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Cornelia Weber-Tejedor, investigando entre dos culturas

Rosa Ribas publica el cuarto libro de la inspectora hispanogermana de la policía de Fráncfort

ERNEST ALÓS / BARCELONA

Rosa Ribas.

Rosa Ribas. / RICARD FADRIQUE

Rosa Ribas (El Prat de Llobregat, 1963), tras dos novelas en las que, a medias con Sabine Hoffmann, ha viajado a los crímenes en tiempos de la posguerra, anticipándose de hecho a la serie de TV ‘El Caso’, y de la aún más reciente ‘Pensión Leonardo’, recupera a la comisaria Cornelia Weber-Tejedor en ‘Si no, lo matamos’ (Grijalbo). El cuarto libro protagonizado por esta policía de Fráncfort (ciudad donde vive Ribas desde hace 25 años) hija de alemán y gallega.

El cierre de su anterior editorial casi significó la muerte de la serie, pero de la mano de Debolsillo (que recupera en un solo volumen los tres primeros títulos) y Grijalbo, Weber-Tejedor ha tenido una nueva oportunidad. “Ahí siempre he tenido una casa, una editorial de prestigio como Suhrkamp, y ahora aquí también, así que podré acabar la serie con la quinta novela”, explica Ribas, sentada en una terraza de la Rambla de Poblenou, uno de los barrios que valora como escenario de un nuevo libro. ¿Por qué cinco? “Ya tenía pensada una trayectoria para el personaje, y no la quiero estirar. Es un personaje que me gusta mucho y que no se merece convertirse en rutina, como pasa con otros personajes con series demasiado largas, que parecen ya hechas con plantilla”, responde la novelista. Tampoco piensa escribir más que el tercer título de la trilogía de los años 50 protagonizada por la periodista Ana Martí, tras ‘Don de lenguas’ y ‘El gran frío’. “Tras la experiencia de ‘Pensión Leonardo’ tengo ganas de empezar cosas nuevas, en las que tenga una libertad formal que no tienes tan marcadamente en la novela negra, pero también seguir con la novela aunque con otros personajes”, añade.

POLICÍAS SORPRENDIDOS

En ‘Si no, lo matamos’, la policía de Fráncfort debe enfrentarse a una modalidad de delincuencia importada ante la que no sabe cómo reaccionar, el secuestro exprés. “Estamos ante una criminalidad globalizada; ellos están acostumbrados a tratar con la delincuencia asociada al aeropuerto de Fráncfort y al tráfico de drogas en torno a la estación de tren, y descubrir que hay mafias internacionales actuando tranquilamente, o un nuevo tipo de delito, les descoloca”, explica Rosa Ribas. A los policías y los ciudadanos: “Son muy tranquilos”.

Weber-Tejedor debe enfrentarse cada vez más a su doble identidad de germanoespañola. “El personaje ha evolucionado desde una primera novela en LA que se define como muy alemana pero descubre que lleva en sí misma dos culturas; con ello descubre que es más observadora y tiene más capacidad de tomar distancia de alguien que está inmersa en una sola cultura. Moverse entre dos culturas le da otra actitud frente a la vida y su trabajo”, explica Ribas.

La comisaria tiene algún roce con un policía xenófobo. “Aunque Fráncfort sea quizá la ciudad quizá más abierta de Alemania, incluso allí hay colectivos con un rechazo latente a los extranjeros, que cuando empecé no esperaba que llegase a las dimensiones actuales”, dice. Aunque puntualiza que los antiguos inmigrados españoles muy a menudo no están al lado de la trinchera que cabría esperar. “Hay poca empatía, y comparten también ese discurso contra los refugiados”, lamenta.

En ‘Si no, lo matamos’ surge el traumático pasado familiar de Weber-Tejedor, que explica “por qué se hizo policía”. Con alusiones incluso a Manolo Escobar. Alguien muy importante para la inmigración española en Alemania. “Sí, y además estaba casado con una alemana. En la emigración las cosas quedan fosilizadas, si vas a un club de inmigrantes españoles encontrarás aún los discos de los años 60 y 70. Y Manolo Escobar era un ídolo, cuando actuaba en ciudades como Colonia acudía todo el mundo a escucharle”.