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Grecia, desbordada por los refugiados

El cierre de la frontera con Macedonia ha bloqueado a 30.000 refugiados en Grecia

EL PERIÓDICO / ATENAS

Cordón policial griego en los alrededores de Idomeni.

Cordón policial griego en los alrededores de Idomeni. / ALEXANDROS AVRAMIDIS

El cierre de la frontera entre Macedonia y Grecia ha dejado atrapados en este último país a a 30.000 refugiados e inmigrantes. En la localidad fronteriza de Idomeni, se agolpan unas 7000 personas en un campamento preparado para acoger a 1200, a las que se suman otras 3.000 en dos centros improvisados a los alrededores.

En Atenas, cuatro nuevos centros de acogida habilitados están repletos, como también el puerto del Pireo, donde llegan los transbordadores desde las islas. El Gobierno griego ha hecho un llamamiento a todas las autoridades municipales a habilitar centros de acogida provisionales para hacer frente a esa situación de emergencia que en las próximas semanas se agravará. 

Paso fronterizo cerrado

Idomeni ha recuperado una relativa calma, despúes de los incidentes del lunes, cuando la policía macedonia dispersó con gases lacrimógenos a cientos de refugiados que se lanzaron contra la valla exigiendo la apertura de fronteras. Las autoridades macedonias mantienen cerrado el paso fronterizo e inmovilizado el tráfico ferroviario, por temor a que la apertura de la verja de los trenes pueda provocar una nueva embestida. 

En Idomeni, la mayoría de refugiados son sirios o iraquís, mientras que los afganos o de otras nacionalidades -a los que no se les permite la entrada en Macedonia- parecen haber abandonado el campamento, poniéndose en manos de los traficantes o volviendo a Atenas. A los sirios e iraquís, a los que dejan pasar, se les piden exhaustivos documentos de identidad, que en muchas ocasiones no pueden facilitar.

La oenegé Save the Children ha alertado de que entre los 7.000 personas atrapadas en Idomeni, hay al menos 2.500 niños. La organización denuncia que miles de familias están durmiendo en mantas sobre el barro y quemando plásticos, ropas y basura para mantener el calor, mientras las organizaciones presentes afrontan la llegada de más gente exhausta, que necesita agua, comida y un sitio para dormir.

Según el jefe de la oenegé en la zona, Goran Bilic, en muchos casos los  niños tienen una familia que les espera en otro punto de Europa, pero "con el retraso que suponen los procesos de reunificación familiar formales en la Unión Europea, estos optan por emprender su propio viaje de forma ilegal, con la ayuda de traficantes y contrabandistas que esperan alrededor de los campos".

La oenegé ha afirmado que la falta de capacidad para identificar a los niños que llegan solos a Grecia y viajan a través de países de tránsito como Macedonia, Serbia o Croacia sin ningún servicio que garantice su seguridad o bienestar, "pone a los niños en grave riesgo de sufrir abusos, ser explotados o caer en manos de las redes de tráfico de personas".

Save the Children ha apuntado que "los gobiernos europeos parecen estar más interesados en proteger sus fronteras que en proteger a la gente", y ha añadido que "los niños y sus familias llegan buscando protección internacional y la respuesta de Europa es darles con la puerta en las narices y construir muros y vallas para impedirles entrar".