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La buena pasta (industrial)

Pau Arenós

Al final de una comida en Xemei propuse al dueño, Stefano Colombo, un reto: sentar en la mesa a expertos gastronómicos y servirles espaguetis de distinta procedencia industrial (y precios) para que votasen.


Cocinaría Max con su talento: la misma elaboración y la misma salsa. Sería una cata a ciegas para respuestas claras. Lo aceptó con fervor. ¡Stefano ponte a ello!


¿Por qué ese experimento? Porque la industria alimentaria –que tantas cosas hace mal– coloca en las estanterías del súper unos productos excelentes.


Para según qué platos, Max emplea Rummo, y para los espaguetis al 'nero di seppia', Barilla nº 5. En Bacaro, la marca comercial en la que confían es De Cecco. Las tres son de fácil adquisición.


Hace muchos años, en Turín, un amigo me recomendó una empresa que fabricaba unas pastas increíbles y dificilísimas de encontrar en las tiendas de paso. Las conseguí, las cociné y el resultado fue exactamente igual que con las convencionales.


Respeto por la pasta seca, ese ingrediente barato, versátil, que resiste largo tiempo en las alacenas, que viaja bien y que se sacrifica por el conjunto.


Stefano, ¿qué marca se  llevará el laurel?

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