el mundo es un lugar que da mucho miedo, y Estados Unidos en particular. El cine te ofrece la oportunidad de enfrentarte a ese miedo con una capa de protección, con la seguridad de que nada malo te va a pasar". Para De Fez, el cine de terror es "un género vivo, muy conectado con la realidad y con el presente", que, por lo tanto, tiene la habilidad de detectar continuamente nuevos miedos, preocupaciones y terrores y de hacerse eco de ellos.

Una tendencia estable

Ángel Sala, director del Festival de Sitges, reconoce que el cine de terror ha tenido grandes picos de aceptación a lo largo de la historia, pero apunta que en los últimos años está ofreciendo una "tendencia mucho más estable", propiciada por "la educación" que ciertos productos han ejercido sobre espectadores no habituales del género y que se han convertido en "adictos" del miedo. Se refiere a fenómenos televisivos como 'The walking dead' o películas como 'Déjame salir' o 'Un lugar tranquilo', que han llevado en masa al cine a espectadores que, por hábito, no solían consumir terror. "Además, creo que se han juntado los nostálgicos de los 80 que queremos seguir viendo ese cine que de jóvenes nos entusiasmó con las nuevas generaciones de chavales procedentes de los videojuegos de horror. Y ha habido, también, una generalización del público femenino como consumidor de cine de género, algo que antes no pasaba tanto. Esto es muchísimo más que una moda o inercia. Es algo estable".

"Ha habido una generalización del público femenino como consumidor de cine de género, algo que antes no pasaba tanto"

Ángel Sala

Director del Festival de Sitges

Quim Casas añade un aspecto industrial para entender las razones del éxito del cine de terror: es un género rentable para las productoras porque nunca ha sido demasiado caro: "Más allá de algunas superproducciones, si haces una lista con 10 títulos muy emblemáticos, como 'La mujer pantera', 'La invasión de los ladrones de cuerpos', 'La noche de los muertos vivientes', 'Scream' o algunos de los primeros Cronenberg, son producciones muy baratas, series B y filmes más independientes que otra cosa".

Terror más allá del susto fácil

Suele pensarse, de forma superficial, que el cine de terror es sinónimo de escalofrío fácil, de simple 'jump scare'. Así es en ocasiones, lo cual tampoco tiene por qué ser necesariamente malo, porque 'It' o cualquiera de las entregas de 'Expediente Warren' -incluida aquí su triunfal 'spin-off' 'La monja'- son excelentes muestras de cine de terror comercial que sabe jugar de manera inteligente y creativa con el susto imprevisto y otros estándares del género. "Un cine basado en el sobresalto y en una cierta simplicidad, lo cual no implica que no tenga calidad, que la tiene, y mucha" apunta Ángel Sala. Pero también triunfan, tanto a nivel rtístico como comercial, propuestas sofisticadas, cerebrales, complejas, de vocación autoral, como 'It follows', 'Llega de noche' o 'Hereditary'.

"Es cierto que las franquicias tradicionales siguen triunfando, pero estamos asistiendo al resurgir del terror psicológico más adulto, con historias oscuras que nos retrotraen al último momento de esplendor del género, que fue en los 70", afirma Toralla. "Películas como 'La bruja', 'Déjame salir', 'Hereditary', 'Verónica' o 'Errementari' son un ejemplo de lo que digo”.

Para Casas, el terror más tradicional, el más canónico, sigue funcionando, pero quizá no tanto al nivel de décadas anteriores. "Periódicamente vuelven 'Predator', 'La noche de Halloween', 'La matanza de Texas' o películas de zombis. Hay público que necesita esas películas y las jalea. Pero cada vez hay más aficionados al género que buscan experiencias más intelectualizadas". Casas considera que la buena salud del género es fruto de ambas cosas, "de que existan los filmes canónicos y a la vez los más imaginativos y rompedores, que haya terror superexplícito y terror sugerido".

En este sentido, y en opinión de Navarro, en el cine de terror "ha habido y hay de todo. Algunas películas de violencia extrema –pensemos en las series 'Hostel', 'Saw' o 'The human centipede'– satisfacen nuestra atávica fascinación por los espectáculos crueles y violentos. Otras, sin embargo, se proponen trastornar nuestra psique, como 'A dark song', 'madre!' o 'Hereditary'".

Según Marini, el requisito principal para el éxito de una película de terror es, más allá de tendencias y modas, de propuestas básicas o autorales, que la historia relatada sea creíble. "Un productor americano me dio un consejo hace unos años. Me dijo que para que una película de terror funcione había que centrarse solo en dos cosas: que el protagonista importe de verdad al público y que la amenaza que se expone sea lo más creíble y aterradora posible, sin importar que sea original o se haya visto cien veces. Creíble y aterradora. Posiblemente no hay más".

¿Sufrir (o disfrutar) en el cine o en casa?

Enfrentarse a nuestros miedos en una sala, rodeados de gente, parece tener algo de terapéutico y tranquilizador. Quizá sea esta una de las razones del éxito del cine de terror. ¿Será el género que sobreviva mejor a la tendencia individualista del consumo audiovisual a través de la multipantalla? "La sensación de colectividad es básica en el cine de terror. Si un festival como el de Sitges funciona tan bien es porque, entre otras cosas, no es lo mismo tener miedo colectivamente que solo en casa", apunta Casas.

"Necesitamos controlar el terror al que nos enfrentamos. Y si podemos evitar estar solos y ver una película en grupo, en una sala, mejor"

Alberto Marini

Guionista

En opinión de Torella, la sala de cine magnifica la experiencia del horror: "Las imágenes gigantescas, el efecto de la banda, la oscuridad, la ausencia de distracciones… no puedes escapar. Ver una película en el cine no es una experiencia tranquilizadora. Es cierto que en tu salón de casa puedes asustarte mucho, pero siempre puedes levantar las persianas y apagar la tele. En el cine no hay escapatoria". Para Marini, estar en grupo en una sala contribuye a superar el mal trago del miedo: "Necesitamos tener un control sobre el terror al que nos enfrentamos. Y si podemos evitar estar solos, mejor que mejor. El grupo, la experiencia compartida, ayuda, y que lo digas".

Sala apunta, sin embargo, que, más allá del necesario ritual en comunidad, cada vez hay más público que consume terror en casa de forma solitaria. "Estar de noche en solo casa genera un morbo especial. Un ejemplo es el éxito increíble de la serie 'La maldición de Hill House' (Netflix), que mucha gente ha consumido en solitario en casa saltando del sillón (a mí me pasó) como nunca había ocurrido antes. El terror también sabe adaptarse a las formas de consumo individualistas".