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"Los muertos no son iguales y sus memorias no son las mismas"

MOHAMMED ABED / AFP

Unos niños palestinos juegan cerca de su casa en la franja de Gaza, el pasado 15 de mayo.

Alfonso PonsBarcelona

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Jueves, 6 de junio del 2019 - 06:45 h

Todo el mundo debería preguntarse y cuestionarse por qué el continuo bombardeo del diario de Anna Frank en todos los medios de comunicación en los últimos 50 años, incluyendo distintas versiones de la película, hecho este que muestra a lo que puede llegar la crueldad humana, no se ve correspondido con la atroz muerte de Aisha al Lulu, niña palestina de Gaza de cinco años. Hecho este ocurrido recientemente

Ninguno de sus padres pudieron acompañarla en tan dolorosa y cruel agonía por el simple hecho de que las autoridades de Israel no permitieron que ninguno de sus progenitores estuvieran presentes con su pequeña hija. Al padre, Israel le denegó el permiso de salir de la ratonera de Gaza. La madre ni siquiera recibió la autorización para obtener el carnet de identidad palestino.

La niña agonizó bajo estas circunstancias atendida por una mujer que se apiadó de dicho hecho y sin ningún vínculo familiar con la niña.

Sin embargo, según Israel, no todos los muertos son iguales. Solo hay que repasar las estadísticas de muertos civiles palestinos e israelíes para tener una idea de la diferencia abismal entre ambos bandos. Si se comparan las cifras de civiles menores de edad muertos, la comparación se hace mucho más odiosa. Para el ejército israelí, la matanza de civiles de Gaza, la mayoría menores de edad, en las distintas intifadas, es como cazar patos con la mayoría de los muertos por disparos a la cabeza o partes vitales de sus cuerpos. A ello solo pueden responderles con lanzamientos de "armas masivas", o sea piedras y quemas de neumáticos.

Evidentemente, la horrible muerte de Aisha no es comparable a la muerte de Anna. La primera es un hecho reciente. La segunda no deja de ser recordada de manera insistente a través de los años. La noticia de la muerte de Aisha solo ha sido mencionada de refilón, sin darle más importancia y ya olvidada por completo. Una simple incidencia.

Este es un hecho más que solo refleja la dura realidad. Los muertos no son iguales y sus memorias no son las mismas. Unos las reciben por largos años. Los otros pertenecen al mundo de las tinieblas. Aisha y Anna no son iguales. Ambas pertenecen a mundos distintos.

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